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La decadencia del imperio británico

Tras la Primera Guerra Mundial el Imperio británico vio su período de máxima extensión, ya que Gran Bretaña obtuvo el control de Palestina y Mesopotamia a través del mecanismo del mandato de la Sociedad de Naciones, tras la caída del Imperio otomano en el Oriente Próximo, así como las antiguas colonias alemanas en Tanganica, África Sudoccidental, actual Namibia, y Nueva Guinea Alemana, las dos últimas quedaron bajo control de Sudáfrica y Australia, respectivamente. Las zonas ocupadas por Gran Bretaña en Alemania tras la guerra no fueron consideradas parte del Imperio…

La decadencia del imperio británico

Aunque Gran Bretaña emergió como uno de los vencedores de la guerra y su dominio se extendió a nuevas áreas, los elevados costes de la guerra minaron su capacidad financiera para mantener aquel vasto imperio. Los británicos habían sufrido miles de bajas y liquidado sus recursos financieros a un ritmo alarmante, que condujo al aumento de la deuda. El sentimiento nacionalista creció tanto en las colonias nuevas como en las antiguas, alimentado por el orgullo derivado de la participación en el conflicto de muchos de aquellos súbditos, como tropas imperiales. Durante los años veinte, el estatus de dominio se transformó notablemente. Aunque los dominios no tuvieron voz en la declaración formal de guerra en 1914, todos ellos fueron incluidos por separado entre los firmantes del tratado de paz de Versalles en 1919, que había sido negociado por una delegación del Imperio encabezada por Gran Bretaña. En 1922 los reparos por parte de los dominios para apoyar la acción militar británica contra Turquía influyeron en la decisión de buscar un compromiso. La independencia de los dominios se formalizó en 1926 mediante la Declaración Balfour y el Estatuto de Westminster de 1931: de entonces en adelante, cada dominio era igual en estatus a la misma metrópoli, libre de interferencias legislativas provenientes de Gran Bretaña y autónomo en sus relaciones internacionales.

Canadá fue pionera, convirtiéndose en el primer dominio que concluyó de modo totalmente independiente un tratado internacional en el 1923. La primera representación diplomática permanente de Canadá en un país extranjero se abrió en Washington en 1927: Australia le siguió en 1940. El Estado Libre de Irlanda, acordó el estatus de dominio en 1922 tras una amarga guerra contra Gran Bretaña, aunque anuló su relación constitucional con la corona en 1937 cambiando su nombre por el de Éire, convirtiéndose en la República de Irlanda fuera de la Commonwealth desde 1949. Egipto, formalmente independiente desde 1922 pero vinculado a Gran Bretaña por tratado hasta 1936 y bajo ocupación militar parcial hasta 1956 por el Tratado Anglo-Egipcio de 1936: ocupación militar del Canal de Suez, base naval de la “Mediterranean Fleet” en Alejandría, base militar en El Cairo, condominio sobre Sudán y promesa de ayuda de Egipto al Imperio en caso de guerra, mantuvo una estrecha vinculación al Imperio. Irak, que se convirtió en Protectorado Británico en 1922, alcanzó la independencia en 1932, aunque quedó bajo tutela bajo el Tratado Anglo-Iraquí de 1930, hasta la caída de la monarquía en 1958 gracias al mantenimiento de ciertas bases militares británicas en su territorio y a los acuerdos de colaboración militar y petrolera. El crecimiento de los movimientos nacionalistas anticolonialistas en los territorios súbditos durante la primera mitad del siglo XX desafió a una potencia imperial, que cada vez tenía que preocuparse más por asuntos más cercanos, en especial tras la Segunda Guerra Mundial. Aprovechando esta oportunidad, primero la India, y tras ella otros territorios de Asia y de África reclamaron convertirse en estados independientes. Tras algunos intentos desastrosos de evitarlo, Gran Bretaña tuvo que aceptar la nueva situación que condujo al antiguo Imperio a convertirse en lo que hoy en día es la Commonwealth.

El final del Imperio se unió a los problemas económicos que Gran Bretaña tuvo que afrontar tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. La crisis económica de 1947 obligó al gobierno laborista de Clement Attlee a abandonar el puesto de primera potencia mundial y a aceptar la preponderancia estratégica de los Estados Unidos. Gran Bretaña se embarcó en un tortuoso realineamiento con Europa Occidental que permanece a la espera de una solución definitiva. La declaración de hostilidades contra Alemania en septiembre de 1939 no comprometía a más dominios que a Australia, que aún no había adoptado legalmente el Estatuto de Westminster. Los otros dominios declararon la guerra de modo independiente, excepto Eire, que había negociado la retirada de las fuerzas británicas de su territorio el año anterior y que prefirió ser neutral durante la guerra. La Segunda Guerra Mundial debilitó el ya débil liderazgo financiero y comercial de Gran Bretaña, acentuando la importancia de los dominios y de los Estados Unidos como fuente de asistencia militar. El primer ministro australiano John Curtin tomó la decisión sin precedentes en 1942 de retirar las tropas australianas que defendían Birmania demostrando que no se podía esperar que los gobiernos de los dominios actuaran en defensa de la metrópoli y no de sus propios intereses nacionales. Tras la guerra, Australia y Nueva Zelanda se unieron a los Estados Unidos a través del tratado regional de seguridad (ANZUS), en 1951. Gran Bretaña buscaba desde 1961 lo que consiguió en 1973, unirse a la Comunidad Europea, lo que debilitó los vínculos comerciales con los dominios en lo referente a su acceso privilegiado al mercado británico. En el Caribe, África, Asia y el Pacífico, la descolonización durante la posguerra se efectuó con prisa, dado el crecimiento de los cada vez más poderosos movimientos nacionalistas. Gran Bretaña rara vez luchó para retener algún territorio. Las limitaciones de Gran Bretaña se mostraron de modo humillante durante la Crisis de Suez de 1956 en la que los Estados Unidos se opusieron a la intervención anglo-francesa en Egipto; puesto que aquella aventura podía poner en riesgo los intereses estadounidenses en el Próximo Oriente. La independencia de la India en 1947 acabó con la lucha mantenida por el Congreso Nacional Indio durante 40 años; primero por el autogobierno y después por la soberanía. La división territorial entre la India y Pakistán desató la violencia y supuso la pérdida de cientos de miles de vidas. La aceptación por parte de Gran Bretaña y de los otros dominios en el año 1950 del nuevo estatus de república de la India se considera en la actualidad como el inicio de la moderna Commonwealth.

