La autoexperiencia moral de Sócrates

Sobre la segunda mitad del s. V a. C. se empieza a producir en Grecia, sobre todo en Atenas, la llamada Ilustración Griega. Nos encontramos con el siguiente contexto histórico-social. De un lado nos encontramos Atenas, donde se desarrolla un proceso de democratización durante el poder de Solón, Temístocles y, sobre todo, Pericles. Esta democratización se fundamenta en dos principios, la Isonomia, o igualdad de todos ante la ley y la Isogoría, o igualdad de todos ante las urnas. Como órganos o instituciones de la vida democrática cabe distinguir el consejo de los 500, la Asamblea Popular y los Tribunales Populares. Nos encontramos dentro de la sociedad con diferentes grupos, los ciudadanos libres que constituyen en Atenas el 20%, con derecho al voto y al gobierno a través de alguna de las instituciones, los Metecos, otro 20%, libres pero sin derecho al voto y los esclavos, el 60% restante, sin derecho a libertad ni voto…

La autoexperiencia moral de Sócrates

En total constituyen unos 200.000 habitantes. De otro lado, en Esparta se erige un sistema aristocrático, en constante pugna contra Atenas para la consecución de la hegemonía en la península helénica. En este sentido se libra la Guerra del Peloponeso, por la que Esparta logra la hegemonía e imponer el sistema aristócrata. Dentro de este contexto surge la filosofía de los sofistas y Sócrates. Sofistas significa literalmente sabios y era el título que se daban a sí mismo un conjunto de pensadores que florecen en la segunda mitad del s. V y que tienen en común dos características como son que incluyen disciplinas humanísticas entre sus enseñanzas, retórica, derecho, moral, política, útiles para el ejercicio del poder, puesto que sus enseñanzas estaban orientadas normalmente a hijos de comerciantes ricos.

Imagen relacionada

Son los primeros profesionales de la enseñanza, nos encontramos, con ellos, ante dos principios básicos en su filosofía como es el escepticismo, la verdad absoluta no existe, y el relativismo, aunque la verdad exista, no podría ser conocida, cuyos principales representantes son Gorgias de Leontini y Protágoras de Abdera, respectivamente, en la que se niega la validez del lenguaje o la palabra para llegar a la verdad. Como causas de su aparición podemos destacar la visión externa de la filosofía desde los Milesios donde se muestra un panorama desconcertante y contradictorio: el movimiento frente a la esteticidad, la unidad frente a la multiplicidad. Se llega a la idea de que lo más probable es que estas teorías sean falsas, y que una nueva teoría no tiene porqué ser verdadera, conduciéndoles al escepticismo por una propia evolución interna de la filosofía presocrática, por ejemplo, las teorías de Demócrito llegan a puntos que no se pueden rebasar: no podemos predecir las combinaciones de los átomos, los cuerpos resultantes.

Protágoras, sofista griego, en su escrito «Sobre la verdad» expresa su principio «El hombre es la medida de todas las cosas», aserción que lo sitúa en el origen del relativismo subjetivista manifestado también en su afirmación acerca de la imposibilidad de conseguir una verdad universal y absoluta para todos los hombres. Los razonamientos de Gorgias, englobados en los llamados sofismas (razonamientos que parten de una idea y de su contraria, por lo que forzosamente han de ser verdaderos), le llevan a la conclusión de que la verdad no existe, pero que si existiera no podría ser comunicada por medio del lenguaje ya que este carece de validez para encontrar la verdad. Según Gorgias, a partir de conceptos de Parménides, si una palabra es un ser, no puede representar a algo que no es ella misma, a un no ser. Así mismo, si es un no ser y representa a algo que no es ella misma no tiene valor de verdad. Por tanto, la palabra no puede llevar a la verdad, y como es el único instrumento que tiene el hombre para conseguirla, definitivamente no podemos llegar a la verdad. Del mismo modo, si partimos del dinamismo de Heráclito, nos encontramos con que todo cambia continuamente, los significados varían y por tanto las palabras no tendrán valor de verdad. Así Gorgias atribuye únicamente a la palabra un valor de convencer, de engañar, un valor puramente retórico. Estos planteamientos engañosos, los sofismas, son los que se encuentra Sócrates, en griego, Σωκράτης, Sōkrátēs, nacido en el 470 y fallecido debido a la ingestión de una solución en base a la cicuta en el año 399 a. C, del que no tenemos ningún libro pero que conocemos a través de Platón, su discípulo en cuyos diálogos representa. Nació Sócrates en Atenas, donde vivió durante los dos últimos tercios del siglo V a. C., la época más espléndida en la historia de su ciudad natal, y de toda la antigua Grecia. Fue hijo de Sofronisco, motivo por el que en su juventud lo llamaban Sōkrátēs iōs Sōfronískos, ‘Sócrates hijo de Sofronisco’, de profesión cantero, y de Fainarate, comadrona, emparentados con Arístides el Justo. Según Plutarco, cuando Sócrates nació su padre recibió del oráculo el consejo de dejar crecer a su hijo a su aire, sin oponerse a su voluntad ni reprimirle sus impulsos. No obstante, ni Jenofonte ni Platón mencionan esta intervención del oráculo, lo que hace pensar que pueda ser una tradición popular muy posterior. Desde muy joven, llamó la atención de los que lo rodeaban por la agudeza de sus razonamientos y su facilidad de palabra, además de la fina ironía con la que salpicaba sus tertulias con los ciudadanos jóvenes aristocráticos de Atenas, a quienes les preguntaba sobre su confianza en opiniones populares, aunque muy a menudo él no les ofrecía ninguna enseñanza….

