Revolución Francesa – Parte II: La Revolución Liberal Continua‏

Para enfrentar esta crisis económica que amenazaba con acabar con el poder de Luís XVI, la nobleza exigió que se llamara a Estados Generales, para el tratamiento de una ley de impuestos. Los Estados Generales estaban formados por los representantes de cada estamento. Estos estaban separados a la hora de deliberar y tenían sólo un voto por estamento. La convocatoria fue un motivo de preocupación para la oposición, por cuanto existía la creencia de que no era otra cosa que un intento, por parte de la monarquía, de manipular la asamblea a su antojo. La cuestión que se planteaba era importante. Estaba en juego la idea de Soberanía Nacional, es decir, admitir que el conjunto de los diputados de los Estados Generales representaba la voluntad de la nación…

Revolución Francesa – Parte II: La Revolución Liberal Continua‏

Por Uriel Nicolás Fernández

La convocatoria a Estados Generales provocó un gran tumulto político, principalmente por la determinación del sistema de votación. El Parlamento de París propuso que se mantuviera el sistema de votación que se había usado en 1614 (última vez que se había convocado a los Estados Generales a sesionar), sin embargo los magistrados no estaban muy seguros de cuál había sido en realidad dicho sistema. Sí se sabía que dicha asamblea habían estado representados la nobleza (Primer Estado), el clero (Segundo Estado) y la burguesía (Tercer Estado), los tres con la misma cantidad de representantes. Al saberse esto, un grupo de liberales parisinos denominado “Comité de los Treinta”, compuesto principalmente de por nobles, comenzó a protestar, reclamando que se duplicara el número de asambleístas con derecho a voto del Tercer Estado, debido a que estos eran los que representaban a la mayor parte del pueblo.

Al mismo tiempo que por toda Francia cada provincia elegía a sus representantes, el rey decido darle la posibilidad al pueblo de que diera sus ideas a través de los llamados Cuadernos de Quejas (en francés “cahiers de doléances”), estas ideas debían ser traspasadas al rey por cada uno de los diputados correspondientes. Además de estos cuadernos, Francia se vio inundada de panfletos de carácter político que representaban las opiniones del pueblo. Por su parte, el gobierno aceptó la propuesta del “Comité de los Treinta” al modificar el número de los representantes del Tercer Estado, sin embargo dejó a la Asamblea la labor de determinar el derecho de voto. Esta situación fue la que arma el mayor tumulto.

Por un lado estaban los miembros del Tercer Estado, que pedían una reunión conjunta de los tres estamentos y que se votase individualmente, es decir un voto por cabeza. Por el orto lado, los estamentos privilegiados (La nobleza y el clero) querían una reunión en cámaras separadas y que cada grupo dispusiese de un único voto. En esta situación la burguesía tomo el control de la situación llamando a sesionar a una Asamblea Nacional y declarándose como únicos integrantes de la misma.

La Asamblea Nacional y el comienzo de la Revolución

Una vez consolidada, la primera medida de la Asamblea fue votar la «Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano». Si bien invitaron a los miembros del Primer y Segundo Estado a participar en esta de la creación de dicha declaración, dejaron en claro sus intenciones de proceder incluso sin esta participación. La monarquía, opuesta a la Asamblea, cerró las salas donde ésta se estaba reuniendo. Los asambleístas se mudaron a un edificio cercano, donde la aristocracia acostumbraba a jugar el juego de la pelota, conocido como Jeu de paume. Allí es donde procedieron con lo que se conoce como el «Juramento del Juego de la pelota» prometiendo no separarse hasta tanto dieran a Francia una nueva constitución. La mayoría de los representantes del clero se unieron a la Asamblea, al igual que 47 miembros de la nobleza.El 9 de julio la Asamblea se nombró a sí misma «Asamblea Nacional Constituyente». Esta ponía la Revolución en manos de los sectores moderados, los girondinos. Con ella Francia dejó de ser una monarquía absoluta y se organizó como una monarquía de carácter limitado y constitucional.

