Habermas

En la filosofía moderna nos encontramos con distintas corrientes como son la Neopositivista y analista, el Existencialismo y la Escuela de Frankfurt. Habermas nacido en Düsseldorf un18 de junio de 1929 se inserta dentro de esta última corriente. La escuela de Frankfurt surge a partir de los años 20 con la fundación de un Instituto de investigación social; éste pretendía realizar una reflexión sobre el hecho de que el progreso de la sociedad ha dado lugar a que el hombre se convierta en un ser oprimido y manipulado, sobre todo tras la crisis de valores en todos los ámbitos a raíz de la aplicación irracional de la ciencia y de la técnica en la 1ª Guerra Mundial. Alrededor de este instituto se reúnen intelectuales de diferentes sectores del saber Europeo con una serie de características comunes como son un interés teórico-práctico por el marxismo que se basa en un concepto de la filosofía que tiene como teoría una crítica de la sociedad, que más que una creación de sistemas filosóficos o meras descripciones de la realidad, se basa en un rechazo de la pura especulación filosófica, dedicándose al conocimiento de lo que ellos llaman el mundo de la vida, una oposición a los planteamientos de la escuela neopositivista lógica y una oposición al concepto de razón como razón ilustrada y a la idea de progreso que surge en el siglo XVIII…

Habermas

Nos encontramos con distintas etapas en la escuela de Frankfurt. Una primera etapa de formación sobre los años 20, unida a la revolución rusa, centrada sobre todo en el análisis del marxismo en la que los principales representantes de esta etapa son Horkheimer, Adorno y Marcuse. Hacia el período de entreguerras se produce una crisis de valores y es cuando aparecen los autores más importantes. En los años 60, como consecuencia de la 2ª Guerra Mundial y la llegada al totalitarismo y a la pérdida de libertad en los países que habían adoptado sistemas comunistas, se origina un movimiento social relacionado con los acontecimientos de Mayo del 68 en Francia y EEUU. Es en esta última época cuando resulta más representativa la figura de Habermas en la que podemos distinguir dos etapas en su filosofía como es el ingreso en la Escuela de Frankfurt en 1956. A esta época pertenece su obra “Conocimiento e interés”. Una segunda época donde desarrolla su “Teoría de la acción comunicativa” en la que sus obras más importantes son Cambio de estructura de la acción pública, Teoría y praxis: estudio socio-filosófico, Teoría analítica de la ciencia y dialéctica y Conocimiento e interés. Habermas plantea una crítica a la racionalidad ilustrada, o lo que es lo mismo, al concepto de progreso que habían planteado los autores ilustrados. Según ésta, la razón ha de guiar a la historia y de esta forma se expresa el progreso en avances tecnológicos y políticos; la modernidad se expresaría como ruptura de la tradición oscurantista tradicional y el triunfo de los ideales ilustrados.

Sin embargo, Habermas encuentra una contradicción que él denomina patología de la modernidad ya que mientras en Alemania había avanzado en el concepto de razón y en las aplicaciones científicas y técnicas, en cambio, habían sucumbido los ideales ilustrados de libertad, igualdad, dando lugar a los horrores de la guerra. De ahí que Habermas pretenda replantear una teoría de la racionalidad. Realiza un estudio sistemático e histórico de la razón, desde un plano crítico, en oposición al concepto positivista desarrollado por el neopositivismo lógico, representado por autores como B. Russell, A. J. Ayer, que sostiene que el único conocimiento de la realidad es el conocimiento científico basado en los hechos. Por otro lado, Habermas critica también las posturas de Marx, puesto que sus conceptos no son válidos para ser aplicados al análisis de la situación del s.XX, tras dos guerras mundiales, con importantes cambios económicos, sociales y la degeneración de muchos sistemas comunistas. En su obra “Conocimiento e interés”, parte de la idea teórico-práctica de que el conocimiento se guía y está estructurado por algún tipo de interés, entendiendo por interés “la orientación básica adscrita a determinadas condiciones fundamentales de la posible auto-reproducción y auto-constitución de la especie humana, o sea, al trabajo y a la interacción”. Distingue tres clases de intereses cognitivos como son el interés cognitivo técnico que está ligado al trabajo como dimensión de la existencia humana y al que se puede acceder por medio de las ciencias técnico-empíricas o analítico-empíricas. Hay que distinguir aquí entre técnico, derivado del griego techné que significa tipo de acción deliberada que se realiza cuando se fabrica algo, identificándose por tanto con la poiesis, y práctico, que proviene de la palabra praxis, relacionada según Aristóteles con el término lexis que significa “la forma distintiva de interacción humana que se realiza en la comunicación intersujetiva. En este tipo de ciencia el carácter fundamental es su capacidad de predicción, que no puede ser aplicada a los otros tipos de conocimiento que tienen unas características totalmente diferentes. El interés cognitivo práctico está ligado a la interacción, comunicación, simbólica como dimensión de la existencia humana, al que se accede por medio de las ciencias hermeneútica-históricas. Su regulación no viene dada por la observación, sino por la comprensión del sentido de la realidad, que Heidegger y Habermas denominan Verstehen. Es evidente que las reglas de la hermeneútica determinan los sentidos posibles de las llamadas ciencias del espíritu o ciencias de la cultura; pero presentan el problema de su historicismo ya que toda persona que interpreta la realidad desde un momento determinado está íntimamente condicionada por el entorno histórico en el que se encuentra, que en muchos casos le lleva al etnocentrismo, a considerar que su cultura es superior a las anteriores.

