La ilustración, un movimiento liberador

La Ilustración fue un movimiento ideológico, no solamente de carácter filosófico, sino cultural en el sentido amplio, que impregnó todas las actividades literarias, artísticas, históricas y religiosas. Se extiende y desarrolla durante el siglo XVIII, que suele denominarse “Siglo de la Ilustración” o “Siglo de las Luces“. Tiene lugar en la época de las revoluciones liberales y burguesas; supone una crítica realizada por las clases medias ante el antiguo régimen y una concepción liberal y tolerante en todos los órdenes…

La ilustración, un movimiento liberador

Los países en los que tuvo mayor fuerza y relieve fueron Inglaterra, donde se inició. Tuvo un carácter empirista-epistemológico, cultivó las ciencias de la naturaleza y cuestiones sobre la religión, en un espíritu de libertad y tolerancia, siendo los ilustrados ingleses más notables Newton, Boyle, Shaftesbury, Hutcheson y Mandeville. En Francia. Las tensiones más relevantes son de orden moral, de derecho, especialmente derecho político, y del progreso histórico; ilustrados franceses importantes fueron Bayle, Montesquieu, Voltaire, Condornet, Diderot, D’Alambert, Condillac y Rosseau. Alemania se centrará en cambio en un análisis de la razón, con la intención de encontrar un conjunto de principios que rijan el conocimiento de la naturaleza y orienten la acción moral y política del hombre, estando este pensamiento representado por Lessing, Wolff, Baumgarten y, sobre todo, Kant.

Portada de Elementos de la filosofía de Newton (1738), que Voltaire y Émilie du Châtelet publicaron con gran éxito. En ella, explicaron de forma sencilla los principios básicos de los descubrimientos de Newton en matemáticas, astronomía y óptica, haciendo accesible la nueva física para el público francés.

Enlace directo: La Revolución francesa

Surge el Iluminismo coincidiendo con la implantación política de la clase burguesa, frente al oscurantismo, un inmediato pasado caracterizado por la ignorancia del pueblo del que se han aprovechado los príncipes. La posición iluminista es atreverse a saber, a ser racional, ante una época de ignorancia de la que el propio hombre era culpable; es lo que Kant define como “salida del hombre de una minoría de edad debida a él mismo“. En este sentido tenemos manifiestos como el Lessing, padre de la Ilustración alemana, que afirma que preferiría el esfuerzo de encontrar la verdad a tenerla ya en sus manos, o de D’Alambert, que afirma que hay una osadía del espíritu y que ha de surgir una actividad humana, no con fines destructivos, sino de sustituir definitivamente la fe por la razón.

La obra más importante es “La Enciclopedia o Diccionario razonado de la ciencias, de las artes y de los oficios“. Las características del pensamiento pueden expresarse en la autolimitación rigurosa de la razón dentro de los límites de la experiencia, frente al innatismo y dogmatismo cartesiano. En este sentido la Ilustración supone una síntesis del racionalismo y el empirismo. Los planteamientos cartesianos por obra de Locke se reducen a los límites del hombre; la razón no puede prescindir de la experiencia ni puede extenderse más allá de los límites que la propia experiencia tiene. Se combinan pues los datos provenientes de la experiencia, generalizándolos por medio de la razón, pero sin ir más allá de lo comprobable experimentalmente. Esta autolimitación se concreta en el método de Newton que se basa en no admitir nada a priori, a partir de los propios hechos y a partir de éstos, buscar regularidades. La razón ilustrada busca abordar todo aspecto o dominio de la realidad, intentando extender la razón ilustrada al campo de la religión y de la política. La fe absoluta en la razón es la base del pensamiento ilustrado; se trata de luchar contra todo lo irracional, intentando eliminar cualquier mito.

