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El parentesco de las aves y los dinosaurios
Tiempo atrás, ningún investigador discutió de una manera formal la proposición de un parentesco entre aves y reptiles. Existen pruebas suficientes de que ambos comparten algún antepasado distante, como es la presencia de escamas en las patas en las aves, y el hecho de que tanto unas y otros ponen huevos con cáscara. Existe una duda más precisa que ha dado lugar a pensar a muchísimos biólogos; entre los diversos grupos de reptiles reconocidos actualmente, ¿cuál es el que se aproxima más al linaje de las aves? El debate sobre los orígenes de las aves ocupó el primer plano en el pensamiento biológico y evolutivo en 1861, cuando tuvo lugar el descubrimiento de un esqueleto fosilizado que se parecía a un ave, en una cantera de piedra caliza de Solnhofen (Alemania). Esta cantera contenía rocas que databan del Jurásico superior, se caracterizaban por su grano fino y su excelente calidad. Todo esto explica la exquisita conservación no sólo de los huesos del ave, sino también de la marca del plumaje original alrededor del esqueleto.[1] El paleontólogo alemán Hermann von Meyer denominó al espécimen encontrado Archaeopteryx lithographica, que significa “ala antigua de piedra caliza litográfica”. Algún tiempo después, el Museo Británico “historia natural” se lo compró a su descubridor, el doctor Karl Häberlein.[2]…
La endotermia de los dinosaurios
El estudio del parentesco de los dinosaurios y las aves contiene un debate más amplio donde se intenta discernir si los dinosaurios se parecían más a los mamíferos o a los reptiles. Por una parte la constitución del corazón acerca más a los dinosaurios a los mamíferos y en consecuencia a las aves. Al igual que estos presentaban un corazón con cuatro cámaras y una completa separación de la sangre venosa y arterial. Teniendo en cuenta la enorme altura de algunos dinosaurios y sobre todo la postura de la cabeza se puede ver con claridad que sin un corazón de cuatro cámaras no hubieran podido sobrevivir. En algunos casos la cabeza de algunos dinosaurios se encontraba a siete metros de distancia del corazón. Este tenía que haber bombeado la sangre con especial eficacia para producir la diferencia de presión necesaria para que llegase al cerebro. Este hecho permite inferir que eran endotermos aunque esto no puede ser considerado como una prueba definitiva. Otra fuente de ideas es la estructura interna de los huesos que es una corriente de información para la fisiología de los seres vivos. A los huesos que tienen muchos conductos por los que discurren los vasos sanguíneos se les llama “huesos vasculares” y son de crecimiento rápido siendo estos normalmente huesos de un animal endotermo. Los huesos de dinosaurios presentan normalmente más similitudes con los mamíferos que con los reptiles. Por otra parte si los huesos presentan pocos conductos para los vasos sanguíneos se les denominan ”inactivos” es decir de crecimiento lento lo que es un rasgo de los ectotermos. El debate sobre los dinosaurios no era tan fácil de responder a pesar de los argumentos de Robert T. Bakker que formuló su teoría sobre la endotermía de los dinosaurios. Se descubrieron huesos de dinosaurios con anillos de crecimiento, lo que significa que los huesos de los dinosaurios sufrían todos los años por la misma época un proceso de crecimiento. Este hecho remitiría de nuevo a los dinosaurios como animales ectotermos porque la actividad de éstos está sometida a las oscilaciones estacionales de la temperatura exterior. No hay una respuesta convincente en definitiva a esta cuestión…
Robert Thomas Bakker
El Dr. Robert Thomas Bakker que nació un 24 de marzo de 1945 es un afamado paleontólogo estadounidense que ayudó a replantear una serie de teorías sobre los dinosaurios, en especial la referida a la endotermia, que han derivado en la percepción moderna que se tiene de estos animales. Bakker nació en Bergen County, New Jersey. Atribuye su interés en los dinosaurios a la lectura de un artículo el 7 de septiembre de 1953 en la revista Life (revista). Se graduó en el Ridgewood High School (New Jersey)en 1963. Ya en la Universidad de Yale, Bakker estudió bajo la tutela de John Ostrom, un defensor de la nueva visión de los dinosaurios, y más tarde obtuvo su doctorado en la universidad de Harvard. Entonces se puso a dar clases de anatomía en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland y Ciencias del espacio y la tierra, donde tuteló y colaboró con el futuro paleoartista Gregory S. Paul…
