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Batalla del bosque de Teutoburgo

Siguiendo la política de nombrar para puestos de responsabilidad solamente a parientes, Augusto había elegido como gobernador romano de Germania a Publio Quintilio Varo, que se había casado con una hija de su general Marco Agripa aunque provenía de una familia que había dado apoyo al bando de Marco Antonio en la Cuarta Guerra Civil de la República de Roma. Aun no siendo un general destacado, Varo había servido ya en Siria como gobernador y había sofocado una rebelión de los judíos. Según Veleyo Patérculo, Varo era una persona codiciosa, lento de mente y cuerpo, más dado a la molicie que a la disciplina del campamento y que pensaba que se podía someter a los germanos con la fuerza de la Ley más que con la de la Espada, aunque es evidente que este retrato tan poco favorecedor debe verse desde una óptica crítica. En el 9 a. C., Varo cruzó el Rin con sus tropas y estableció los campamentos de verano de sus tres legiones, como la XVII, XVIII y la XIX, de unos 5.000 hombres cada una, en territorio querusco. Dos legiones quedaron en la otra orilla del río. Sus propios cuarteles avanzados estaban en la orilla occidental del río Weser, probablemente cerca de la actual ciudad de Minden…

Batalla del bosque de Teutoburgo

Las causas últimas de la rebelión, además de en el ánimo independiente que caracterizaba a los germanos según los autores clásicos, hay que buscarlas en el intento que hizo el propio Varo por imponer el sistema jurídico romano y por una excesiva presión impositiva. Según las fuentes, Varo trabó particular relación con los queruscos. tribu que ocupaba la zona en torno a la moderna ciudad de Hannover, incluido un destacado joven de ella, Arminio, de 25 años; éste era jefe de un contingente de auxilia, y, además, ciudadano romano y miembro de la clase de los equites. Quizás por ello no adivinó que el germano lo veía como un invasor y conspiraba contra él con los jefes de otros grupos germanos: marsos, chatti y brúcteros. Algunos de los jefes trataron de prevenirle, pero Varo prestó más atención a Arminio y los queruscos, llegando a conceder a los conspiradores destacamentos de legionarios, bajo la excusa de que los necesitaban para guarnecer ciertos puestos y escoltar los convoyes de suministro para el ejército romano. Cuando acabó el verano y llegó el momento de levantar los cuarteles para trasladarse hacia el Rin a fin de pasar el invierno, recibió un informe acerca de un levantamiento local que le indujo a dar respuesta inmediata, en la mejor tradición romana, aunque tenía que efectuar un rodeo hacia el noroeste a través de una agreste región boscosa al frente de un ejército entorpecido por una enorme cantidad de equipaje, y al que había que añadir una buena cantidad de civiles que seguían a las legiones en sus desplazamientos, desde comerciantes de todo tipo a prostitutas, amén de esclavos personales y algunas de las familias de los oficiales. El orden de marcha del ejército de Varo es desconocido, pero según el autor Flavio Josefo, que describe el orden de marcha típico del ejército romano, cabe esperar que fuese el siguiente:

1.Arqueros y auxiliares, que actuaban como exploradores. 2. La vanguardia: una legión (cerca de 5.000 hombres) apoyados por 120 jinetes. 3. Pioneros o zapadores, que mejoraban la calle y al final del día construían el campamento. 4. La primera parte del bagaje: las posesiones del general y de los oficiales. 5. El general y sus extraordinarii o guardia de corps. 6. La caballería de las siguientes dos legiones (240 jinetes). 7. La segunda parte del tren: mulas con la artillería romana. 8. Los suboficiales y los portaestandartes (aquilifer). 9. La fuerza principal: dos legiones (cerca de 10.000 hombres). 10. La tercera parte del tren: el bagaje de los soldados. 11. La retaguardia: tropa auxiliar