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Jean-Jacques Rousseau

Defiende la Ilustración y realiza la tolerancia religiosa y la libertad política. Estos ideales exigen la revolución contra las instituciones feudales y los privilegios sociales y políticos. La razón es la fuerza a la que se tiene que apelar para la transformación del mundo humano y encaminarlo hacia la felicidad y la libertad, liberándolo de la esclavitud y de los prejuicios. A la razón se opone la tradición. Para los ilustrados, el hombre debe buscar sus modelos en la naturaleza, no como antes usaba la razón bajo la guía ajena a la propia razón. De ahí que el ilumisnismo sea crítico ante la convención y antitradicionalista. Hay una crítica a la revelación religiosa, a la que oponen la “religión natural“, aunque también aparece el ateísmo y el materialismo. También aparece un fuerte anticlericalismo. La razón en el mundo puede y debe promover el progreso. El concepto de una historia en que sea posible el progreso, aún a través de luchas y contrastes, es uno de los resultados fundamentales de la historia ilustrada. El progreso de la razón se encuentra limitado por los sentimientos y las pasiones, que se oponen a la obra liberadora de la razón, ya que apoyan y refuerzan la tradición. El descubrimiento del sentimiento y el análisis de las pasiones es otro de los resultados fundamentales del Iluminismo. El Iluminismo ilustrado mantiene el hedonismo en el que la finalidad del hombre en la vida es ser feliz, en el ámbito de la ética, así como el pragmatismo que es una doctrina que centra el problema de la verdad del conocimiento en la utilidad, la finalidad y la acción, y el liberalismo en el aspecto político. Otras tendencias ilustradas son la filantropía que es el amor hacia el género humano, especialmente empleando la actividad, o el capital en beneficio de éste, y el humanitarismo, la concepción del hombre por encima de cualquier otro valor.

Todos los temas del Iluminismo francés están tomados del inglés, excepto uno, el tema de la historia. La primera gran figura de los planteamientos históricos ilustrados es Pedro Bayle, 1647-1706, autor del “Diccionario histórico y crítico“. Es una colección de los errores cometidos a lo largo del pasado del hombre con el propósito de denunciarlos, que sirve más para destruir y formular dudas que para edificar. Sin embargo también tiene una conclusión positiva, que Bayle resume diciendo: “no hay nada más insensato de razonar contra los hechos“. Constituye una crítica ante la tradición filosófica en sus interpretaciones históricas, sobre todo en actitudes incoherentes y contradictorias en temas como el del mal, la providencia, la libertad o la gracia, en los que se recurre a Dios como explicación. Para Bayle hay que atenerse y ser fiel a los hechos históricos, por lo que es imprescindible la comprobación, es decir, llegar a las fuentes de todo testimonio, a analizarlas críticamente y a rechazar toda afirmación que parezca infundada o sospechosa. Se requiere una objetividad, atenerse a los hechos lo más fríamente posible, sin dejarse influir por el contexto histórico, o los propios intereses..

Bayle, sin embargo, no busca un orden histórico, una serie de principios que explique la historia. No ocurre así con Montesquieu, 1689-1755, para el que la historia tiene un orden que se manifiesta en leyes constantes. Concibe dichas leyes como la relación necesaria que se deriva de la naturaleza de las cosas; todo ser tiene su ley y, por tanto, también la tiene el hombre. Sin embargo, estas leyes a las cuales el hombre obedece no son necesarias, ya que como ser inteligente, viola continuamente las leyes que Dios ha establecido y cambia las que él mismo establece. Por tanto el hombre, al ser un ser limitado, es menester que sea dirigido. Montesquieu distingue tres tipos fundamentales de gobierno como son la República, cuyo principio es la virtud política, es decir, el amor a la patria y a la igualdad, la Monarquía, cuyo principio es el honor, es decir, el prejuicio personal o de clase y el Despotismo, cuyo principio es el temor.

David Hume, retrato de Allan Ramsay (1766)

Todo tipo de gobierno se concreta y articula en un conjunto de leyes específicas. Cuando falta a su principio, todo gobierno se corrompe, las leyes se convierten en malas y se revuelven contra el mismo Estado. El crecimiento o la decadencia de las naciones no son fruto del capricho o de la casualidad, sino que tienen sus causas, que son las leyes o principios de la misma historia. Pero estas leyes no tienen ninguna necesidad fatal, ya que están influidas por la libertad de la conducta humana. La libertad no es inherente a ningún tipo de gobierno, sino solamente de aquellos gobiernos que son moderados, es decir, aquellos en los que el poder encuentre límites que le impidan corromperse. El poder solo puede ser limitado por el poder. Es necesaria la división, en el Estado, en tres poderes, como son el legislativo, el ejecutivo y el judicial. La reunión de dos de estos poderes, anula la libertad del individuo o ciudadano porque hace posible el abuso de los mismos poderes.

