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La batalla de las Termópilas y su significación histórica

La llamada batalla de las Termópilas es una de las batallas más famosas de la antigüedad, referida repetidamente tanto en la cultura antigua, como en la reciente y contemporánea. En Occidente, al menos, son los griegos los que reciben las alabanzas por su actitud en la batalla. Sin embargo, y dentro del contexto de la invasión persa, las Termópilas fue sin ningún género de dudas una grave derrota para los aliados, que supuso unas desastrosas consecuencias para los griegos. Cualquiera que hubiese sido el objetivo de los aliados, es presumible que su estrategia no fuese la rendición de toda Beocia y Ática a los persas. Por ello, probablemente no se puedan sostener las lecturas de la batalla de las Termópilas en las que se considera un intento exitoso de retrasar la acción persa, dando tiempo suficiente a los aliados para prepararse para la batalla de Salamina, ni aquellas que sugieren que las bajas persas fueron tantas que supuso un gran golpe moral para ellos, sugiriendo que los persas obtuvieron una victoria pírrica. La teoría según la cual la batalla de las Termópilas dio tiempo suficiente a los aliados para prepararse para Salamina ignora el hecho de que la armada aliada se encontraba al mismo tiempo luchando y sufriendo bajas en la batalla de Artemisio. Es más, comparado con el tiempo probable que transcurrió entre las Termópilas y Salamina, el tiempo durante el cual los aliados fueron capaces de mantener la posición en las Termópilas frente a los persas no es particularmente significativo…

 La batalla de las Termópilas y su significación histórica

Parece claro que la estrategia aliada era mantener bloqueados a los persas en las Termópilas y en Artemisio y que, al fallar en su objetivo, sufrieron una dura derrota. La posición griega en las Termópilas, a pesar de encontrarse en una gran inferioridad numérica, era casi inexpugnable. Si hubiesen sido capaces de mantener la posición durante más tiempo, es posible que los persas hubiesen tenido que retirarse por falta de agua y comida. Por ello, y a pesar de las bajas, forzar el paso por las Termópilas fue una clara victoria persa, tanto desde el punto de vista táctico como estratégico. La retirada con éxito de la mayor parte de las tropas griegas, pese a ser una inyección de moral, no fue de ningún modo una victoria, aunque redujo un poco la magnitud de la derrota.

Leónidas y sus 300 hombres

La fama de las Termópilas deriva por lo tanto no de su efecto en el resultado final de la guerra, sino en el ejemplo inspirador que supuso. La batalla es famosa por causa del heroísmo de los soldados que se quedaron en la retaguardia pese a saber que su posición estaba perdida y que se enfrentaban a una muerte segura. Desde entonces, los eventos que tuvieron lugar en las Termópilas han sido objeto de alabanzas desde multitud de fuentes. Una segunda razón que sirvió como un ejemplo histórico de un grupo de hombres libres luchando por su país y su libertad:

“Por ello, casi inmediatamente, los griegos contemporáneos vieron las Termópilas como una lección moral y cultural crítica. En términos universales, un pequeño grupo de hombres libres habían luchado contra un inmenso número de enemigos imperiales que luchaban bajo el látigo. Más especialmente, la idea occidental de que los soldados decidían dónde, cómo y contra quién luchaban contrastaba con la noción oriental del despotismo y la monarquía – probándose la libertad como la idea más fuerte ante la mayor valentía mostrada por los griegos en las Termópilas, atestiguada por las posteriores victorias en Salamina y Platea.”

Si bien este paradigma del “hombre libre” contra los “esclavos” podría verse como una generalización demasiado burda, es sin embargo cierto que muchos comentaristas han usado las Termópilas para ilustrar este punto. Desde el punto de vista militar, aunque la batalla no fue demasiado significativa en el contexto de la invasión persa, sí que tiene alguna significatividad especial, basándose en lo acontecido durante los dos primeros días de lucha.

