Ortega y Gasset

Ortega y Gasset es uno de los filósofos más importantes de la filosofía española, junto con Unamuno. Representa una síntesis de las corrientes filosóficas del s XX y de los grandes movimientos filosóficos occidentales. Su filosofía posee un talante vitalista, al igual que Nietzsche o Dilthey, pero también está muy influido por filósofos neokantianos y por la corriente existencialista, fundamentalmente Heidegger. En este sentido, Ortega defiende el raciovitalismo o “filosofía de la razón vital” como él la definió, que supera al vitalismo en que es intelectualista. La mayor parte de la producción literaria de Ortega se encuentra en ensayos aparecidos originariamente como artículos en publicaciones periodísticas, o derivadas de conferencias y cursos; escribió también muchos prólogos. Aún los libros más extensos, a menudo fruto de retoques de aquellos materiales, constan de secciones más o menos independientes. Destacamos de Ortega y Gasset las siguientes obras: Historia como sistema, Verdad y perspectiva, En torno a Galileo, La idea de principio de Leibniz, ¿Qué es filosofía? y Lecciones de metafísica…

Ortega y Gasset

En la base de la concepción del mundo de Ortega y de su idea de filosofía hay una negación del supuesto fundamental del racionalismo europeo clásico como es que lo primario no es el pensamiento, sino la vida. Ortega sostiene que la razón que le ha sido concedida al hombre le sirve para captar las realidades que constituyen la vida y, por ello, es una razón vital, puesto que está en función y al servicio de la vida. La vida humana, nunca meramente biológica, es la realidad radical, no en el sentido de que sea creadora de las demás realidades, sino en el sentido de que en ella se encuentran todas. Las cosas tienen un sentido y un valor a afirmar por sí mismas; pero se las concibe como la totalidad de las situaciones que constituyen la vida circunstanciada de un hombre en el que “Yo soy: yo y mi circunstancia”. Además, su vida no es una circunstancia en el sentido del Yo idealista, sino un quehacer, un entretejimiento con las cosas de las que cada uno es responsable, porque siempre es necesariamente producto de la elección libre.

Para entender la noción orteguiana de realidad radical hemos de hablar de los distintos tipos de saberes que éste considera como es el saber lineal que son aquellos que se acumulan progresiva e históricamente, sin plantearse continuamente sus fundamentos. De esta forma funciona la ciencia. Otro tipo de saber es el saber circular que es aquel que siempre vuelve a los mismos problemas y a los mismos temas irresolubles. La filosofía constituye un saber circular, pues consiste en una continua búsqueda de soluciones a problemas en un intento de explicación de la naturaleza humana. Y es precisamente el hecho de que el hombre no tiene naturaleza lo que explica esa continua búsqueda por parte de la filosofía. Mientras los animales responden a las situaciones del medio ambiente mediante los instintos, el hombre ha de buscar esta acomodación; se encuentra perdido frente a su circunstancia y ante ella ha de crear sus creencias. La base sobre la que cada filosofía se sustenta es la realidad radical. Otra distinción orteguiana de máxima importancia es la que se establece entre ideas y creencias. Las creencias son todas aquellas cosas con las que contamos de una forma absoluta de manera inconsciente. Estamos tan seguros de que existen que no las cuestionamos; en todo momento nuestra vida está montada sobre un enorme repertorio de creencias. Las ideas son todos aquellos planteamientos que de manera consciente construimos precisamente porque no creemos en ella. Aparecen cuando nos encontramos ante situaciones de las que no poseemos ninguna creencia firme. Un gran números de creencias actúan sobre nosotros sin que nos demos cuenta de ello; sin embargo, las ideas sólo actúan y existen cuando las pensamos. Podemos decir que las creencias son viejas ideas que se han consolidado como creencias.

Por tanto, el hombre se encuentra en una situación de pérdida continua y ha de dar sentido a su existencia buscando continuamente ideas. En la época en la que Ortega elabora estas teorías existe una gran pérdida del sentido de la realidad, es el período de entreguerras, y la filosofía ha de crear un nuevo sentido, un nuevo significado de la realidad. En su caso es la concepción de la vida como realidad radical. Al igual que Nietzsche, parte de un concepto de verdad como perspectiva. Nunca podemos captar la realidad de una forma única, absoluta o definitiva, sino que siempre lo hacemos desde una circunstancia de carácter vital. La realidad nunca se nos muestra en su plenitud objetiva, sino en un proceso de cambio, y además el hombre añade algo a la realidad cuando la conoce, se integra en lo real. Esta fusión vida-conocimiento desde una determinada circunstancia supone un intento de superación histórica, o, en el lenguaje ortegiano, de razón histórica. Sin embargo, en la vida está también la razón; no en oposición dialéctica sino en necesaria coexistencia. Por eso, Ortega define su filosofía como “filosofía de la razón vital”, superación del racionalismo pero sin caer en el irracionalismo.

