Atila, el Azote de Dios‏

Los hunos fueron una unión de pueblos nómadas asiáticos que se dedicaban a la caza y la ganadería y que rara vez utilizaban la escritura por lo que las pocas fuentes escritas que nos han llegado sobre ellos son las de sus principales enemigos, los romanos, con quienes se enfrentaron durante los siglos IV y V d.C. y quienes los describen como unos seres horribles, salvajes, desfigurados, infrahumanos, bestias que caminaban sobre dos patas, faltos de dios y de moral, que practicaban la adivinación a partir de las vísceras de los animales y pegados a sus caballos, pues fueron excelentes jinetes y arqueros que empleaban entre sus armas una especie de cuerdas con lazo que arrojaban a sus enemigos fracturándoles el cuello…

Atila, el Azote de Dios‏

Por Vir Covi

Estas tribus fueron unificadas hacia el año 432 bajo el rey Rugila que pese a haber pactado con Roma en contra de los germanos aprovechó el caos originado por los visigodos en el Imperio Romano de Oriente para cruzar el Danubio y saquear varias ciudades, causando tanto temor sus expediciones que el emperador Teodosio II compró la paz a cambio de 115 kilos de oro al año, lo que se convertiría en una costumbre en las relaciones de los hunos con otros pueblos: la paz a cambio de enormes tributos, pero 5 años más tarde los sobrinos y sucesores de Rugila, Atila y Bleda acusaron a los romanos de romper el tratado después de que un obispo cruzara el Danubio y profanara con su presencia las tumbas reales a las orillas del río, reanudándose la ola de saqueos hasta que el emperador se comprometió a triplicar los impuestos, comenzando un periodo de calma en el que Atila se proclamó rey único tras la muerte de su hermano, liderando así el mayor Imperio de su tiempo entre el 434 y el 453, cuando murió, con 58 años.

La noche en que se casó con su última esposa, se cree que ahogado en su propia sangre por una hemorragia tras emborracharse en el festín, y después de haber rechazado finalmente la oferta de Honoria, la hermana del nuevo emperador romano de Occidente, Valentiniano III, que harta de su vida como devota cristiana se había ofrecido en matrimonio. A su muerte fue sucedido por su hijo Elac, quien tuvo que hacer frente por un lado a la sublevación de sus hermanos y por otro a una coalición de pueblos sometidos, cayendo así el Imperio huno, cuyos pueblos se dispersaron por las amplias y áridas estepas de Asia.

“Bajo las fuertes patas del caballo de Atila, no volvía a crecer la hierba ni vida alguna”

La Factoria Historica

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