Birmania obtuvo la independencia en 1948 fuera de la Commonwealth, Ceilán en el mismo 1948 y Malaya en 1957 dentro de la misma. El mandato británico en Palestina concluyó en 1948 con la retirada de las tropas y una guerra abierta entre la población árabe y la población judía del territorio. En el Mediterráneo, la guerrilla chipriota promovida por partidarios de la unión con Grecia concluyó en 1960 con un Chipre independiente. El final del Imperio británico en África llegó con una rapidez excepcional, a menudo dejando a los nuevos estados en una mala situación para abordar los retos que planteaba la soberanía: La independencia de Ghana en el 1957 tras diez años de lucha política, fue seguida por la de Nigeria en 1960, Sierra Leona y Tanganyika en 1961, Uganda en el 1962, Kenia y Zanzíbar en el 1963, Gambia en el 1965, Botsuana, antigua Bechuanalandia, y Lesotho, antigua Basutolandia en 1966, y Suazilandia en el año 1968. A la retirada británica del sur y del este de África la complicaba la situación de los pobladores blancos de las regiones: El levantamiento Mau Mau en Kenia ya había mostrado las posibilidades de conflicto, en un contexto en el que los blancos eran terratenientes reluctantes a las reformas democráticas. El gobierno minoritario de los blancos en Sudáfrica continuó siendo un quebradero de cabeza para la Commonwealth hasta el final del sistema de apartheid en 1994.

Aunque la Federación de Rhodesia y Nyasaland, dominada por los blancos, concluyó con la independencia de Malawi, antigua Nyasaland, y Zambia, antigua Rhodesia del Norte, en 1964, la minoría blanca de Rhodesia del Sur, una colonia autogobernada desde 1923, declaró su independencia. El apoyo del gobierno de Sudáfrica mantuvo el régimen hasta 1979, año en el que se alcanzó un acuerdo, basado en la voluntad de la mayoría, del que surgió un independiente Zimbabue. La mayor parte de los territorios británicos en el Caribe optó por una independencia por separado, tras el fracaso de la Federación de las Indias Occidentales: a Jamaica y Trinidad y Tobago en 1962 las siguió Barbados en el año 1966 y las islas más pequeñas del Caribe oriental alcanzaron la independencia en los años setenta y ochenta. Al final de la cesión por 99 años de los Nuevos Territorios, todo Hong Kong fue devuelto a China en 1997…[1]

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[1] Abernethy, David (2000). The Dynamics of Global Dominance, European Overseas Empires 1415–1980. Yale University Press. ISBN 0300093144. Consultado el 22 de julio de 2009; Andrews, Kenneth (1984). Trade, Plunder and Settlement: Maritime Enterprise and the Genesis of the British Empire, 1480–1630. Cambridge University Press. ISBN 0521276985. Consultado el 22 de julio de 2009; Bandyopādhyāẏa, Śekhara (2004). From Plassey to partition: a history of modern India. Orient Longman. ISBN 8125025960; Brendon, Piers (2007). The Decline and Fall of the British Empire, 1781–1997. Random House. ISBN 0224062220. Consultado el 6 de octubre de 2010; Brittain and the Dominions. Cambridge University Press. n.d.; Brown, Judith (1998). The Twentieth Century, The Oxford History of the British Empire Volume IV. Oxford University Press. ISBN 0199246793. Consultado el 22 de julio de 2009; Buckner, Phillip (2008). Canada and the British Empire. Oxford University Press. ISBN 019927164X; Consultado el 22 de julio de 2009; Burke, Kathleen (2008). Old World, New World: Great Britain and America from the Beginning. Atlantic Monthly Press. ISBN 0871139715. Consultado el 22 de julio de 2009; Canny, Nicholas (1998). The Origins of Empire, The Oxford History of the British Empire Volume I. Oxford University Press. ISBN 0199246769. Consultado el 22 de julio de 2009; Clegg, Peter (2005). «The UK Caribbean Overseas Territories». En de Jong, Lammert; Kruijt, Dirk. Extended Statehood in the Caribbean. Rozenberg Publishers. ISBN 90-5170-686-3; Combs, Jerald A. (2008). The History of American Foreign Policy: From 1895. M.E. Sharpe. ISBN 9780765620569; Dalziel, Nigel (2006). The Penguin Historical Atlas of the British Empire. Penguin. ISBN 0141018445. Consultado el 22 de julio de 2009; David, Saul (2003). The Indian Mutiny. Penguin. ISBN 0670911372. Consultado el 22 de julio de 2009; Ferguson, Niall (2004). Colossus: The Price of America’s Empire. Penguin. ISBN 1594200130. Consultado el 22 de julio de 2009; Ferguson, Niall (2004). Empire. Basic Books. ISBN 0465023290. Consultado el 22 de julio de 2009; Fieldhouse, David Kenneth (1999). The West and the Third World: trade, colonialism, dependence, and development. Blackwell Publishing. ISBN 0631194398.

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