Megalosaurus
Megalosaurus tiene el privilegio de ser el primer dinosaurio nombrado en la historia moderna. Antes de la clasificación lineana, fósiles hoy considerados Megalosaurus también podrían ser considerados los primeros nombrados como Scrotum humanum (Brookes, 1763), aunque su posición podría perderse con el redescubrimiento de Rutellum implicatum acuñado en 1699, para lo que podría ser un diente de sarópodo. Aunque antiguamente más de 20 especies se han nombrado en todo el mundo para Megalosaurus, solo la especie original M. bucklandii, es considerada válida, solo se ha encontrado en Inglaterra, en la Formación Corallian Oolite y en la Formación Taynton Limestone del Jurásico Medio. Una segunda especie ens considerada dudosa, M. cambrensis, del sur de Gales. También se han reportado posibles restos de Megalosurus sp en Francia y Portugal. Este género fue el primero en ser descrito y nombrado entre todos los dinosaurios que se conocen. Un fragmento de hueso fue recuperado de una cantera de caliza en Cornwell, Inglaterra en 1676. El fragmento fue enviado a Robert Plot, profesor de química en la Universidad de Oxford y primer conservador del Museo Ashmolean, que publicó una descripción en su Historia Natural de Oxfordshire en 1677. Correctamente identificó al hueso como la extremidad inferior del fémur de un animal grande, y reconoció que era demasiado voluminoso como para pertenecer a cualquier especie conocida. Desde entonces el hueso ha estado perdido pero la ilustración es bastante detallada como para identificarlo claramente como el fémur de Megalosaurus…
Los dinosaurios en la cultura popular
Desde el punto de vista de los seres humanos, los dinosaurios son criaturas que llaman la atención porque la mayoría fueron de gran tamaño y tenían aspecto fantástico. Por este motivo han cautivado la imaginación de la gente y se han hecho famosos en la cultura popular desde finales del siglo XIX. Las exposiciones, parques temáticos y museos dedicados al tema en todo el mundo satisfacen y refuerzan el interés del público. El interés popular por los dinosaurios se refleja también en una larga serie de obras de ficción y documentales a ellos dedicados. En la literatura y las películas antiguas, estos animales suelen mostrarse como similares a lagartos, carentes de inteligencia y de lento deambular. Ejemplos notables de antiguas obras de ciencia ficción en las que los dinosaurios son protagonistas son la novela El mundo perdido, de Arthur Conan Doyle; la película de 1933 King Kong; y la serie japonesa Godzilla. La convivencia, que jamás se dio, entre dinosaurios y seres humanos es un tema que se repite en la ficción. El dibujo animado Los Picapiedra mostraba a una familia de la Edad de Piedra que convivía con dinosaurios, aunque en realidad los humanos aparecieron 62 millones de años después de que los dinosaurios se hubieran extinguido. Entre las películas que plasman esta idea están El valle de Gwangi (1969) y Hace un millón de años (1966). Mediante el empleo de técnicas de animación de stop-motion y modelos a escala, Ray Harryhausen desarrolló para ambos filmes notables escenas de dinosaurios de inédito realismo…
La Guerra de los Huesos
A partir de 1870 se descubrieron numerosos y sorprendentes huesos de dinosaurios en Estados Unidos. Empezó una carrera para encontrar nuevos tipos de dinosaurios a lo largo de Montana, Wyoming y Colorado, y se llegó a tal extremo que aquella rivalidad entre paleontólogos se conoce hoy como Guerra de los Huesos. Los protagonistas de la Guerra de los Huesos fueron dos distinguidos catedráticos de paleontología: Edward Drinker Cope, de la Universidad de Pennsylvania, y Othniel Charles Marsh, de Yale. Ambos habían sido amigos en el pasado, pero siguieron caminos distintos y a veces pusieron nombres distintos a un mismo animal. La rivalidad entre aquellos dos hombres empezó en 1870. Cope logró montar el esqueleto de un extraño plesiosaurio al que llamó Elasmosaurus (que significa “lagarto con placas”) y escribió a Marsh, invitándole a verlo. Sin embargo, Marsh pronto indicó a su anfitrión que había colocado la cabeza al final de cola, por lo que había cometido un error enorme. Mientras tanto, noticias desde el oeste indicaban que se estaban descubriendo montones de enormes huesos de dinosaurio. En cierto