Mediante este nuevo concepto de verdad, Ortega pretende sintetizar y superar las grandes corrientes que han configurado la filosofía occidental: El pensamiento griego y la filosofía medieval. Lo único realmente verdadero, lo que realmente existe es el cosmos o la naturaleza, el SER. En esta concepción del mundo sólo existen las “cosas”, independientes del hombre. El pensamiento moderno, a partir de Descartes. La realidad radical, lo que realmente existe, no son las cosas sino las IDEAS, que dependen del sujeto. Es una filosofía idealista ya que sólo existe aquello que puede ser pensado por el sujeto. Su filosofía proviene de la influencia de posturas de diferentes filósofos como son el concepto de historia y razón histórica de Dilthey, los conceptos de vida y perspectiva de Nietzsche y La consideración de la vida como proyecto de Heidegger, a través de conceptos como el de la angustia o el quehacer en la vida de Dasein. Las principales características del raciovitalismo son pues, a modo de resumen que la vida es que hacer, proyecto, programa y aspiración. La finalidad es precisamente el desarrollo de la existencia del YO, que no será nunca completo. De ahí que la felicidad absoluta no exista y que la vida sea la vez felicidad e infelicidad. El hombre no se encuentra solo en la realidad, sino que tiene que existir en una circunstancia; esta circunstancia es producto de la historia. En el desarrollo de la vida humana hay que ser conscientes pues de los condicionamientos históricos. El hombre es en la medida que realiza proyectos y en la medida en que le ocurren cosas. El ser del hombre es desarrollo vital, donde se realiza su razón. Esta unión de la razón y de la vida es la culminación del raciovitalismo de Ortega. Ortega recopila en sus teorías los planteamientos de Kierkegaard, para el que la vida es elección libre de posibilidades, la negación y limitación de ciertos caminos, los cuales confluyen todos en la muerte. Heidegger, para el que el hombre es un ser para la muerte, en el que el propio hombre concreto se encuentra en la angustia, en la pérdida del sentido de la existencia y ante esta pérdida tiene que proyectar su propia vida. La vida humana no está hecha, el hombre tiene que determinar permanentemente lo que va a ser; por tanto, la vida es un qué hacer poético, es una faena histórica. Este que hacer histórico-poético lleva consigo la necesidad de elegir, porque nos encontramos con una serie de posibilidades ante las que forzosamente hemos de optar por ellas. Es una libertad “a la fuerza” en la que hay que elegir, aunque se elija mal. Pero esa elección humana ha de contar con un proyecto vital en la que la vida humana es, además de historia, proyecto de historia. Cuando éste falta la vida pierde todo sentido para él. Esta visión heracliteana de la vida y de la realidad humana deja bien claro que el hombre no tiene sustancia, sino que su sustancia es el propio cambio. La forzosidad de elegir del hombre en la vida nos adentra en el terreno de la moral, ya que al tener que elegir, se es libre y al ser libre se asume la acción hecha o elegida por nosotros, es decir, que se es responsable. La responsabilidad moral se especifica en las dos categorías morales de la autenticidad y la inautenticidad, relacionadas con la respuesta del hombre a su destino en la que se habla de vida auténtica cuando se permanece fiel al proyecto vital. Se habla de vida inauténtica cuando el hombre se pierde en la comodidad del anonimato, de la masa, cuando falsea su destino.