El Apoyo del Pueblo: La toma de la Bastilla y el Gran Miedo

El 14 de julio el pueblo de París respaldó en las calles a sus representantes y, ante el temor de que las tropas reales los detuvieran, asaltaron la fortaleza de la Bastilla, símbolo del absolutismo monárquico pero también punto estratégico del plan de represión de Luis XVI, pues sus cañones apuntaban a los barrios obreros. Tras cuatro horas de combate, los insurgentes tomaron la prisión, matando a su gobernador, el Marqués Bernard de Launay. Si bien sólo cuatro presos fueron liberados, la Bastilla se convirtió en un potente símbolo de todo lo que resultaba despreciable en el antiguo régimen. La Revolución se fue extendiendo por ciudades y pueblos, creándose nuevos ayuntamientos que no reconocían otra autoridad que la Asamblea Nacional Constituyente. Los campesinos dejaron de pagar impuestos y destruyeron castillos y todo lo que simbolizara al feudalismo. La Asamblea Nacional, actuando detrás de los nuevos acontecimientos, suprimió por ley las servidumbres personales (abolición del feudalismo), los diezmos, y las justicias señoriales, que ya habían sido suprimidos de hecho por el campesinado, instaurando la igualdad ante el impuesto, ante penas y en el acceso a cargos públicos. El rey, junto con sus seguidores militares, retrocedió al menos por el momento. Por su parte los nobles comenzaron a salir del país, algunos con la intención de fomentar una guerra civil en Francia y de llevar a las naciones europeas a respaldar al rey. La insurrección y el espíritu de poder popular siguieron extendiéndose por toda Francia. En las áreas rurales se llevaron a cabo actos de quema de títulos sobre tierras, y varios castillos y palacios fueron atacados. Esta insurrección agraria se conoce como “El Gran Miedo”.

De la Asamblea Constituyente a La Asamblea Legislativa

Mientras el pueblo se levantaba en contra del Antiguo Régimen, el 27 de agosto de 1789 la Asamblea publicó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano inspirándose en gran parte en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y estableciendo el principio de libertad, igualdad y fraternidad. Dicha declaración establecía una serie de principios más que una constitución con efectos legales.

Sin embargo no debemos olvidar que La Asamblea Nacional Constituyente no era sólo un órgano legislativo sino la encargada de redactar una nueva Constitución. Algunos, como Necker, favorecían la creación de una asamblea bicameral en donde el senado sería escogido por la Corona entre los miembros propuestos por el pueblo. Los nobles, por su parte, favorecían un senado compuesto por miembros de la nobleza elegidos por los propios nobles. Prevaleció, sin embargo, la tesis liberal de que la Asamblea tendría una sola cámara, quedando el rey sólo con el poder de veto, pudiendo posponer la ejecución de una ley, pero no su total eliminación. Durante 1790 se intensificó la lucha política e incluso se produjeron movimientos anti-revolucionarios, pero sin éxito. En este periodo se comenzaron a formar «clubes» políticos entre los que destacaban los Jacobinos, los Girondinos y los Feuillants. Pese a todo, el monarca no estaba decidido a cederle su poder a la Asamblea, y los acontecimientos que se daban por aquel entonces en el país le daban temor. Por ese motivo Luís XVI decide huir el 20 de junio de 1791, para unirse a las tropas que se estaban agrupando en la frontera francesa. Pero en Varennes es capturado y devuelto a París. Este episodio hace que las tropas francesas se establezcan en la frontera francesa porque se teme una invasión exterior. A partir de entonces empieza a ver manifestaciones en que se empieza a pedir la abdicación de Luís XVI y la proclamación de la república.

En los últimos días de la Asamblea Constituyente, aun cuando existía una fuerte corriente política que favorecía la monarquía constitucional, al final venció la tesis de mantener al rey como una figura decorativa. Jacques Pierre Brissot introdujo una petición insistiendo en que, a los ojos del pueblo, Luís XVI había sido depuesto por el hecho de su huida. Una inmensa multitud se congregó en el Campo de Marte para firmar dicha petición. La Guardia Nacional se enfrentó a la multitud. Al principio, tras recibir una oleada de piedras, los soldados respondieron disparando al aire; dado que la multitud no cedía, Lafayette ordenó disparar a los manifestantes, ocasionando más de 50 muertos. Mientras tanto, la Asamblea había redactado la Constitución y el rey había sido restituido, aceptándola. Además eliminó todas las barreras comerciales y suprimió las organizaciones empresariales y obreras; en adelante, los individuos que quisieran desarrollar prácticas comerciales necesitarían una licencia, y se abolió el derecho a la huelga. Entonces, bajo la Constitución de 1791, Francia funcionaría como una monarquía constitucional. El rey tenía que compartir su poder con la Asamblea, pero todavía mantenía el poder de veto y la potestad de elegir a sus ministros. Formándose así la Asamblea Legislativa.