El interés cognitivo emancipatorio está ligado al poder como dimensión de la existencia humana. A dicho interés se accede por medio de las ciencias de acción, o sea, todas aquellas ciencias destinadas a alterar la sociedad, la historia o conseguir o destruir el poder, como la filosofía, la sociología, mediante estas conseguimos un planteamiento en el conocimiento realmente crítico y creativo que no nos permite los dos tipos anteriores. Habermas sostiene que este tipo de interés es una síntesis superadora de los dos anteriores. Gracias a éstas buscamos reglas y principios, por lo que conservamos métodos de la ciencia analítico empírica, que representen una interpretación histórica, conservando pues al mismo tiempo el carácter de las ciencias hermenéuticas. Pero no se quedan ahí; al ser una síntesis superadora, en el interés emancipatorio se funden los intereses técnicos y los intereses prácticos. Las ciencias técnicas presuponen y necesitan de este tipo de interés para avanzar, ya que si no hubiese una crítica continua sobre la ciencia esta no sería consciente de muchos de sus presupuestos falsos; del mismo modo las ciencias hermenéuticas también necesitan de la autorreflexión para mostrar su relativismo y su falta de objetividad. Habermas plantea estas nuevas ideas en un segundo período, en su obra “Teoría de la acción comunicativa”. Sostiene que: Los problemas filosóficos no pueden reducirse a la epistemología, es decir, al estudio de la razón. El interés emancipatorio, en contra de lo que había sostenido antes, no puede reducirse a los otros dos intereses. Elabora pues una nueva teoría en la que vuelve a los planteamientos de Kant, pero considerando varios desarrollos del conocimiento del s. XX, como la gramática generativa de Chomsky, la psicología cognitiva de Piaget y los estudios de Kohlberg como punto de referencia para interpretar a Kant. Lo que pretende demostrar con estos nuevos planteamientos es la posibilidad de una ciencia social crítica, a la vez que intenta realizar un análisis científico y crítico de la sociedad. Para Habermas la herencia de Kant se halla en lo que denomina ciencias reconstructivas, que son las que estudian la “gramática profunda” y las reglas del conocimiento preteórico. Estas ciencias reconstructivas tienen que diferenciarse de las ciencias analítico-empíricas, que suelen ser los paradigmas de las ciencias naturales contemporáneas. Habermas considera reconstructivas la psicología cognitiva de Piaget, la gramática generativa de Chomsky y la teoría de Kohlberg sobre las etapas del desarrollo moral. Habermas distingue en estas ciencias reconstructivas el hecho de que estudian una realidad estructurada simbólicamente; además, son comprobables experimentalmente.