Tanto Arminio como los exploradores germanos habían abandonado la formación, y la columna romana avanzaba muy lentamente debido a la cantidad demasiado grande de hombres, sirvientes y equipajes y además posiblemente iban derribando árboles y haciendo senderos y caminos sobre los pantanos, hasta que llegaron a un espeso bosque. Al parecer, los germanos habían cortado los troncos de los árboles a los lados de la marcha del ejército romano, aunque de tal manera que aún se sostenían en pie, y aprovechando que se desató una tremenda tormenta, los empujaron de tal modo que cayeron sobre las legiones provocando el consiguiente desorden en sus filas; aprovechándose de dicho desconcierto, los germanos se lanzaron al ataque, en primer lugar mediante una lluvia de dardos, pero una vez sembrada la confusión, se trabaron en un cuerpo a cuerpo que los romanos no pudieron resistir debido al desorden que no les había permitido formarse correctamente. Los hallazgos arqueológicos en Kalkriese parecen apoyar esta versión de Dión Casio y señalar un primer choque, quizá contra el destacamento del legado, pero, según este autor latino y otras fuentes, Varo no murió ese día. Tras el primer asalto que, aunque debió haber sido una gran sorpresa, no pudo ser de la contundencia necesaria para vencer a tres legiones compuestas de profesionales que no podían ser derrotados de un solo golpe, ni siquiera cuando estaban siendo atacados en terreno difícil, las legiones intentaron reagruparse y salieron a terreno despejado, pero en cuanto penetraron de nuevo en los densos bosques que les rodeaban, los germanos volvieron al ataque. El pesado equipo de las legiones, el scutum, dos pila, la espada, o la lorica, era muy apropiado para los enfrentamientos en terrenos despejados, pero en lugares como Teutoburgo no eran más que impedimenta. Sin embargo, los germanos mucho más ligeramente armados tenían una movilidad mayor que les permitía atacar y alejarse rápidamente antes de sufrir considerables daños. Ante esta situación el jefe de la caballería romana, Numonio Vala, perdió la calma y huyó a la cabeza de su regimiento con la esperanza de alcanzar el Rin, pero tanto él como su destacamento fueron alcanzados y aniquilados. Varo fue herido y se dio cuenta de lo que le harían los germanos si lo capturaban con vida. Para evitar tal destino, se suicidó, y algunos miembros de su Estado Mayor siguieron su ejemplo. Los dos legados que quedaron al mando no sobrevivieron mucho tiempo: uno de ellos, Lucio Egio, ofreció equivocadamente una capitulación, que se convirtió en matanza, y el otro, llamado Cejonio, cayó luchando cuando los queruscos entraron al asalto de su campamento, que había formado con carros de la impedimenta. Los germanos quemaron el cadáver de Varo, le cortaron la cabeza y se la enviaron a Augusto en Roma, donde a pesar de todo, fue enterrada con honores en el panteón familiar.

El resto de las tropas, diseminadas y sin oficiales o jefes, intentaron una retirada que les llevó a pasar por la plaza fuerte de los germanos, en las laderas de la colina Kalkriese, lugar cercano a la actual Osnabrück, pero no debieron haber podido destruir la posición germana. Los restos arqueológicos sugieren que hubo luchas al pie de la colina y que los legionarios siguieron a lo largo de la elevación, por lo que los guerreros germánicos debieron haber matado a muchísimos de ellos desde arriba. El registro arqueológico indica que debió haber luchas en el desfiladero y que los romanos fueron expulsados; los legionarios abandonaron el bagaje o lo quemaron y los grupos dispersos por la región fueron cazados y exterminados a lo largo de las jornadas siguientes El joven oficial Casio Querea, que se haría famoso en la Historia por matar al emperador Calígula, dirigió la huida de algunos legionarios amparados por la oscuridad de la noche, gracias a los cuales se conoció la historia del desastre. Es imposible calcular las bajas que se produjeron en uno y otro campo. Las romanas debieron ser enormes, ya que las legiones estaban compuestas por unos 5.000 a 6.000 hombres, más las cohortes auxiliares y los civiles: la mayoría fueron muertos o capturados y ofrecidos como sacrificio, como era costumbre entre los pueblos germanos y celtas. En cuanto a las bajas germanas, hubo de haberlas, pero son absolutamente incuantificables. La clades variana ‘la derrota de Varo’ alteró al Emperador Augusto más que ninguna otra cosa en su larga vida. El historiador romano Suetonio señaló que aquél se tomó el desastre tan a pecho que «siempre celebró el aniversario como un día de profundo pesar» y «a menudo se golpeaba la cabeza contra una puerta y gritaba: “Quintili Vare, legiones redde! = ¡Varo, devuélveme mis legiones!”». Se extendió un temor a que la derrota provocara una invasión de los germanos y una rebelión de los galos, que no se produjo, ante lo que el emperador tomó medidas enérgicas: destituyó a todos los germanos y galos que había en su guardia personal y adoptó la decisión de mandar a su sobrino Julio César Germánico a rescatar las águilas de las tres legiones, objetos sagrados para los romanos, enviándolo al mando de ocho legiones, unos 50.000 hombres, pero no con la intención de conquistar la zona, sino más bien de hallar el lugar de la batalla, dar a los muertos el destino necesario, recuperar lo posible y, sobre todo, para no dar una imagen de debilidad. Germánico cumplió con todo lo encomendado, en especial encontrando el sitio del desastre. Julio César Germánico, aunque no logró capturar ni matar a Arminio, lo derrotó en la Batalla de Idistaviso y aplastó su levantamiento.Tras recuperar los objetos sagrados, sobre todo, los estandartes, volvió a Roma en triunfo y depositó las águilas y demás objetos encontrados en el Templo de Júpiter. El sitio exacto de la batalla de Teutoburgo fue desconocido durante mucho tiempo habiéndose propuesto un gran número de emplazamientos posibles. El historiador alemán Theodor Mommsen ubicó la batalla cerca de las fuentes del Hunte, al norte de Osnabrück y lejos de las colinas; pero la mayoría de los eruditos preferían algún sitio en la parte central de la cadena montañosa boscosa de Teutoburgo, de 110 km de largo y de unos 10 km de ancho. Hasta que en 1987 un arqueólogo aficionado británico, Anthony Clunn, halló 162 monedas romanas conocidas como denarios y tres bolas de plomo del tipo usado en las hondas del ejército romano, y la posterior investigación a cargo de los arqueólogos profesionales dirigidos por Wolfgang Schlüter, condujo a una prueba convincente de que la batalla tuvo lugar al norte de la colina Kalkriese, (52°26′29″N 8°08′26″E) entre los pueblos de Engter y Venne, en el borde norte del bosque de Teutoburgo, 15,5 km al nornoroeste de la moderna ciudad de Osnabrück, 180 km al noreste de Colonia, Alemania. El sitio es uno de los pocos lugares donde los arqueólogos han descubierto el lugar de una batalla abierta. Estas excavaciones y los hallazgos efectuados han contribuido decisivamente a la comprensión de lo que pasó en la emboscada. En el lugar de la emboscada se ha construido un museo que alberga buena parte de los descubrimientos hechos en las excavaciones, así como representaciones de la batalla y dioramas.