Pérdida de poder de la Iglesia

Antes de la sanción de la constitución, la asamblea tomara, también, medidas fiscales. De esta forma se llevara acabó un proceso de desamortización de los bienes del Clero y la nacionalización de los bienes de aquellos aristócratas que habían decidido huir fuera del estado. Al desamortizar los bienes de la Iglesia Católica, esta paso a depender del Estado. En 1790 se eliminó la autoridad de la Iglesia para imponer impuestos sobre las cosechas, se eliminaron también los privilegios del clero y se confiscaron los bienes de la Iglesia (bajo el Antiguo Régimen la Iglesia había sido el mayor terrateniente del país). Más tarde se promulgó una legislación que convertía al clero en empleados del Estado. Todo esto fue recogido en la Constitución Civil del Clero, que se elaboró en 1790, la cual recogía la supresión de las órdenes religiosas, reestructuraba las circuncisiones religiosas, y se fija un obispo en cada una de ellas.Éstos fueron unos años de dura represión para el clero, siendo comunes la prisión y masacre de sacerdotes en toda Francia.

La Asamblea Legislativa

La Asamblea Legislativa estaba compuesta por: 264 diputados feuillants (dirigidos por Barnave, Duport y Lameth) y girondinos, portavoces republicanos de la gran burguesía, que solían sentarse a la derecha del rey. 345 diputados independientes, carentes de programa político definido, que se sentaban en el centro de la sala. Y 136 diputados inscritos en el club de los jacobinos o en el de los cordeliers, quienes utilizaban los asientos de la izquierda.

Los deseos políticos de cada grupo dentro de la Asamblea estaban también muy bien marcados: LosJacobinos juntos a los cordeliers querían la eliminación de la monarquía e instauración de la república. Estaban dirigidos por Jean-Paul Marat y Georges Danton, representando siempre al pueblo más humilde. El grupo de ideas más moderadas era el de los girondinos, que defendían el sufragio censatario y propugnaban una monarquía constitucional. También se encontraban aquellos que formaban parte de «el Pantano», o «el Llano», como eran llamados aquellos que no tenían un voto propio, y que se iban por las proposiciones que más les convenían, así ya vinieran de los jacobinos, ya de los girondinos. Estas inclinaciones, sumadas a los respectivos lugares que cada grupo ocupaba en la asamblea dieron origen al significado político de las palabras de izquierda, centro y derecha; siendo la izquierda la oposición, el centro quienes están dispuestos a negociar y, los de derecha los que apoyan al gobierno

Hacía la Convención

Mientras tanto, dos potencias absolutistas europeas, Austria y Prusia, se dispusieron a invadir la Francia revolucionaria, lo que hizo que el pueblo francés se convirtiera en un ejército nacional, dispuesto a defender y a difundir el nuevo orden revolucionario por toda Europa. El 10 de agosto de 1792, las masas asaltaron el Palacio de las Tullerías, y la Asamblea Legislativa volvió a suspender las funciones constitucionales del rey. La Asamblea acabó convocando elecciones con el objetivo de configurar (por sufragio universal) un nuevo parlamento que recibiría el nombre de Convención. Aumentaba la tensión política y social en Francia, así como la amenaza militar de las potencias europeas. El conflicto se planteaba así entre una monarquía constitucional francesa en camino de convertirse en una democracia republicana, y las monarquías europeas absolutas. El nuevo parlamento elegido ese año abolió la monarquía y proclamó la República. El gobierno pasó a depender de la Comuna insurreccional. Cuando la Comuna envió grupos de sicarios a las prisiones, asesinaron a 1.400 víctimas, y pidió a otras ciudades de Francia que hicieran lo mismo, la Asamblea no opuso resistencia. Esta situación persistió hasta el 20 de septiembre de 1792, en que se creó un nuevo cuerpo legislativo denominado Convención, y que de hecho se convirtió en el nuevo gobierno de Francia.

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La Factoria Historica

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Calatrava Escobar, Juan: Estudios sobre la Revolución Francesa y el final del Antiguo Régimen. Tres Cantos: Akal, 1980. ISBN 978-84-7339-504-5; Chartier, Roger: Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII. Los orígenes culturales de la Revolución Francesa. Barcelona: Editorial Gedisa, 1995. ISBN 978-84-7432-509-6; Cobban, Alfred: La interpretación social de la revolución francesa. Madrid: Narcea de Ediciones, 1971. ISBN 978-84-277-0003-1; Furet, François: La revolución a debate. Madrid: Encuentro, 2000. ISBN 978-84-7490-558-8; Kropotkin, Piotr: Historia de la Revolución Francesa; Reichardt, Rolf E.: La Revolución Francesa y la cultura democrática: la sangre de la libertad. Madrid: Siglo XXI, 2002. ISBN 978-84-323-1081-2; Soboul, Albert: La Francia de Napoleón. Barcelona. Crítica. 1993. ISBN 978-84-7423-564-7Soboul, Albert: La revolución francesa. Vilassar de Mar: Oikos-Tau, 1981. ISBN 978-84-281-0485-2Vovelle, Michel: Introducción a la historia de la Revolución Francesa. Barcelona: Editorial Crítica, 2000. ISBN 84-8432-086-3

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