Habermas pretende realizar una teoría de la acción comunicativa que se constituya en una ciencia reconstructiva, pero con una meta más ambiciosa que las de aquellas ya que su intención es “aislar, identificar y aclarar las condiciones que se requieren para la comunicación humana”; es decir, persigue una ciencia reconstructiva que domine a todas las demás y que por lo tanto investigue los presupuestos simbólicos de la comunicación humana en general. A esta nueva ciencia reconstructiva le llamará pragmática universal, basándose en la distinción de la semiótica en la sintaxis que es el estudio de la relación de los signos entre sí, la semántica que es el estudio de la relación entre los signos y su significado y la Pragmática que es el estudio de la relación de los signos con el hablante. Lo primero con que se encuentra Habermas es con el problema kantiano de la investigación transcendental sobre las condiciones universales del uso de la razón. La hipótesis de Kant era que estas condiciones son a priori, porque las generaba espontáneamente el entendimiento. Habermas rompe con esta tradición al afirmar que la investigación sobre las condiciones de racionalidad es empírica y está fundamentada en lo Habermas denomina competencia comunicativa intersujetiva, que quiere decir algo como las facultades o posibilidades de comunicación entre los seres humanos. Habermas cuando formula su teoría de la acción comunicativa se fundamenta en los planteamientos sobre la filosofía del lenguaje, y más concretamente, en la teoría de los actos del habla, al constatar que las interacciones comunicativas tienen un campo más amplio que los actos del habla expreso. Pero si enfocamos la comunicación desde la perspectiva del habla, podemos alcanzar una comprensión de los rasgos distintivos de la comunicación. Así nos encontramos con que un hablante y un oyente tienen como meta la comprensión mutua, renunciando a los fines egoístas del éxito o la imposición violenta. Esta “comprensión” de los hablantes en un “acuerdo” permite una confianza mutua y un conocimiento compartido. Así pues la acción comunicativa para Habermas sólo es posible sobre un fondo de consenso sobre los conceptos de verdad, veracidad, exactitud y comprensibilidad. Este es el ideal del discurso científico, en el que los conflictos se resuelven por argumentaciones no manipuladas ni coercitivas.

Habermas extiende estas nociones a las disputas prácticas, sean estas morales, legales o políticas, en las que también surgen de un modo implícito estas pretensiones universales que se establecen en las estructuras generales de la comunicación posible. Así llama proceso de racionalización a aquel mediante el cual se fijan y cambian los tipos de acción y de racionalidad discursiva en las instituciones sociales e históricas. La acción social puede darse de dos formas mediante una acción racional deliberada, la cual puede considerarse bajo dos aspectos como son la eficiencia empírica de los medios técnicos y la consistencia de la elección entre los medios adecuados, mediante una acción comunicativa, Hay que diferenciar entre ambas formas. Además “hay que estilpar aquellas relaciones de fuerza que están establecidas en las mismas estructuras de comunicación, y que evitan el establecimiento consciente de los conflictos y el acuerdo. La racionalización significa superar esta distorsión”. Habermas pretende explicar y demostrar que la teoría de la acción comunicativa y la teoría sociológica que explique los procesos sociales están relacionadas profundamente entre sí y no son dos procesos diferentes como cabría pensar, porque entre otras cosas ninguna teoría sociológica seria puede dejar de confrontarse con el problema de la racionalidad. Para probar esta afirmación sostiene que pensadores como Max Horkheimer y Adorno contribuyen a una teoría sociológica que tiene sus raíces en el entendimiento total de los procesos de racionalización.

Hay dos conceptos fundamentales que son estudiados por Habermas en la Teoría de la Acción Comunicativa  como son el concepto de sistema, unido al de estructura subyacente y determinante de la sociedad, minimizando la importancia de los factores sociales de los sujetos humanos que se consideran como simplemente dentro de un sistema total y el concepto de mundo vital, que otorga mayor importancia a la realidad individual, llegando a afirmarse desde esta perspectiva sociológica que el concepto de sistema es un invento inservible. En la actualidad se corre el peligro, según Habermas de que el mundo vital sea anulado por procesos de racionalización, es decir, que las personas sean eliminadas por los mecanismos de racionalidad, que la posibilidad de comunicación sea abolida por la racionalización sistemática. Al final, nos presenta en la teoría de la acción comunicativa la noción del filósofo como el guardián de la razón, que debe estar alerta para hacernos ver que la necesidad de incrementar la racionalidad comunicativa “se renueva con cada acto de comprensión libre, con cada momento de convivencia en solidaridad, con cada momento de individuación de éxito y de emancipación salvadora”…[1]

 

