La Biblioteca de Alejandría‏

Un año después de que Alejandro Magno entrara apoteósico en Egipto tras haber vencido al último monarca persa, Darío III, tuvo un extraño sueño en el que un anciano le repetía insistentemente un pasaje de la Odisea: “Hay a continuación una isla en el mar turbulento, delante de Egipto, que se llama Faro”…

La Biblioteca de Alejandría‏

Por Vir Covi

Cuando se dirigió hacia allí se dio cuenta del enclave privilegiado y fértil de esta región por lo que pidió harina y trazó él mismo un círculo para señalar el sitio exacto donde comenzaría a erigirse una ciudad que se llevaría su nombre: Alejandría, pero tan pronto como terminó de esbozarlo una bandada de pájaros lo picoteó y aunque Alejandro se preocupó por lo que creyó un mal augurio, el adivino que le acompañaba interpretó que la ciudad sería tan próspera que podría alimentar a todos los hombres, como así fue, pues esta fastuosa y espléndida urbe que se unió a la isla de Faro por un puente llamado Heptastadio (por sus 7 estadios de longitud) y cuyos habitantes eran griegos, judíos y egipcios se convertiría en el centro cultural y comercial del Mundo Antiguo.

Cuando en el año 323 a.C. murió Alejandro, sus generales dividieron su Imperio en reinos independientes donde fundaron sus propias dinastías, y así el general Ptolomeo fundó en Egipto la dinastía Ptolemaica o Lágida (llamada así por su supuesto padre, Lagos, aunque hay quien dice que era hijo de Filipo y por lo tanto hermano de Alejandro), y quien para preservar la cultura griega dentro de la sociedad egipcia ordenó construir una Biblioteca con diferentes estancias dedicadas al saber, obra que finalizaría su hijo Ptolomeo II, hombre entregado al arte y la cultura quien además añadió la construcción de un jardín botánico, un observatorio astronómico, una sala de anatomía y una residencia por donde pasaron sabios como Arquímedes, Aristarco de Samos o Eratóstenes, convirtiéndose en el núcleo principal de investigación de la Antigüedad y donde llegaron a reunirse 14.000 estudiantes.

Su desaparición es uno de los mayores enigmas de la Historia. Al parecer la primera gran destrucción tuvo lugar cuando Julio César en el año 48 a.C., aliado de Cleopatra en la guerra civil que le enfrentaba a su hermano, ordenó quemar las naves del puerto para evitar una sublevación, incendio que habría llegado a la ciudad. Por otro lado se sabe que Alejandría sufrió durante los siglos III y IV innumerables destrozos, saqueos, revueltas civiles y varios terremotos, desastres que necesariamente debieron afectar a la Biblioteca teniendo lugar en alguno de estos momentos la destrucción definitiva de este templo dedicado al conocimiento, que llegó a albergar 900.000 manuscritos y del que no se han encontrado aún las ruinas…

La Factoria Historica

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