Otro aspecto derivado de la historicidad del hombre es el de la temporalidad, pero un tiempo no físico, sino vital, en la forma en la que se manifiesta en el ser. El hombre es heredero de su pasado, no como en el caso de los animales, que cada uno estrena y repite el modelo del anterior. Esta vida histórica del hombre, posee una estructura que la hace estudiable, que la convierte en historiografía; esa estructura es la de las generaciones. Para Ortega una generación es “una zona de 15 años durante la cual una cierta forma de vida fue vigente”. La afinidad entre los hombres de una misma generación “no procede tanto de ellos como de verse obligados a vivir en un mundo que tiene una forma determinada y única”. Hay que distinguir entre los contemporáneos y los coetáneos, según sean los que viven en el mismo tiempo o sean de la misma edad, respectivamente. Hay unas generaciones decisivas, que son las que hacen cambiar las épocas históricas, o mejor dicho, aquellas que viven el cambio entre las épocas de la historia. El hombre además de ser histórico es ser social. Pero la sociabilidad del hombre no es la vida del hombre sino algo que pasa en su vida. La vida del hombre es radical soledad, es sólo suya y la sociabilidad es convivencia. El sujeto de lo social no es nadie determinado, sino la gente. Ortega distingue dos formas de convivencia como son la interindividual que es la relación entre dos o más individuos como tales, que dan origen a afecciones como el amor, la amistad, en los que el individuo no sale de su individualidad, de su esencial carácter de persona y convivencia social que establece relaciones impersonales, no espontáneas ni responsables, como por ejemplo el saludo…[1]

La Factoria Historica


[1]Meditaciones del Quijote (1914);  Vieja y nueva política (1914); Investigaciones psicológicas (curso explicado entre 1915–1916 y publicado en 1982); Personas, obras, cosas (artículos y ensayos escritos entre 1904 y 1912: «Renan», «Adán en el Paraíso», «La pedagogía social como programa político», «Problemas culturales», etc.) (1916); El Espectador (8 tomos publicados entre 1916 y 1934); España invertebrada (1921); El tema de nuestro tiempo (1923); Las Atlántidas (1924); La deshumanización del arte e ideas sobre la novela (1925); Espíritu de la letra • Mirabeau o el político (1927, 1928–1929); ¿Qué es filosofía? (1928–29, curso publicado póstumamente en 1957); Kant (1929–31); ¿Qué es conocimiento? (publicado en 1984, recoge tres cursos explicados en 1929, 1930 y 1931, titulados, respectivamente: «Vida como ejecución (El ser ejecutivo)», «Sobre la realidad radical» y «¿Qué es la vida?»); La rebelión de las masas (1929); Rectificación de la República. La redención de las provincias y la decencia nacional (1931); Goethe desde dentro (1932); Viva la República (1933); Unas lecciones de metafísica (curso dado entre 1932 y 1933 y publicado en 1966); En torno a Galileo (curso explicado en 1933 del que se publicaron algunas lecciones en 1942 bajo el título Esquema de las crisis) (1933–1934); «Prólogo para alemanes» (prólogo a la tercera edición alemana de El tema de nuestro tiempo. El propio Ortega prohibió su publicación «por los sucesos de Múnich de 1934». Finalmente se publicó en español en 1958); Historia como sistema (1ª edición en inglés: 1935. La versión española es de 1941 e incluye su ensayo sobre «El Imperio romano»); Ensimismamiento y alteración. Meditación de la técnica (1939);  Ideas y creencias • Sobre la razón histórica (curso dado en Buenos Aires y publicado en 1979 junto a otro dado en Lisboa sobre el mismo asunto) (1940); Teoría de Andalucía y otros ensayos • Guillermo Dilthey y la idea de vida (1942); Sobre la razón histórica (curso dado en Lisboa, vid. supra) (1944); Idea del teatro. Una abreviatura (conferencia dada en Lisboa, abril, y en Madrid, mayo de 1946; publicada en 1958, aunque en el número 62 de la Revista Nacional de educación ofreció una versión de la pronunciada en Madrid); La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva (1947, pero publicado en 1958); Una interpretación de la historia universal. En torno a Toynbee (1948, pero publicado en 1960); Meditación de Europa (conferencia pronunciada en Berlín en 1949 con el título: «De Europa meditatio quaedam». Se publica en 1960 junto a otros textos inéditos afines); El hombre y la gente (curso explicado en 1949–1950 en el Instituto de Humanidades; se publica en 1957); Papeles sobre Velázquez y Goya (1950); Pasado y porvenir para el hombre actual (título publicado en 1962 que reúne una serie de conferencias que Ortega pronunció en Alemania, Suiza e Inglaterra en 1951–1954 y se publicaron junto a un «Comentario al Banquete» de Platón); Goya (1958); Velázquez (1959); Origen y epílogo de la filosofía (1960); La caza y los toros (1960); El origen deportivo del estado (1966)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s