El sexo en la antiguedad: Egipto

La civilización egipcia, que desde sus comienzos siempre se ha caracterizado por el exotismo y la exuberancia, no podía dejar de lado un elemento tan importante como podía ser el sexo. El arte, los textos y la propia religión, nos advierten de que los antiguos egipcios, lejos de ser alguna suerte de puritanos o santurrones, daban al sexo la importancia que se merecía. Antes de que el mundo existiera, no había nada en el universo. No existían ni los ríos, ni las montañas, ni los valles. Todo estaba sumido en la más lúgubre oscuridad. En un momento incierto, de la nada surgieron las aguas primordiales del Nun, el no-ser. Entonces todo el universo se cubrió por una gran extensión de agua: se había dado el primer paso hacia la vida. El dios solar Atum, se auto creó viniendo a dar luz a un mundo recién nacido en donde solamente estaban él y las aguas primordiales. En un acto reflejo, en un deseo de compartir su vida con más personas y dar pie a una dinastía de dioses, el dios Atum se masturbó dando vida a los dioses Shu, el aire, y Tefnut, el agua. A su vez, de éstos nacieron Geb, la tierra, y Nut, el cielo. Relatado de una forma tan brusca, los sacerdotes del templo solar de Heliópolis, cerca de El Cairo, han dejado para la posteridad el nacimiento del mundo y de sus elementos principales. Partiendo de una base tan libidinosa, no es de extrañar que los antiguos egipcios vieran en el sexo una elemento de lo más normal en sus vidas cotidianas…

La Factoria Historica

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