La Factoria Historica


[1] Historia y crítica de la opinión pública. Gustavo Gili, Barcelona, 1981. ISBN 978-84-252-2015-9; Teoría y práctica; Teoría y praxis. Estudios de filosofía social. Tecnos, Madrid, 1987. ISBN 978-84-309-1423-4;La lógica de las ciencias sociales. Tecnos, Madrid. ISBN 978-84-309-4522-1; Conocimiento e interés. Taurus, Madrid, 1981. ISBN 978-84-306-1163-8;Ciencia y técnica como ideología. Tecnos, Madrid, 1984. ISBN 978-84-309-4520-7; Perfiles filosófico-políticos. Taurus, Madrid, 1984. ISBN 84-306-1249-1; Problemas de legitimación en el capitalismo tardío. Amorrortu, Buenos Aires, 1975. ISBN 978-84-376-1753-4; La reconstrucción del materialismo histórico. Taurus, Madrid. ISBN 978-84-306-1190-4; Teoría de la acción comunicativa, 2 vols. Taurus, Madrid, 1987. ISBN 978-84-306-9952-0. Trotta, Madrid, 2010. ISBN 978-84-9879-072-6; Sobre Nietzsche y otros ensayos. Tecnos, Madrid. ISBN 978-84-309-0918-6; Conciencia moral y acción comunicativa. Península, Barcelona, 1985. ISBN 978-84-8164-993-2. Trotta, Madrid, 2008. ISBN 978-84-8164-993-2; Teoría de la acción comunicativa: Complementos y estudios previos. Cátedra, Madrid, 1989. ISBN 84-376-0860-0; El discurso filosófico de la modernidad. Taurus, Madrid, 1989. ISBN 84-306-1290-4. Katz Editores, Madrid, 2008. ISBN 978-84-96859-29-6;El pensamiento postmetafísico. Taurus, Madrid, 1990. ISBN 978-84-306-1300-7;  La necesidad de revisión de la izquierda. Tecnos, Madrid, 1991. ISBN 84-309-2102-8; Textos y contextos. Ariel, Barcelona, 1996. ISBN 978-84-344-8741-1;  Aclaraciones a la ética del discurso. Trotta, Madrid, 2000. ISBN 978-84-8164-378-7; Facticidad y validez. Trotta, Madrid, 1998. ISBN 978-84-8164-151-6; Más allá del Estado nacional. Trotta, Madrid, 1997. ISBN 978-84-8164-144; La inclusión del otro. Estudios de teoría política. Paidós, Barcelona, 1999. ISBN 978-84-493-0672-3; Fragmentos filosófico-teológicos. De la impresión sensible a la expresión simbólica. Trotta, Madrid, 1999. ISBN 978-84-8164-336-7; La constelación posnacional. Ensayos políticos. Paidós, Barcelona, 2000. ISBN 84-493-0841-0; (con John Rawls) Debate sobre el liberalismo político. Paidós, Barcelona. ISBN 978-84-493-0499-6;  Verdad y justificación. Trotta, Madrid, 2002. ISBN 978-84-8164-497-5; Israel o Atenas. Ensayos sobre religión, teología y racionalidad. Trotta, Madrid. ISBN 978-84-8164-440-1;  El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal?. Paidós, Barcelona, 2002. ISBN 978-84-493-1249-6; Tiempo de transiciones. Trotta, Madrid, 2004. ISBN 978-84-8164-708-2; Acción comunicativa y razón sin trascendencia. Paidós, Barcelona. ISBN 950-12-6756-3; El Occidente escindido. Trotta, Madrid, 2006. ISBN 978-84-8164-823-2; Entre naturalismo y religión. Paidós, Barcelona, 2006. ISBN 978-84-493-1941-9 (contiene la disputa con Ratzinger); (con Joseph Ratzinger) Dialéctica de la secularización. Sobre la razón y la religión. FCE, Madrid, 2006. ISBN 978-968-16-8604-8; (con Hilary Putnam) Normas y valores. Trotta, Madrid. ISBN 978-84-8164-992-5; El derecho internacional en la transición hacia un escenario posnacional. Katz Editores. ISBN 978-84-96859-29-6; ¡Ay, Europa!. Trotta, Madrid, 2009. ISBN 978-84-9879-037-5

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