Cabe decir que la batalla fue realmente importante, pero menos de lo que tradicionalmente se ha venido en considerar: así, es cierto que el Imperio romano marcó su límite en Germania, y los emperadores romanos aceptaron que el coste de someter a esas regiones era demasiado alto para lo que podían ofrecer, pero también lo es que no tuvo mayores consecuencias. Los romanos quedaron en posesión de una estrecha franja de terreno, como cabeza de puente, entre los ríos Rin y Danubio, los llamados Campos Decumanos, que fue fortalecida mediante un sistema de empalizadas y torres de vigilancia, alternados con auténticos campamentos legionarios, lo que se denominó limes, desde donde examinaban con atención los acontecimientos transrenanos y, de vez en cuando, hacían incursiones en terreno germano. El prestigio militar de Roma no se vio en realidad muy mermado, ya que lo recuperó en gran medida gracias a las expediciones y victorias de Julio César Germánico, pero la matanza sí constituyó un hecho luctuoso de gran magnitud, y en su momento incluso de alarma, hasta tal punto que los números de las legiones derrotadas como las XVII, XVIII y XIX jamás fueron vueltos a utilizar en toda la historia militar del Imperio romano..[1]

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La Factoria Historica


[1] CASIO DIÓN, LUCIO. Historia Romana. Obra completa (en prensa). 2 volúmenes traducidos al español. Madrid: Editorial Gredos. 1.Volumen I: Libros I a XXXV. 1° edición revisada, 1° reimpresión; 2004. ISBN 978-84-249-2728-8. 2.Volumen II: Libros XXXVI a XLV. 1° edición revisada, 1° reimpresión; 2004. ISBN 978-84-249-2729-5. JULIO CÉSAR, CAYO. Guerra de las Galias. Obra completa. 3 volúmenes en latín con dos traducciones al español. Madrid: Editorial Gredos. 1.Volumen I: Libro I & Libro II & Libro III. Traducción de Valentín García Yebra y de Hipólito Escolar. 2° edición revisada, 3° reimpresión; 1980. ISBN 978-84-249-3547-0. 2.Volumen II: Libro IV & Libro V & Libro VI. Traducción de Valentín García Yebra y de Hipólito Escolar. 2° edición revisada, 3° reimpresión; 1986. ISBN 978-84-249-1020-6. 3.Volumen III: Libro VII. Traducción de Valentín García Yebra y de Hipólito Escolar. 2° edición revisada, 1° reimpresión; 2001. ISBN 978-84-249-1021-4. ———-. Guerra Civil. Obra completa. 1 volumen en latín con traducción al español. Buenos Aires: Editorial Malke.  1.Volumen I: Libro I & Libro II & Libro III. Traducción de Eugenio López Arriazu. 1° edición revisada; 2006. ISBN 978-987-22336-2-4. ———-/HIRCIO, AULO/OPIO, CAYO. Guerra Civil. Guerra de Alejandría. Guerra de Africa. Guerra de Hispania. Obra completa. 1 volumen traducido al español. Madrid: Editorial Gredos. 1.Volumen I: Obra completa. 1° edición revisada, 1° reimpresión; 2005. ISBN 978-84-249-2781-3. LIVIO, TITO. Historia de Roma desde su Fundación. Obra completa. 8 volúmenes traducidos al español. Madrid: Editorial Gredos. 1.Volumen I: Libros I a III. 1° edición revisada; 1997. ISBN 978-84-249-1434-9. 2.Volumen II: Libros IV a VII. 1° edición revisada; 1990. ISBN 978-84-249-1429-5. 