Resultado de imagen de platon

Fundamenta Sócrates su filosofía en la búsqueda de principios que guíen al hombre, fundando el intelectualismo moral, que influirá en toda la filosofía occidental. A pesar de surgir en la época de los Sofistas presenta unos planteamientos distintos a ellos ya que no cobraba por sus enseñanzas, no le gustaba hacer largos discursos como los Sofistas, sino diálogos, ya que éstos admiten cuestiones, observaciones y no cree en el escepticismo ni en el relativismo, sino que persigue el ya nombrado intelectualismo moral. La obra de Sócrates se reduce a dos aspectos en el que crítica al relativismo moral sofista. Para hacer frente al relativismo, la palabra no tiene valor de verdad, Sócrates afirma que la palabra o el lenguaje no significan cosas concretas o determinadas, sino que se refieren a un concepto universal, no a cosas existentes. Es muy importante, pues es la primera vez que aparece el concepto de lo universal. Por tanto, la justicia, la virtud, no tienen sentido pleno al no reducirse la palabra a cosas concretas. Sócrates crea además el intelectualismo moral. Si ya había negado el escepticismo y el relativismo, Sócrates tiene que introducir una nueva forma de entender la verdad. Afirma que sin el conocimiento no existe la virtud, solamente el que sabe es justo. Como explicar entonces el hecho de que en ocasiones el ignorante actúe rectamente, con justicia, mientras que el sabio no. Para Sócrates existen dos tipos de conocimiento en las que de estas formas de conocimiento Sócrates sostiene que la más importante que tiene el hombre es la Poiesis, ya que le permite producir, crear. La felicidad para Sócrates surge cuando podemos realizar la virtud, la justicia, y para alcanzarla necesitamos conocerla. El método Socrático para llegar al conocimiento es la mayéutica, arte de alumbrar espíritus. Distinguimos, la ironía en la que mediante una serie de preguntas confunde al interlocutor, le lleva a la contradicción y le conduce a aceptar su ignorancia, «Sólo sé que no sé nada», y después de aceptada su ignorancia, hace descubrir al interlocutor las verdades que lleva en sí. Les insta para que piensen y generen los conceptos morales universales, y, por tanto, válidos para todos…[1]

La Factoria Historica

______________________

[1] Apuleyo, Lucio (1984). La metamorfosis o El asno de oro; Las floridas; El demonio de Sócrates. Barcelona: Omega. ISBN 978-84-7082-261; Aristófanes (2002). Las nubes. Madrid: Ediciones Clásicas. ISBN 978-84-7882-489-2; Aristóteles (1988/2005). Obras completas. Madrid: Gredos; Jenofonte (1993). Recuerdos de Sócrates; Económico; Banquete; Apología de Sócrates. Madrid: Gredos. ISBN 978-84-249-1619-0; Máximo de Tiro (2005). Disertaciones filosóficas. Volumen I. Disertaciones I-XVII: disertación III: Si Sócrates hizo bien en no defenderse, disertación VIII: Sobre el demonio de Sócrates I, y disertación IX: Sobre el demon de Sócrates II. Madrid: Gredos. ISBN 978-84-249-2748-6; Disertaciones filosóficas. Volumen II. Disertaciones XVIII- XLI: disertación XVIII: Sobre el arte amatoria de Sócrates, disertación XIX: Sigue sobre el amor, II, disertación XX: Sigue sobre el arte amatoria de Sócrates, III, y disertación XXI: Sobre el amor, IV. Madrid: Gredos. ISBN 978-84-249-2750-9; Platón (2003). Diálogos. Obra completa. Madrid: Gredos. ISBN 978-84-249-1487-5; Plutarco (1996). Obras morales y de costumbres (Moralia). Volumen VIII: Sobre el amor a la riqueza; Sobre la falsa vergüenza; Sobre la envidia y el odio; De cómo alabarse sin despertar envidia; De la tardanza de la divinidad en castigar; Sobre el hado; Sobre el demon de Sócrates; Sobre el destierro; Escrito de consolación a su mujer. Madrid: Gredos. ISBN 978-84-249-1804-0; Guthrie, William Keith Chambers (1994). Historia de la Filosofía griega; Volumen III: Siglo V. Ilustración. Madrid: Gredos. ISBN 978-84-249-1268-0.

Un comentario en “La autoexperiencia moral de Sócrates

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s