Revolución Francesa – Parte IV: La Revolución Democratica‏

Aunque el rey había aceptado la Constitución, después de Varennes, a pesar de las promesas que había hecho, siguió conspirando para recuperar su poder. Sin embargo no era el único, al mismo que el rey intentaba acabar con la revolución, muchos nobles franceses continuaron exiliándose y conspirando con los enemigos de la revolución. Además a ellos se sumaba una contrarrevolución interna. Contra todo esto la revolución tomará un proceso de radicalización.

Revolución Francesa – Parte IV: La Revolución Democratica‏

Por Uriel Nicolás Fernández

En este proceso aparecerá un grupo que hasta el momento había permanecido en la oscuridad y a merced de la clase dominante: Los Sans Culotte. Estos habían esperado mucho de la revolución iniciada en 1789, pero, en gran mayoría, sus esperanzas no se habían cumplido completamente. Los precios seguían en alza, las deudas aumentaban, el hambre de tierra no se había solucionado. Además de todo esto, la revolución en la cual habían confiado y creído, se había cerrado con un saldo negativo para sus derechos políticos. Una vez confirmada la traición del rey, la Asamblea Nacional tendrá que rendirse a la insurrección y el monarca será encarcelado. Además se convocara a una nueva Asamblea, la cual tomara el nombre de Convención y será elegida por el sufragio universal, tomando como votantes a los hombres con propiedades mayores de 25 años de edad. La insurrección había sido de gran violencia: Varias bandas armadas entraron en las prisiones de la ciudad ejecutando entre unas 1100 y 1400 personas. No se sabe bien cuál fue el motivo de esta matanza, sin embargo se cree que se debió al miedo contrarrevolucionario que existía en el ambiente; aunque también se plantea a posibilidad de que el verdadero motivo se la sospecha de traidores a la revolución y aliados a las naciones absolutistas que atacaban a Francia. Poco después de estos hechos, el general Dumouriez vencía a los prusianos en la batalla de Valm, que supuso un respiro para la asfixiada revolución.

Una vez formada la nueva República, el poder legislativo estuvo a cargo de La Convención, mientras que el poder ejecutivo recayó sobre el Comité de Salvación Nacional. A fines de septiembre se reunía la Convención Nacional, estaba compuesta por 750 miembros entre los que se destacaban tres grandes grupos o facciones: Una gran masa de diputados independientes, conocidos como la llanura o el pantano; los girondinos, dirigidos aun por Brissot; y los del grupo de la Montaña, en donde se encontraban los jacobinos. La primera fase de la Convención estuvo marcada por un fuerte enfrentamiento entre los girondinos y la montaña, que concluyó con una nueva insurrección en 1793, que depurará los girondinos. Una de las primeras decisiones de la Convención fue la supresión de la Monarquía, aunque se dejó para más adelante la proclamación de la República. El carácter radical de esta nueva fase puede observarse en el establecimiento de un nuevo calendario republicano (Más adelante hablaremos de esto), y se cambiará el nombre tradicional de los meses por otros que hacen referencia a circunstancias meteorológicas o a típicas labores agrícolas.

La Ejecución de Luís XVI

La girola y la montaña se enfrentaron por el procesamiento del monarca. La cuestión era delicada: ¿valía con condenarle a prisión?, o en cambio ¿había que ejecutarle?. Los girondinos opinaban que se debía mantener al rey prisionero hasta que finalizase la guerra, pero para los jacobinos era la oportunidad de dar un castigo ejemplar a las monarquías europeas ejecutando a Luís XVI. Lamentablemente para la suerte del rey, la solución se decantaría por su condena a muerte, tras haberse descubierto documentos que implicaban al rey en la actividad contrarrevolucionaria. El 17 de enero de 1793, la Convención condenó al rey a muerte por una pequeña mayoría, acusándolo de «conspiración contra la libertad pública y la seguridad general del Estado». El 21 de enero el rey fue guillotinado, lo cual encendió nuevamente la mecha de la guerra con otros países europeos. La reina María Antonieta, nacida en Austria y hermana del Emperador, fue ejecutada el 16 de octubre del mismo año, iniciándose así una revolución en Austria para sustituir a la reina. Esto provocó la ruptura de toda relación entre ambos países.