3.Volumen III: Libros VIII a X. 1° edición revisada; 1990. ISBN 978-84-249-1441-7. 4.Volumen IV: Libros XXI a XXV. 1° edición revisada; 1993. ISBN 978-84-249-1608-4. 5.Volumen V: Libros XXVI a XXX. 1° edición revisada; 1993. ISBN 978-84-249-1609-1.  6.Volumen VI: Libros XXXI a XXXV. 1° edición revisada; 1993. ISBN 978-84-249-1620-6.  7.Volumen VII: Libros XXVI a LX. 1° edición revisada; 1993. ISBN 978-84-249-1629-9.  8.Volumen VIII: Libros XLI a XLV. 1° edición revisada; 1994. ISBN 978-84-249-1643-5. PLUTARCO, MESTRIO. Vidas Paralelas. Obra completa. 8 volúmenes traducidos al español. Madrid: Editorial Gredos. 1.Volumen I: Teseo & Rómulo; Licurgo & Numa. 1° edición revisada; 1985. ISBN 978-84-249-0985-7.  2.Volumen II: Solón & Publícola; Temístocles & Camilo; Pericles & Fabio Máximo. 1° edición revisada; 1996. ISBN 978-84-249-1796-8. 3.Volumen III: Coriolano & Alcibíades; Paulo Emilio & Timoleón; Pelópidas & Marcelo. 1° edición revisada; 2006. ISBN 978-84-249-2860-5. 4.Volumen IV: Arístides & Catón; Filopemen & Flaminino; Pirro & Mario. 1° edición revisada; 2007. ISBN 978-84-249-2867-4. 5.Volumen V: Lisandro & Sila; Cimón & Lúculo; Nicias & Craso. 1° edición revisada; 2007. ISBN 978-84-249-2870-4. 6.Volumen VI: Alejandro & César; Agesilao & Pompeyo; Sertorio & Eumenes. 1° edición revisada; 2007. ISBN 978-84-249-2881-0. 7.Volumen VII: Demetrio & Antonio; Arato & Artajerjes; Galba & Otón; Dión & Bruto. 1° edición revisada; 2009. ISBN 978-84-249-3597-9. 8.Volumen VIII: Foción & Catón el Joven; Demóstenes & Cicerón. 1° edición revisada; 2010. ISBN 978-84-249-0865-2. SALUSTIO CRISPO, CAYO. Conjuración de Catilina. Obra completa. 1 volúmen en latín con traducción al español. Buenos Aires: Editorial Losada. 1.Volumen I: Obra completa. Introducción, traducción y notas de María Eugenia Steinberg. 1° edición revisada, 1° reimpresión; 2007. ISBN 978-950-03-9523-6. ———-. Guerra de Jugurta. Obra completa. 1 volúmen en latín con traducción al español. Madrid: Editorial Gredos.  1.Volumen I: Obra completa. Traducción de Joaquín González Álvarez. 3° edición revisada, 5° reimpresión; 1990. ISBN 978-84-249-3420-2.  ———-. Conjuración de Catilina. Guerra de Jugurta. Historias. Cartas a César. Contra Cicerón. Obra completa. 1 volúmen traducido al español. Madrid: Editorial Gredos. 1.Volumen I: Obra completa. Introducción, traducción y notas de B. García Ramos. 1° edición revisada, 1° reimpresión; 1997. ISBN 978-84-249-1879-8. SUETONIO TRANQUILO, CAYO. Vidas de los Doce Césares. Obra completa. 2 volúmenes traducido al español. Madrid: Editorial Gredos. 1.Volumen I: César & Augusto & Tiberio. Introducción de Ramírez Verger. Traducción de Rosa María Cubas. 1° edición revisada, 2° reimpresión; 1992. ISBN 978-84-249-1492-9. 2.Volumen II: Calígula & Claudio & Nerón & Galba/Otón/Vitelio & Vespasiano/Tito/Domiciano. Traducción de Rosa María Cubas. 1° edición revisada, 2° reimpresión; 1992. ISBN 978-84-249-1494-5.

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