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Heinrich Schliemann

Era hijo de un humilde pastor protestante, aunque bastante culto, que fue el que, a través de sus relatos, le hizo interesarse cuando era un niño por los poemas homéricos. Schliemann cuenta en su autobiografía que en la Navidad de 1829 recibió de su padre como regalo un volumen de historia universal de Georg Ludwig Jerrers y que se sintió muy impresionado por un grabado que representaba a Eneas con su padre Anquises y su hijo Ascanio huyendo de Troya en llamas….

Heinrich Schliemann

A los catorce años tuvo que interrumpir sus estudios para trabajar en una tienda. A causa de la gran cantidad de horas que trabajaba no tenía momentos para estudiar, pero en una ocasión entró en la tienda un molinero borracho llamado Niederhoffer. Según explica Schliemann en su autobiografía, el molinero había sido pastor protestante:

…no había olvidado Homero, puesto que aquella noche en que entró en la tienda, nos recitó más de cien versos del poeta, observando la cadencia rítmica de los mismos. Aunque yo no comprendí ni una sílaba, el sonido melodioso de las palabras me causó una profunda impresión. Desde aquel momento nunca dejé de rogar a Dios que me concediera la gracia de poder aprender griego algún día.

Schliemann trabajó en tiendas durante cinco años, pero tras un accidente decidió cambiar de ocupación. Embarcó rumbo a Colombia, pero su barco naufragó en la costa de Holanda y se salvó junto a varios compañeros en un bote salvavidas. En Ámsterdam fingió estar enfermo para que lo llevaran a un hospital y recibió ayuda de un amigo de Hamburgo que era agente naviero. Poco después, con ayuda del cónsul general prusiano, empezó a trabajar en una oficina de comercio. Allí sellaba letras de cambio y llevaba y traía cartas al correo. Durante este periodo, a pesar de vivir en condiciones precarias, se dedicó a estudiar varios idiomas. A los 22 años dominaba siete idiomas y entró a trabajar en una compañía comercial, la casa Schröder. A los 24 años aprendió ruso, puesto que la casa Schröder exportaba añil a Rusia. Fue enviado como representante a San Petersburgo y a Moscú en 1846. Allí se desenvolvió exitosamente y se independizó como negociante. En 1851 abrió una oficina de reventa de polvo de oro. A los 30 años ya tenía una enorme fortuna. Mientras, viajaba a las grandes capitales europeas y, cuando estaba en Londres, solía visitar el museo Británico, donde disfrutaba de las antigüedades egipcias. En 1852 se casó con una aristócrata rusa con quien tendrá tres hijos. A los 33 años dominaba 15 idiomas. Entre 1851 y 1859, realizó viajes de negocios llegando a radicarse temporalmente en California, donde se hizo banquero e incrementó su fortuna. Durante esta época estuvo gravemente enfermo de tifus, pero se restableció y regresó a Europa. Viajó por Oriente Medio y, al volver a Rusia, aprovechó el bloqueo provocado por la guerra de Crimea para hacer comercio de armas, provisiones y acero. En 1866, después de trasladarse a París, comenzó a estudiar Ciencias de la Antigüedad y Lenguas Orientales en la Universidad de la Sorbona. Entretanto compró un campo de cultivo de caña de azúcar en Cuba. A pesar de todo realizaba sus viajes en segunda clase, llegando a visitar Egipto, China, India y Japón. Una visita a Pompeya, que durante un tiempo se creyó una leyenda, le hizo recordar los relatos de su padre sobre la Guerra de Troya, la mítica expedición de una coalición griega para rescatar a Helena de su cautiverio a manos de los troyanos, y comenzó a preguntarse si no estaría también basada en hechos reales.

