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Ley del Retorno

La llamada Ley del Retorno es una de las leyes más importantes de Israel, ya que concede residencia y, junto con otras leyes, ciudadanía a los judíos de cualquier lugar del mundo que deseen emigrar a este país. A través de esta Ley todas las personas judías o descendientes de judíos hasta tercera generación como hijos, nietos, sus cónyuges e hijos menores de edad de los cónyuges, tienen derecho a emigrar a Israel y recibir la ciudadanía israelí con sus beneficios, derechos y obligaciones. Una de las principales aspiraciones del sionismo, movimiento fundador de Israel, era la inmigración de cuantos judíos fuera posible a lo que entonces era el Mandato Británico de Palestina; así, desde el nacimiento del sionismo, numerosos judíos, animados tanto por estas ideas como por la terrible situación que vivían en Europa, se trasladaron a Israel. Cuando, tras aprobar la ONU un plan para la creación de un estado judío y otro árabe en la región, surgió el Estado de Israel, pareció natural que hubiera una ley que continuara la política de favorecer la inmigración judía. Aunque los movimientos migratorios importantes de judíos regresando a su hogar ancestral se inició en el siglo XIX…

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No obstante, no fue hasta que acabó la Guerra de Independencia cuando la Knéset, el parlamento israelí, aprobó el primer texto de la Ley del Retorno del 5 de julio de 1950. Este primer borrador concedía trato de oleh (inmigrante en hebreo, forma femenina: olah, plural: olim) a todo judío que deseara establecerse en Israel. La posterior Ley de Ciudadanía del 1 de abril de 1952 otorgaba nacionalidad israelí a todos los olim., deriva del verbo laalot, que significa ascender en hebreo, porque para el judaismo Israel es el punto más alto del mundo. La Ley del Retorno ha sufrido dos modificaciones en su historia; la primera de ellas, en 1954, de carácter técnico y la segunda de ellas, en 1970, para extenderla al cónyuge de un oleh y a sus hijos y nietos, junto a sus respectivos cónyuges.

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Esta segunda extensión de la ley, que permite la obtención de la ciudadanía a cualquier persona que hubiera sido perseguida bajo las Leyes de Núremberg de la Alemania nazi, pretendía facilitar la emigración de las familias cuyos miembros no fueran todos judíos, así como de descendientes de judíos. Esta ley ha resultado, desde su entrada en vigor, polémica en muchos aspectos, que van desde aquellas que conciernen a detalles técnicos a las que cuestionan la ley en su totalidad. Algunas asociaciones, dentro y fuera de Israel, critican que exista una ley que, desde su punto de vista, favorece a un grupo de personas sobre el resto. Según estas asociaciones, una ley de ese tipo, expresamente referida a la inmigración, es anticonstitucional. Los defensores de la ley, sin embargo, señalan que Israel ha sido concebido desde sus inicios como un refugio para todos los judíos del mundo y que esa ley no impide a personas que no son judías convertirse en ciudadanos israelíes. Existen leyes similares en muchos países, que favorecen a los descendientes de los nacionales de dicho país. Sin embargo, sus críticos sostienen que estas leyes no serían equiparables a la Ley del Retorno, puesto que esta última se refiere a los judíos y no propiamente a los descendientes de los israelíes. Por su parte, sus defensores consideran que no hay contradicción pues el Estado de Israel nace bajo la idea de que los judíos son los legítimos descendientes de la Tierra de Israel.

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La ley israelí es probablemente más similar a la ley de repatriación griega, según la cual no se requiere un ancestro con ciudadanía o nacido en la “patria” y la cual exige evidencia de membresía en alguna comunidad étnica y religiosa de la milenaria diáspora griega. Uno de los puntos más polémicos en las negociaciones entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina, junto al estado final de Jerusalén, es el derecho de retorno de los refugiados palestinos. Mientras que los defensores del derecho de retorno afirman que el hecho de que exista éste para los judíos y no para los árabes que abandonaron la zona durante la guerra de Independencia es discriminatorio, los que se oponen a la existencia de dicho derecho señalan que un gran número de judíos han abandonado los países árabes sin que se les haya reconocido la condición de exiliados, y que los árabes que se quedaron en Israel gozan hoy de plena ciudadanía…[1]

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[1] La Ley del Retorno no define qué se entiende por judío, quedando en manos del Ministerio de Interior decidir cuando la ley es aplicable o no, lo que ha motivado numerosos recursos a la corte suprema. De particular intensidad han sido los debates relativos a las conversiones: ¿Es la ley aplicable a judíos que se hayan convertido a otra religión?: En la década de 1950 un sacerdote católico polaco, judío de nacimiento y convertido al cristianismo, solicitó la ciudadanía israelí con base en la Ley del Retorno. El gobierno de Israel, en una decisión que contó con respaldo judicial, denegó dicha petición argumentado que un judío que se ha convertido a otra religión pierde su derecho a considerarse judío. Desde la modificación de 1970 el texto de la ley recoge explícitamente que ésta no es aplicable a personas que se hayan convertido a otra religión. ¿Es la ley aplicable a una persona que se acabe de convertir al judaísmo? Según la ley, ésta es aplicable a cualquier judío, lo que incluye a recién conversos. Sin embargo, el proceso de conversión es diferente en las distintas ramas del judaísmo, y el gobierno de Israel, por razones históricas, concede al Rabinato Supremo, institución dependiente del Ministerio de Asuntos Religiosos, la potestad de evaluar las conversiones. Este Rabinato no aprueba las conversiones realizadas por ramas del judaísmo distinta a la que se conoce, fuera de Israel, como Ortodoxa, y, por tanto, ha sido una fuente de disputas con la diáspora, donde otras ramas son bastante populares. El 31 de marzode 2005 la Corte Suprema de Israel resolvió, por siete votos contra cuatro, que cualquier conversión realizada en el extranjero debería tenerse en cuenta a efectos de la ley del retorno, lo que ha llevado al Rabinato a pedir al gobierno que la ley no tenga en cuenta a nadie que se haya convertido al judaísmo. Por otra parte, han existido variadas situaciones en que la aplicación de la ley genera controversias. Por ejemplo, muchos ciudadanos de países miembros de la ex Unión Soviética durante decenios simularon ser judíos con el objetivo de emigrar hacia Israel, quedándose allí, o utilizando esta primera estación como trampolín para emigrar hacia otros lugares. Otra migración controvertida e importante fue la de los judíos falashas de Etiopía, cuyo reconocimiento por la ley judía fue igualmente muy polémico, hasta la aceptación de su filiación y derecho al retorno por parte del gran rabino de Israel. La huída de los etíopes judíos se había llevado a cabo de manera dramática, caminando con equipamiento precario a través del desierto de Sudán.


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