lugar, un pastor incluso se había hecho una cabaña con los huesos de un gran dinosaurio. No pasó mucho tiempo sin que los cazadores de fósiles se enteraran y corrieran a excavar la zona. En 1877, un maestro de escuela, Arthur Lakes, encontró varios huesos gigantescos cerca de un pueblo llamado Morrison, en el estado de Colorado (Estados Unidos). Finalmente, decidió enviar sus hallazgos a O.C. Marsh. Al mismo tiempo, otro maestro de escuela llamado O.W. Lucas realizaba descubrimientos parecidos en Canyon City, al sur de Morrison, y los mandó al profesor Cope. Así, mientras Cope financiaba la expedición de Lucas, Marsh patrocinó la de Lakes. De esta manera continuó la competencia entre estos dos hombres hasta 1889. Durante este tiempo, sus equipos encontraron toneladas de fósiles de dinosaurio en Como Bluff (Wyoming), Judith River (Montana), Canyon City y Morrison (Colorado). También hallaron los primeros esqueletos enteros de dinosaurios gigantes…
Paleontología de dinosaurios
La primera pista de que los dinosaurios existieron fue un diente. En 1824, William Buckland, profesor de geología, estudió un gran diente hallado en una cantera de pizarra de Oxfordshire. Buckland puso el nombre de Megalosaurus al dinosaurio propietario de aquel diente gigantesco. El Megalosaurus fue el primer dinosaurio que tuvo nombre propio. Cuando se encontraron los demás dientes, seguían perfectamente anclados en la mandíbula del animal. Gideon Mantell, médico en Lewes, Sussex (Inglaterra), era aficionado a la paleontología. El doctor Mantell y su esposa Mary Ann pasaban las vacaciones en los valles del sur, en busca de fósiles. Tanta era su afición, que incluso convirtió parte de su hogar en museo para exhibir sus hallazgos. Un día, el médico y su esposa salieron a hacer las visitas de costumbre. Mientras el médico atendía a sus pacientes, su mujer examinaba las piedras que se utilizaban para reparar el pavimento de la carretera. Entonces, encontró en una roca un enorme diente fósil. Cuando Mary Ann mostró a su marido el hallazgo, él quedó entusiasmado. Mantell encontró la cantera de donde procedían las rocas y encontró más dientes y algunos huesos…
La fisiología y comportamiento de los dinosaurios
Aunque no se dispone de todos los datos al completo, está claro que los dinosaurios no avianos, en general, eran voluminosos. Incluso dentro de sus propios estándares, los saurópodos alcanzaban el estatus de gigantescos: durante buena parte de su reinado, hasta los más pequeños de este subgrupo eran considerablemente mayores que cualquier otro animal de su hábitat, y los más grandes eran por lo menos un orden de magnitud mayores que cualquier otro vertebrado que caminara sobre la faz del planeta. Ésta es, posiblemente, una de las razones principales del interés que estas bestias han despertado en el público en general a través de los años. Pero la evolución también hizo aparecer dinosaurios pequeños, algunos del tamaño de una gallina, como Compsognathus, y más diminutos aún. El material fósil recuperado de estos “dinosaurios enanos” no suele ser tan completo, ya que sus huesos eran mucho más frágiles, lo que dificultó su preservación…
Evolución de los dinosaurios
Los dinosaurios evolucionaron de los arcosaurios hace 232-234 Ma, millones de años atrás, en el Ladiniano, en la última parte de la mitad del Triásico. Dinosauria es un clado bien establecido, con un 98% de bootstrap. Se caracterizan, entre otras, por la pérdida del hueso postfrontal del cráneo y el alargamiento de la cresta deltopectoral del húmero. La línea evolutiva que originó a los dinosaurios se puede seguir a través de los primeros arcosaurios como las familias Proterosuchidae y Erythrosuchidae, y el género Euparkeria. Sus fósiles tienen una antigüedad de unos 250 Ma, en el Triásico Medio. También el arcosaurio Ticinosuchus, entre 232-236 Ma. Los cocodrilos descendieron también de los arcosaurios en el Triásico Medio…
Descubrimiento de los dinosaurios
El conocimiento sobre los dinosaurios ha sido obtenido a través de una variedad de registros fósiles, óseos y no óseos, como huesos fosilizados, huellas de pisadas (icnitas), heces (coprolitos), piedras usadas para ayudar en la digestión (gastrolitos), plumas, impresiones de piel, órganos internos y tejidos blandos. Varios campos de estudio contribuyen a nuestro conocimiento paleontológico de estas bestias, incluyendo, además de la biología, la física y la química…