William Shakespeare

William Shakespeare (1565-1616) es considerado por muchos expertos literarios como el más grande escritor de todos los tiempos y, con certeza, el más sobresaliente entre todos los dramaturgos y poetas que han escrito en inglés. Un genio en el dominio de las palabras y las imágenes; sus poemas y sus obras de teatro exploran toda la gama de las emociones y conflictos humanos. Su versatilidad fue extraordinaria y su obra incluye historias y comedias, tragedias y romances…

William Shakespeare

El amor a la campiña inglesa que impregna toda su obra, deriva sin duda del recuerdo de sus años de juventud a orillas del pacífico río Avon. Su padre, Juan Shakespeare, a la vez labrador y comerciante, gozaba de una posición acomodada, como primer magistrado de la ciudad durante varios años; al parecer, su esposa procedía de excelente familia. El joven Shakespeare aprendió en su hogar cortesía y buenos modales, y recibió en la escuela latina de la pequeña ciudad educación conveniente; pero cuando el muchacho contaba unos catorce años, su padre, quebrado en los negocios, no pudo costear más tiempo los gastos de sus estudios. A partir de entonces, William debió arrastrar una existencia bastante desordenada de la que conocemos muy pocos detalles. Parece cierto, sin embargo, que se casó a los dieciocho años con la hija de un aldeano de la vecindad, llamada Ana Hathaway, que contaba unos siete u ocho años más que él, boda que hubo de celebrarse a toda prisa, ya que el primer hijo nacería en cinco meses. Dos años más tarde, la joven pareja celebraba el nacimiento de una segunda hija, luego se desvanecen las noticias sobre Ana Shakespeare, y poco se sabe también de las hijas.

Así fue como antes de alcanzar la edad adulta, Shakespeare debía mantener una familia, con el agravante que su padre ya no estaba en condiciones de ayudarlo. Según parece, trató durante algún tiempo de ganarse la subsistencia ejerciendo de maestro de escuela; en 1586 partió para Londres, a fin de buscar mejores perspectivas para el futuro. Es probable que fundara sus esperanzas en el vibrante interés que la Inglaterra Isabelina, y muy especialmente Londres, sentía por el teatro. En aquella época, para los cien mil habitantes con que contaba Londres, sostenía tres grandes teatros y otras salas de menor importancia, de modo que la capital ofrecía oportunidades a un buen actor. De nuevo seguimos sin noticias acerca de la vida de Shakespeare en Londres antes de 1594, año en que ingresó en una compañía teatral. Cuando en ella se percataron que el nuevo actor sabía también escribir piezas dramáticas, se le abrió el camino de la celebridad. Uno de los primeros dramas que estrenó, consiguió un éxito inmediato. En 1592 Shakespeare se encontraba ya en Londres trabajando como dramaturgo, y era lo suficientemente conocido como para merecer una desdeñosa descripción de Robert Greene, quien lo retrata como “un grajo arribista, embellecido con nuestras plumas, que con su corazón de tigre envuelto en piel de comediante se cree capaz de impresionar con un verso blanco como el mejor de vosotros”, y dice también que “se tiene por el único sacude-escenas del país”, en el original, Greene usa la palabra shake-scene, aludiendo tanto a la reputación del autor como a su apellido, en un juego de paronomasia.

En 1596, con sólo once años de edad, murió Hamnet, único hijo varón del escritor, quien fue enterrado en Stratford el 11 de agosto de ese mismo año. Algunos críticos han sostenido que la muerte de su hijo pudo haber inspirado a Shakespeare la composición de Hamlet, hacia 1601, reescritura de una obra más antigua que, por desgracia, no ha sobrevivido. Dos años después, en 1598, Shakespeare había trasladado su residencia a la parroquia de St. Helen, en Bishopsgate. Su nombre encabeza la lista de actores en la obra Cada cual según su humor, Every Man in His Humour, de Ben Jonson. Pronto se convertiría en actor, escritor, y, finalmente, copropietario de la compañía teatral conocida como Lord Chamberlain’s Men, que recibía su nombre, al igual que otras de la época, de su aristocrático mecenas, el lord chambelán, Lord Chamberlain. La compañía alcanzaría tal popularidad que, tras la muerte de Isabel I y la subida al trono de Jacobo I Stuart, el nuevo monarca la tomaría bajo su protección, pasando a denominarse los King’s Men , Hombres del rey. Existen varios documentos referentes a asuntos legales y transacciones comerciales que demuestran que en su etapa londinense Shakespeare se enriqueció lo suficiente como para comprar una propiedad en Blackfriars y convertirse en el propietario de la segunda casa más grande de Stratford…

Shakespeare se retiró a su pueblo natal con 46 años en 1611 muriendo cinco años después, concretamente el 23 de abril de 1616. Estuvo casado con Ana hasta su muerte, y le sobrevivieron dos hijas, Susannah y Judith. La primera se casó con el doctor John Hall. Sin embargo, ni los hijos de Susannah ni los de Judith tuvieron descendencia, por lo que no existe en la actualidad ningún descendiente vivo del escritor. Se rumoreó, sin embargo, que Shakespeare era el verdadero padre de su ahijado, William Davenant. Siempre se ha tendido a asociar la muerte de Shakespeare con la bebida, —murió, según los comentarios más difundidos, como resultado de una fuerte fiebre, producto de su estado de embriaguez—, ya que al parecer, el dramaturgo se habría reunido con Ben Jonson y Michael Drayton para festejar con sus colegas algunas nuevas ideas literarias. Investigaciones recientes llevadas a cabo por científicos alemanes afirman que es muy posible que el escritor inglés padeciera de cáncer.