En 1868 visitó Grecia por primera vez. Entre los lugares que visitó, se encontraba la isla de Ítaca, donde contrató algunos hombres para realizar pequeñas excavaciones en las que realizó escasos hallazgos. También estuvo en Micenas y, tras cruzar los Dardanelos, recorrió a caballo la llanura de Troya. Ese año conoció a Frank Calvert, cónsul británico en los Dardanelos, quien compró la mitad de la colina de Hissarlik, en Turquía, donde los estudiosos de la antigüedad ubicaban Troya. En 1869, Schliemann se divorció. Se casó en segundas nupcias con una mujer griega de tan sólo 16 años, Sophia Engastromenos, sobrina de un amigo sacerdote a quien había conocido en San Petersburgo, llamado Vimpos. Ese mismo año obtuvo su doctorado en Arqueología. Con Sophia tuvo dos hijos a los que puso nombres de héroes homéricos: Andrómaca y Agamenón. Convencido de que los poemas de Homero describían una realidad histórica, emprendió expediciones en Grecia y Asia Menor para encontrar los lugares descritos en ellos. En Hissarlik, Heinrich Schliemann descubrió, en 1870, las ruinas de Troya. Sus colaboradores destruyeron algunos restos de las capas centrales a causa de sus prisas por alcanzar los estratos más antiguos. En algunas fases de las excavaciones fue acompañado por su esposa, que solía clasificar los fragmentos de cerámica y otros restos arqueológicos que eran hallados. Existieron numerosas dificultades durante las excavaciones, algunas de ellas derivadas de que nunca hasta entonces se había realizado una excavación de tal envergadura y las producidas por el clima del lugar, que favorecía enfermedades como la malaria. Schliemann distinguió entre varios estratos correspondientes a distintas fases de ocupación de Troya. Inicialmente creyó que el correspondiente a Troya II era la Troya cantada en la Ilíada. En 1873 descubrió una colección de objetos y joyas de oro que llamó Tesoro de Príamo. La hizo trasladar ilegalmente a Grecia y por ello, en 1874, fue acusado de robo de bienes nacionales por el Imperio otomano y luego condenado a pagar una multa. Para volver a tener la posibilidad de que las autoridades turcas le permitieran volver a excavar en el futuro, pagó una indemnización mayor y donó algunos hallazgos al museo de Constantinopla. Por otra parte, la comunidad científica cuestionaba sus métodos y sus resultados.

Poco después realizó grandes descubrimientos en Micenas, de cuyas ruinas hasta entonces solo se conocían la puerta de los Leones, la muralla ciclópea adosada a ella y el llamado Tesoro o tumba de Atreo. Schliemann llegó a un acuerdo con las autoridades griegas mediante el cual pudo excavar en Micenas con el derecho exclusivo de informar de sus descubrimientos durante un limitado período a cambio de entregar todo lo que hallase en las excavaciones y de sufragar todos los gastos. Usó la obra de Pausanias para localizar las tumbas entre las cuales se creía que se encontraba la correspondiente al legendario Agamenón. Anteriormente los eruditos habían interpretado erróneamente las indicaciones de las tumbas legendarias de las que hablaba Pausanias, creyendo que estaban ubicadas todas fuera de la muralla de la acrópolis. En las excavaciones halló cinco tumbas en un recinto que ha sido llamado Círculo funerario A con un total de 20 cadáveres y en torno a ellos abundantes y ricos ajuares funerarios, con numerosos objetos de oro, bronce, marfil y ámbar. Además halló sesenta dientes de jabalí y un numeroso grupo de sellos con grabados de escenas religiosas, de luchas o de caza. Stamakatis, que había sido designado por el gobierno griego para controlar el trabajo de Schliemann y vigilar que todo lo que se encontrase quedase en Grecia, continuó con la excavación en 1877. Descubrió una tumba más. En 1877 volvió a Ítaca, exploró la isla en busca de restos arqueológicos y realizó algunos sondeos, pero sin resultados. En 1880 excavó en Orcómeno, donde encontró un tipo de cerámica que llamó cerámica minia. También descubrió una tumba del tipo tholos, de época micénica. En 1876 había iniciado unos pequeños sondeos en Tirinto y en 1884, junto con Dörpfeld, regresó para excavar a mayor escala allí, inspirado en los datos que sobre esta ciudad habían escrito Homero y Pausanias. Desenterró un palacio micénico de considerables dimensiones.

Schliemann volvió durante tres campañas a Troya. En ellas, su colaborador más valioso fue Wilhelm Dörpfeld. Por los hallazgos de cerámica en estas campañas, Schliemann admitió su error en su creencia inicial de que el estrato de Troya II era el correspondiente a la ciudad homérica, y en cambio ésta debía identificarse con Troya VI. Uno de los hallazgos más llamativos de la última campaña fue el denominado tesoro L, que constaba de cuatro hachas ceremoniales que trasladó también ilegalmente a Grecia. En sus últimos meses de vida padeció graves dolencias del oído. En diciembre de 1890 cayó desvanecido en la Plaza della Santa Caritá de Nápoles y perdió la facultad de hablar. Cuando por fin se averiguó su identidad, su médico observó que sus dolencias de oído habían afectado al cerebro y murió al día siguiente. Sus restos mortales fueron llevados a Atenas…[1]

La Factoria Historica


[1] El Hombre de Troya, autobiografía (1892) Compuesta por Adolf Brückner y Sophia Schliemann sobre textos del propio Schliemann, Madrid, INTERFOLIO, 2010, ISBN: 9788493769413; Siebler, Michael, La guerra de Troya. Mito y realidad, Barcelona, Ariel, 2005, ISBN 84-344-6773-9; Moreu, Carlos. La guerra de Troya. Madrid, Oberon, 2005. ISBN 84-96052-91-5; Cottrell, Leonard. El toro de Minos. México D.F., Fondo de cultura económica, 1958. ISBN 968-16-0750-3.

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