Los Jacobinos Toman el Poder

Llegando al fin de la segundad etapa llega el momento de hablar del momento más oscuro de la Revolución Francesa: El Reino del Terror de los jacobinos. En marzo de 1793 las cosas comienzan a empeorar para Francia y los ejércitos franceses comienzan a volver a ser derrotado, incluso el propio Dumouriez se suma al ejército enemigo. La presión a la que empezaba a estar sometida la revolución hizo que se empezaran a tomar las primeras medidas extraordinarias. Además se creara un tribunal revolucionario y varios comités. La primavera de 1793 fue de una gran dificultad para la Convención, en especial para los girondinos. Las malas cosechas hicieron que los precios aumentaran y la situación económica seguía empeorando, lo cual dio origen a revueltas de las clases más pobres. Los llamados sans-culottes expresaron su descontento por el hecho de que la Revolución Francesa no sólo no estaba satisfaciendo los intereses de las clases bajas sino que incluso algunas medidas liberales causaban un enorme perjuicio a éstas (libertad de precios, libertad de contratación, Ley de Chapelier, etc.). Al mismo tiempo se comenzaron a gestar luchas antirrevolucionarias en diversas regiones de Francia. El levantamiento popular en la Vandea, fue especialmente significativo: campesinos y aldeanos se alzaron por el rey y las tradiciones católicas, provocando la llamada Guerra de Vandea, reprimida tan cruentamente por las autoridades revolucionarias parisinas que se ha llegado a calificar de genocidio. Por otra parte, la guerra exterior amenazaba con destruir la Revolución y la República.

Mientras en los clubes y en las calles se decía que la revolución debía ir más lejos. Un nuevo movimiento de los Sans Coulottes exigía que la Convención sea depurada. Esa sublevación tiene lugar el 10 de marzo de 1793, iniciada por un grupo de revolucionaria conocido como los Tranques, que eral grupo más cercano a los Sans Coulottes, y posiblemente el único grupo que les apoyaba verdaderamente. El grupo de la montaña no les apoyará ya que tenían un gran temor a que el proceso revolucionario recayera en manos que no fueran las suyas propias, e incluso los jacobinos temerán que ellos también fueran depurados al igual que los girondinos. Pero sin embargo, un mes después de todo esto, la montaña se encontraba en disposición de dirigir el movimiento. El 1 de junio se produce la purga de la Convención, y varios diputados y ministros girondinos son depurados. La montaña, dominada por los jacobinos, había conseguido hacerse con el control de la Convención.

Comienza El Reino del Terror

Con los jacobinos en el poder se inició la elaboración de una nueva constitución, la del año 1793. Esta nueva constitución se proponía establecer una democracia más amplia que la anterior, pues, además de incluir el sufragio universal masculino, incluía los derechos sociales, tales como la educación o el trabajo y la protección del dinero de los más pobres. La nueva constitución fue aprobada ese mismo año, pero nunca llego a entrar en vigencia, debido a que su aplicación se pospuso para el final de la guerra y, como veremos, los jacobinos no llegaron a mantenerse en el poder hasta entonces.

Además a finales de 1793 acabaron fijando máximos para el pan, junto con un conjunto de bienes y servicios que se consideraban esenciales, a la vez que subían los salarios en torno al 20%. Los Sans Coulottes veían por primera vez beneficios reales y visibles. Las medidas económicas fueron dando resultado, ya que se logró controlar más o menos la infracción, la especulación, y la moneda se iba recuperando, todo a pesar de estar en guerra. Al mismo tiempo en julio de 1793 se canceló la deuda que los campesinos habían contraído con sus antiguos señores, eliminando el último golpe del feudalismo. Incluso se barajaron ideas más radicales pero que no llegaron a aprobarse, como la de confiscar las propiedades ya confiscadas y repartirlas entre los campesinos pobres. Parecia que en Francia todo mejoraba y para bien, sin embargo, los acontecimientos siguientes a la depuración, tales como el empeño de los reyes europeos en castigar la ejecución de Luís XVI o los hechos violentos que se vivía en toda Francia (como el asesinato de Marat, una de las figuras jacobinas) conducirán a que la Convención le otorgue poderes especiales a los llamados “Comités”, como el Comité de Salvación Pública, dirigido por Robespierre, que, desde entonces gobernaron Francia de forma dictatorial, dando paso al llamado reino del terror.

El fin de la Segunda Etapa

El 10 de octubre de 1783 se instaurara un gobierno revolucionario, formado por dos comités con poderes extraordinarios: El comité de Seguridad pública, del cual dependía la seguridad interna del país y a cuyas órdenes se encontraba el Tribunal revolucionario; y el comité de Salvación Pública, quien se encargaba del poder ejecutivo. Esta centralización del poder se hizo en reprimenda de otros poderes como el de las comunas y departamentos. Desde el primer momento este nuevo gobierno se encontrará atacado por dos oposiciones. Una proveniente de la derecha, y liderada por Danton, y otra de la izquierda, cuyo representante era Hèbert. Danton era uno de los líderes de la revolución, había formado parte del Comité de Salud Pública, aunque tras un reajuste fue expulsado, y se retiró al campo, pero algunos le pidieron que volviera a la vida política. Danton tomó como objetivo restaurar las autoridades locales, desmantelar el régimen de terror impuesto, liberar la economía, y negociar la paz con las potencias europeas. Por su parte Hèbert era un artesano sin oficio fijo que defendía todo lo contrario a Danton. Pedía que se prosiguiera la guerra, y que aumentaran las ejecuciones, así como que se iniciara una campaña contra el clero. Existía también una tercera oposición, la de los Sans Coulottes. Éstos habían tenido una importante mayoría en los comités locales, y ahora ven que se les estaba quitando el poder de las manos, debido a la centralización del gobierno revolucionario. Los Saint Culotes no podían soportar que el destino del país estuviera en tan solo dos comités. Además defendían que la fiscalización de la economía debía ser permanente, y no solo durante el tiempo que alguien lo creyera necesario. La unión del pueblo con los burgueses era cada vez más frágil. Tanto el movimiento de Hèbert como de Danton empezarán a preocupar seriamente a los comités, y ninguno tendrá un final feliz, ambos serán detenidos y condenados a muerte. Su guillotización no provoco más que alguna inquietud o molestia por parte de algunos miembros de la Convención o del pueblo. Pero lo que si tomaría relevancia y se hará evidente será la falla entre los Saint Culotes y los jacobinos.