La batalla de las Termópilas

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En efecto, la capacidad de los defensores se usa como ejemplo de las ventajas que aporta el entrenamiento, el equipamiento y el buen uso del terreno como multiplicadores de la fuerza militar de un ejército…[1]

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[1] Las Termópilas es un desfiladero de Grecia. Su nombre quiere decir: «fuentes calientes», debido a sus numerosos manantiales naturales de aguas termales. Otra posible traducción sería “Puertas Calientes”. Según el mito, las aguas de las Termópilas se calentaron cuando Heracles se sumergió en ellas mientras moría abrasado. El paso se extiende desde Lócrida, en Tesalia, entre el monte Eta y el mar (Golfo Maliaco). Es un paso ineludible en el trayecto entre el norte y el sur de Grecia, y por sus características geográficas fue elegido como escenario de varias batallas en la historia de Grecia. La contienda de mayor renombre en la antigüedad es la batalla de las Termópilas, del año 480 a. C., en la que la salvaguardia griega, formada por 1000 hoplitas griegos (300 espartanos y 700 tespios), contuvo el avance netamente superior del ejército persa al mando de Jerjes I, rey del Imperio aqueménida. Aunque finalmente Jerjes I derrotó a los espartanos, su ejército se vio derrotado a su vez en la llanura de Platea. Otras dos célebres batallas se libraron en Termópilas. La menos famosa es la confrontación ocurrida entre los años 353 a 352 a. C. durante la tercera guerra sagrada, cuando 5000 hoplitas atenienses y 400 jinetes entorpecieron el paso a las fuerzas de Filipo II de Macedonia, y la batalla de 267 cuando los hérulos derrotaron al contingente griego que intentaba detenerlos. En 279 a. C., los galos, comandados por Breno fueron contenidos durante varios meses por un ejército griego a las órdenes del ateniense Calipo, y en el año 191 a. C., Antíoco III el Grande, de Siria, intentó inútilmente detener el paso de los romanos dirigidos por Manio Acilio Glabrio. En 1821, una fuerza de combatientes griegos dirigidos por Athanasios Diakos hizo resistencia cerca del paso para detener un ejército de 8.000 turcos que marchaban desde Tesalia para sofocar las revueltas de Rumelia y del Peloponeso. Diakos, después de oponer una última resistencia en el puente de Alamana con 48 de sus hombres, fue capturado y fusilado. En 1941 durante la Segunda Guerra Mundial, el ANZAC retrasó la invasión de las tropas de la Wehrmacht lo suficiente en la zona para permitir la evacuación de la fuerza expedicionaria británica a Creta. Este conflicto también fue conocido como la batalla de las Termópilas, probablemente porque los dos bandos eran conscientes solamente del nombre de este sitio de toda la región de Ftiótide. Tal era la fama de las Termópilas que el sabotaje del puente de Gorgopótamos en 1942 fue referido en los documentos alemanes de la época como “el reciente sabotaje cerca de las Termópilas”. En la época de Leónidas I, en 480 a. C., el paso era una senda estrecha (probablemente de cerca de 12 m de ancho) situada en la parte inferior del desfiladero. En épocas modernas, los depósitos del río Esperqueo la han ampliado hasta una anchura de unos 1,5 a 5 km. Los manantiales de aguas termales, de los que el paso tomó su nombre, siguen existiendo cerca del pie de la colina. El área está dominada por la llanura aluvial del río Esperqueo, rodeada de abruptas pendientes en montañas boscosas de piedra caliza. La continua deposición de sedimentos del río y los depósitos de travertino de las aguas termales, han alterado sustancialmente el paisaje durante los últimos miles de años. La superficie de la tierra en la que se libró la famosa Batalla de las Termópilas en el 480 a. C. está ahora enterrado bajo 20 metros de tierra. La costa se ha retirado en gran medida a través de los siglos debido a la sedimentación. El nivel del Golfo Maliaco era significativamente mayor durante la Prehistoria y menor el del Esperqueo. La costa se retiró un máximo de 2 kilómetros entre 2500 a. C. y 480, pero aún quedan varios pasos muy estrechos entre el mar y las montañas. El punto más estrecho en la llanura donde se libró la Batalla de las Termópilas, probablemente, habría sido de menos de 100 metros de ancho. Entre el año 480 a. C. y el siglo XXI, la línea de costa se ha retirado hasta 9 km en algunos lugares, eliminando los puntos más estrechos del paso y aumentando considerablemente el tamaño de la llanura alrededor de la desembocadura del Esperqueo. La Anfictionía de Delfos celebraba allí sus asambleas.


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