Montesquieu fue quien resaltó las influencias físicas, como el clima, sobre las leyes, el temperamento y las costumbres de los pueblos. Sin embargo, no determinan al hombre sino que dependen de la reacción libre del propio hombre. Voltaire, 1694-1778, quiso dar una interpretación filosófica a la historia a través del concepto de progreso. Partiendo de las enseñanzas de Bayle, defiende una postura antitradicionalista y crítica, depurando los hechos históricos de las interpretaciones fanáticas. Pero Voltaire va más allá, expresa que es necesario escoger, de entre todos los hechos históricos aquellos que son más importantes y significativos, las costumbres, con el fin de diseñar una “historia del espíritu humano“. La finalidad de la historia es la de resaltar el renacimiento y progreso del espíritu humano, es decir, de los intentos de la razón humana para librarse de prejuicios y erigirse en la guía de la vida social del hombre.

La naturaleza humana permanece inmutable, pero las costumbres son variables, de ahí que Voltaire distinga a la naturaleza, única e inmutable y a la costumbre, variada y diferente. La naturaleza humana es la razón; la costumbre, en cambio, altera el descubrimiento de la razón. El progreso consiste en que las pasiones, donde radican los prejuicios y errores, sean dominadas por la razón. Roberto Turgot, 1727-1781, define por su parte la historia universal como la consideración de los progresos sucesivos, interrumpidos por frecuentes decadencias del género humano y el detalle de las causas o condiciones naturales o humanas que los han producido. Afirma que el progreso de la razón humana consiste, sobre todo en el desarrollo de las artes mecánicas, con las cuales el hombre consigue el dominio de la naturaleza, y en la liberación del despotismo. Pero el progreso se realiza por sí solo, es una fuerza que no hay que ayudar.

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Ilustración europea

Condorcet, 1743-1794, reformula en cambio las ideas de Voltaire y Turgot acerca de la historia de una forma más optimista: el género humano prevalece en los avatares de la historia, y lo único que cambia son las condiciones de su existencia. El progreso humano podrá ser más o menos rápido pero nunca retrocederá y llevará al hombre a la máxima felicidad posible. Condorcet estudió las etapas del progreso del hombre, desde la prehistoria, e hizo una previsión para estudiar los progresos futuros, que se reduce a tres puntos importantes como son la destrucción de la desigualdad entre las naciones, los progresos en la igualdad en un mismo pueblo y el perfeccionamiento real del hombre. Todos estos progresos se realizarán con el triunfo de la razón, que será plasmada en el avance tecnológico. Este avance tecnológico llevará, a su vez, a una prolongación indefinida de la vida orgánica del hombre. Resumiendo podemos decir que Bayle supuso la primera crítica a la tradición histórica y la adecuación a las fuentes históricas. La obra de Montesquieu esclareció dos conceptos importantes como era la presencia en la historia de un orden, debido a las leyes, el carácter no necesario de estas leyes, que si bien condicionan los acontecimientos históricos, no lo determinan. Voltaire, Turgot y Cordonet formularon otros dos conceptos que, juntamente con los anteriores, dan el cuadro que los ilumistas franceses se formaron de la historia: El orden de la historia es progresivo, aunque no necesariamente tal. El progreso de la historia consiste en el predominio cada vez mayor de la razón como guía de las actividades humanas…[1]

 

La Factoria Historica

 


[1]Guillebaud, Jean Claude (1995). La traición a la Ilustración. Manantial. ISBN 978-950-9515-96-3;  Munck, Thomas (2001). Historia social de la Ilustración. Editorial Crítica. ISBN 978-84-8432-218-4;  Compagnon, Antoine (2007). Los antimodernos. El Acantilado. ISBN 978-84-96489-79-0; Hazard, Paul (1991). El pensamiento europeo en el siglo XVIII. Alianza Editorial. ISBN 978-84-206-2434-1; Cassirer, Ernst (1993). La Filosofía de la Ilustración. Fondo de Cultura Económica de España. ISBN 978-84-375-0350-9; Valjavec, Fritz (1964). Historia de la Ilustración en Occidente. Ediciones Rialp. ISBN 978-84-321-0011-6; Wiese, Benno von (1979). La cultura de la Ilustración. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. ISBN 978-84-259-0623-7.

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