La Primera Guerra Mundial: La guerra llega a su fin (Parte V)

Reforzados por las tropas provenientes del frente este, los alemanes ponen todas sus fuerzas en su última ofensiva, nombrada por el General de Infantería Erich Ludendorff como Kaiserschlacht, nombre clave Michael, a partir de marzo de 1918, sobre el río Somme, en Flandes y en Champagne. Esta comenzó el 21 de marzo y se extendió hasta el 5 de abril, aunque con el final de esta los alemanes continuaron con una serie de cuatro ofensivas hasta el 17 de junio. Pero, mal alimentadas y cansadas, las tropas alemanas no pudieron resistir la contraofensiva de Foch y fallan frente al objetivo final: París, quedando a 120 km de la capital gala. El General Foch comanda sus tropas francesas y estadounidenses hacia la victoria, en la segunda batalla del Marne; los primeros tanques británicos entran en combate y la superioridad aérea aliada es evidente…

La Primera Guerra Mundial: La guerra llega a su fin

Parte V

Es el principio del fin para los Imperios Centrales. En los Balcanes, las tropas francesas atacan las líneas búlgaras en Macedonia. Después de pocos días de lucha, Bulgaria comprende que no puede hacerles frente y pide el armisticio. Turquía está al límite de sus fuerzas y no puede contener a los británicos que han tomado ya Jerusalén y Bagdad y avanzan hacia Anatolia; además la derrota búlgara compromete a Constantinopla. Franceses y británicos ocupan el Oriente Próximo e Irak y el Imperio Otomano también se rinde. El duelo entre italianos y austríacos está asimismo por resolverse. El General Díaz obedece la insistencia de su gobierno que necesita de una victoria en el frente alpino para poder negociar.

Los italianos derrotan a Austria-Hungría en Vittorio Veneto. Este hecho marcó el descalabro del ejército imperial, y la monarquía de los Habsburgo se hunde, incapaz de oponer nada al avance aliado por los Balcanes un 3 de noviembre. El Reich está en una situación desesperada ya que se ha quedado sin aliados, su población civil sufre draconianas restricciones, su ejército está al límite, sin reservas y desmoralizado. Ludendorff y Hindenburg son partidarios de la capitulación inmediata, pues creen que el frente se derrumbará en cualquier momento. Y en efecto eso ocurre, tropas estadounidenses de repuesto no paran de desembarcar e incluso Italia se prepara para enviar un contingente a Francia.

El 8 de agosto un ataque aliado finalmente cerca de Amiens tiene éxito y rompe el frente germano, los aliados acaban penetrando en Bélgica. El Alto Mando alemán pide al brazo político iniciar inmediatamente negociaciones de paz. Cunde la convicción de que la guerra está perdida. Wilson proclama que Estados Unidos sólo negociará con un gobierno alemán democrático. Los Hohenzollern tienen los días contados. Tras una revolución obrera en Berlín, el Káiser huye finalmente a Holanda; el gobierno de la nueva República alemana firma el armisticio de Rethondes el 11 de noviembre de 1918. La guerra termina al fin con la victoria de los Aliados, una guerra que para los alemanes será un desgarro en su conciencia nacional como pueblo exacerbado por los futuros tratados que dejaran Alemania en una situación de desagravio, uno de aquellos soldados que volvieron de la guerra, un cabo, no olvidará aquella dolorosa derrota, un soldado que tiempo atrás había quedado atrapado en un ataque de gas venenoso británico, cerca de Ypres, siendo trasladado a un hospital de campaña, donde quedó temporalmente ciego por causa de los gases tóxicos, un hombre que el 10 de noviembre ya se encontraba parcialmente recuperado en un hospital militar al noreste de Berlín, cuando fue informado que la monarquía había sido depuesta y que se había proclamado la República de Weimar. Cuando se enteró de que al día siguiente iba a firmarse un armisticio y que la guerra se había perdido, aquél soldado quedó ciego de nuevo, aquél cabo alemán se llamaba Adolf Hitler[1]

Enlace directo: La Primera Guerra Mundial: Las consecuencias de la guerra (Parte VI)

La Factoria Historica


[1]“Tal como estaba previsto, hay en el barrio una extrema penuria de harina y carne. Por consiguiente, la ración de pan queda fijada en 150 gramos por adulto y 75 por niño menor de diez años. Vosotros, panaderos, debéis elaborar una lista exacta de vuestros cliente, adultos y niño, que debéis controlar severamente. Para los carniceros, tomaréis en seguida las mismas disposiciones, la ración será de 75 gramos para los adultos y 47 gramos para los niños. Deberéis racionar según las instrucciones recibidas las legumbres y las patatas y recomendaréis rigurosamente que por economía no se pelen las patatas antes de cocerlas.” Texto dirigido por el subprefecto de Valenciennes (Francia) a los alcaldes de los barrios, enero 1917

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