Robespierre y el Comité se encontrarán problemas en la Convención. Las relaciones entre gobierno y la Convención empezarán a quebrarse tras la aprobación del decreto del 10 de junio de 1794, por el cual se aceleraban los juicios del tribunal revolucionario, dando lugar al llamado Gran Terror. Durante esta etapa dictatorial de la República, la utilización de la violencia política contra los considerados enemigos de la revolución se convertirá en algo constante. Los juicios irregulares por parte de los tribunales revolucionarios terminaban frecuentemente con condenas a muerte (se habla de más de 40.000 ejecuciones en unos pocos meses). Durante esta etapa la violencia política se convirtió en algo común pues los comités se mantuvieron en el poder eliminando de forma sistemática a sus rivales con la excusa de que la revolución peligraba ante las conspiraciones de nobles y eclesiásticos apoyados por las monarquías absolutas europeas. Mientras tanto, fuera de Francia la guerra continuaba, y a finales de 1793 se confirma que lo sucedido en Valmy no era un espejismo: los ejércitos extranjeros eran expulsados, e incluso las tropas revolucionarias se lograron hacerse con el control de Bélgica y zonas de Alemania. Legado el año 1794 Robespierre conseguirá eliminar a los principales dirigentes de los sans-culottes y de hecho, durante algunos meses, el gobierno de Francia se convertirá en una dictadura personal.

A mediados de 1794 parecía que la guerra ya estaba encauzada, por lo que ya no tenía sentido un gobierno revolucionario y el régimen de terror. Por si fuera poco se le suma otras tensiones, ahora habrá un enfrentamiento entre los dos Comités, que se verá claramente cuando el comité de Defensa cree un departamento de policía para perseguir los delitos revolucionarios. El Comité de Seguridad cree que eso es función suya, y se vengará, dejando los meses de junio y julio que los cadáveres de los ejecutados se apilaran en las carreteras. Por si fuera poco, crecerán problemas internos en el Comité de Salvación Pública, ya que había miembros que estaban inclinados hacia unas tesis más moderadas, pero otros en cambio querían radicalizar la situación. Esta situación terminará cuando los enemigos (de todas las tendencias políticas) de Robespierre, unidos por el miedo a ser eliminados, actúen finalmente contra él. Irónicamente Maximilien Robespierre que utilizó la guillotina como método de castigo a sus opositores, finalmente será guillotinado, y con su muerte llega el fin de la etapa más radical de la revolución francesa.

Enlace directo : Revolución Francesa – Parte III: Las Guerras Revolucionarias Francesas‏

La Factoria Historica

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Calatrava Escobar, Juan: Estudios sobre la Revolución Francesa y el final del Antiguo Régimen. Tres Cantos: Akal, 1980. ISBN 978-84-7339-504-5; Chartier, Roger: Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII. Los orígenes culturales de la Revolución Francesa. Barcelona: Editorial Gedisa, 1995. ISBN 978-84-7432-509-6; Cobban, Alfred: La interpretación social de la revolución francesa. Madrid: Narcea de Ediciones, 1971. ISBN 978-84-277-0003-1; Furet, François: La revolución a debate. Madrid: Encuentro, 2000. ISBN 978-84-7490-558-8; Kropotkin, Piotr: Historia de la Revolución Francesa; Reichardt, Rolf E.: La Revolución Francesa y la cultura democrática: la sangre de la libertad. Madrid: Siglo XXI, 2002. ISBN 978-84-323-1081-2; Soboul, Albert: La Francia de Napoleón. Barcelona. Crítica. 1993. ISBN 978-84-7423-564-7Soboul, Albert: La revolución francesa. Vilassar de Mar: Oikos-Tau, 1981. ISBN 978-84-281-0485-2Vovelle, Michel: Introducción a la historia de la Revolución Francesa. Barcelona: Editorial Crítica, 2000. ISBN 84-8432-086-3

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