Los restos de Shakespeare fueron sepultados en el presbiterio de la iglesia de la Santísima Trinidad, Holy Trinity Church, de Stratford. El honor de ser enterrado en el presbiterio, cerca del altar mayor de la iglesia, no se debió a su prestigio como dramaturgo, sino a la compra de un diezmo de la iglesia por 440 libras, una suma considerable en la época. El monumento funerario de Shakespeare, erigido por su familia sobre la pared cercana a su tumba, lo muestra en actitud de escribir, y cada año, en la conmemoración de su nacimiento, se le coloca en la mano una nueva pluma de ave. Era costumbre en esa época, cuando había necesidad de espacio para nuevas sepulturas, vaciar las antiguas, y trasladar sus contenidos a un osario cercano. Tal vez temiendo que sus restos pudieran ser exhumados, según la Enciclopedia Británica, el propio Shakespeare habría compuesto el siguiente epitafio para su lápida:

Buen amigo, por Jesús, abstente

de cavar el polvo aquí encerrado.

Bendito sea el hombre que respete estas piedras,

y maldito el que remueva mis huesos.

Una leyenda afirma que las obras inéditas de Shakespeare yacen con él en su tumba. Nadie se ha atrevido a comprobar la veracidad de la leyenda, tal vez por miedo a la maldición del citado epitafio. Después de su muerte, cincuenta años concretamente empezaron a surgir miles de rumores, desde su no autoría de sus obras por su poca formación universitaria, su homosexualidad o si era anglicano o católico, lo que nos ha llegado como cierto es su magna obra, desde Hamlet a Otello, desde Romeo y Julieta al Rey Lear. En líneas generales, la crítica ha analizado sobre todo dos aspectos de la obra dramática de William Shakespeare a destacar en primer lugar, la indiferencia y distanciamiento casi inhumanos del autor respecto a la realidad de sus personajes. No moraliza, no predica, no propone fe, creencia, ética ni solución alguna: plantea, y lo hace mejor que nadie, algunas de las angustias fundamentales de la condición humana, ser o no ser, la ingratitud, sea filial como en El rey Lear o no, la ambición vacía, pero nunca les da respuesta, no sabemos qué pensaba Shakespeare, al que el espectáculo del mundo le trae al fresco, si bien su visión de fondo es pesimista y sombría ante la posición miserable y mínima que ocupa un hombre hecho de la misma materia que los sueños en una realidad misteriosa, profunda e inabarcable. Mientras que el teatro barroco español privilegia lo divino sobre lo humano, Shakespeare reparte por igual su temor ante lo celeste y ante lo terrenal…

Shakespeare no solo fue un genial dramaturgo, fue también poeta y sonetista, se cree generalmente que él mismo se valoraba más como lírico que como autor dramático y solamente como tal esperaba perdurar a su tiempo. William escribió sobre todo poemas extensos narrativos y mitológicos, se le recuerda especialmente como un excepcional autor de sonetos puramente líricos en el que los temas son el amor y el tiempo, de alguna forma contrapuestos; en este último tema se profundiza en lo que se refiere a la fugacidad, llegándose a veces a lo metafísico. Cada soneto contiene también un movimiento dramático; se aprecia además en su lectura, sobre todo, el valor moral y espiritual del mensaje y la filosofía que nos deja que es aprovechar el escaso tiempo que la vida nos depara para entregarse de fondo a ella, estamos hablando del alma y la pasión en definitiva del autor inglés más importante de todos los tiempos, William Shakespeare…[1]

Enlace directo : Romeo y Julieta

La Factoria Historica

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[1] William Shakespeare. Obras completas. Tragedias. Estudio preliminar, traducción y notas por Luis Astrana Marín. Madrid: Aguilar, 2003; Auden, W. H., Trabajos de amor dispersos. Conferencias sobre Shakespeare. Barcelona, Crítica, 2003. ISBN 84-8432-423-0; Belsey, Catherine The Subject of Tragedy. Identity and difference in Renaissance Drama. Londres: Methuen, 1985. Londres: Routledge, 1991; Bloom, Harold: Shakespeare. La invención de lo humano. Barcelona, Anagrama, 2002. ISBN 84-339-6166-7; Concha, Á. de la, Elices, F. y Zamorano, A., Literatura inglesa hasta el siglo XVII. Madrid, UNED, 2002. ISBN 84-362-4695-0;  Greenblatt, Stephen: Will in the World: How Shakespeare Became Shakespeare. ISBN 0-393-05057-2; Kermode, Frank, El tiempo de Shakespeare. Traducción de Juan Manuel Ibeas. Madrid, Debate, 2005. ISBN 84-8306-612-2; Oliva, Salvador, Introducción a Shakespeare. Barcelona, Península, 2001. ISBN 84-8307-363-3.

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