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El sistema de marcado en los campos de concentración nazis

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis organizaron una extensa red de campos de concentración y trabajos forzados para albergar a miles de prisioneros de guerra, pesos políticos, judíos y cualquier otra persona que consideraran peligrosa o nociva para el régimen. Las víctimas de la persecución en la Alemania nazi fueron, entre otros, los detractores políticos, especialmente comunistas, socialdemócratas y sindicalistas. Los testigos de Jehová que se negaban a formar parte del ejército nacional o jurar obediencia a Adolf Hitler, también fueron perseguidos. Los nazis hostigaron a los hombres homosexuales alemanes, cuya orientación sexual consideraban un obstáculo para la expansión de la población alemana….

El sistema de marcado

en los campos de concentración nazis

Por Jordi Galofré Diví

Los nazis perseguían a los que consideraban de raza inferior. La ideología racial de los nazis denigraba principalmente a los judíos, pero también difundía odio hacia los romaníes (gitanos) y los negros. Los nazis veían a los judíos como enemigos raciales y los sometían a arresto arbitrario, reclusión y asesinato. También consideraban inferiores a los polacos y otros eslavos, y los elegían para subyugarlos, obligarlos a realizar trabajos forzados. Todos los que no pudieron escapar o esconderse fueron capturados y trasladados a campos de concentración. Estos campos poseían un sistema de marcaje de prisioneros para poder ordenar y controlar tantos prisioneros y por tan distintas razones. El sistema estaba basado principalmente en triángulos invertidos. La forma fue elegida por analogía con las señales de tráfico alemanas indicando peligros para los conductores. Ahora en cambio, advertían a los demás de que quien llevaba una marca era peligroso, por su raza, su naturaleza o sus ideas, y no era más que escoria eliminable a ojos del régimen nazi. Estas marcas eran obligatorias y tenían significados muy concretos que servían para distinguir las razones por las que el prisionero había sido ingresado en el campo. Era un sistema muy eficaz para distinguir rápidamente los males que su portador había causado contra la pureza de la raza aria o el propio estado. Estos triángulos invertidos estaban hechos de tela y se cosían sobre las chaquetas y camisas de los prisioneros. La base del código de marcado eran los colores. Así, diferentes colores denotaban diferentes delitos:

  • Amarillo  para judíos.
  • Rojo para prisioneros políticos.
  • Verde  para criminales comunes.
  • Azul  para emigrantes.
  • Violeta  para testigos de Jehová, Estudiantes de la Bíblia o Los Estudiantes libres de la Bíblia
  • Rosa  para hombres homosexuales.
  • Negro  para mujeres homosexuales, prostitutas, vagos, maleantes, sin techo, inadaptados (jóvenes del swing), retrasados y enfermos mentales, gitanos (al principio), algunos anarquistas, alcohólicos y adictos a drogas.
  • Marrón  para los gitanos.

Estos triángulos se superponían a un triángulo amarillo  para denotar a los prisioneros que además de otros delitos eran judíos. En el caso de los judíos, esto se traducía en una estrella de David o de seis puntas amarilla. Esto podía ocurrir incluso en el caso de presos que habían sido internados por ser testigos de Jehová, ya que según las leyes de Núremberg eran judíos todos aquellos que tuvieran ascendencia judía.

Además del código de colores, los cautivos extranjeros tenían que poner una letra en el centro del triángulo para denotar el país de origen, como por ejemplo: B para belgas (Belgier), F para franceses (Franzosen), P para polacos (Polen), S para españoles (Sicherheitsverwahrter —prisionero en detención preventiva— o Republikanische Spanier —republicano español— En Dachau, los republicanos españoles tenían las letras SP en su triángulo rojo). Además del color asociado al delito, y las letras al país de origen, había otras marcas que incidían aun más en la tipología del preso, llegando a crear una jerarquía interna entre presos. A parte del número de interno, una barra sobre el triángulo del mismo color que este, indicaba reincidencia. Un círculo negro debajo del triángulo indicaba que el prisionero pertenecía a los batallones de castigo.Un símbolo parecido al anterior pero con núcleo rojo se empleaba para los prisioneros de los que se sospechaba intento de fuga. Si el interno llevaba un triángulo rojo  indicaba la pertenencia a las fuerzas armadas. Un brazalete marrón marcaba a los prisioneros especiales. Los que cometían delitos contra la pureza de la raza también estaban marcados. Las mujeres acusadas de «relaciones interraciales» (Rassenschänderin o Judenhure) eran marcadas con un triángulo invertido amarillo  sobre otro negro mientras que los hombres acusados de «relaciones interraciales» (Rassenschänder) eran marcados con un reborde triangular invertido negro sobre un triángulo amarillo. Había muchas combinaciones posibles. Un prisionero tenía habitualmente por lo menos dos marcas, que podían llegar a más de seis.

De esta manera, las marcas clasificaban a los portadores en una categoría, que llevó a una auténtica jerarquía dentro de los campos. Los diferentes grupos así creados tenían una consideración muy distinta entre los vigilantes y demás prisioneros. Los prisioneros por motivos de religión eran bien vistos por la dirección de los campos, que los apreciaba como sirvientes sobre todo a los Testigos de Jehová por su buena conducta y sumisión (ante la voluntad incuestionable de Dios, que los había metido ahí.) Los  prisioneros políticos -de color rojo- eran especialmente respetados por los demás internos, aunque no por los oficiales del campo. Los criminales comunes, de color verde,  eran empleados a menudo por los vigilantes como chivatos o “kapos”, consiguiendo cierto poder entre los internos a través del miedo. Algunos se hicieron tristemente famosos. Los judíos pertenecían a los prisioneros mas despreciados y a menudo sufrían a manos de los demás reclusos. De los guardias es evidente. Al mismo nivel, o incluso peor que los judíos estaban los marcados con el color negro, el grupo de los asociales. Finalmente el color rosa indicaba el escalón más bajo de la jerarquía de los campos de concentración. Los homosexuales eran considerados como enfermos mentales por las autoridades nazis y además la homosexualidad no era muy bien vista por la sociedad de la época, por lo que sufrían desprecio y maltrato por parte de todos los demás prisioneros.

A través de este sistema de castas se facilitaba el control de los prisioneros por los vigilantes, ya que incluso podían dificultar la vida en el campo cambiando la marca del prisionero. Especialmente en las tres categorías más bajas —judíos, «asociales» y homosexuales— hay intentos documentados de prisioneros de conseguir otro triángulo. Muchos judíos afirmaban ser testigos de Jehová para conseguir una posición privilegiada. Esta jerarquía y categorización era utilizada como sistema de control para evitar la formación de una gran comunidad entre los prisioneros.  El sistema de marcado en los campos de concentración fue, desgraciadamente, una herramienta muy útil a la hora de controlar los miles de prisioneros de los campos, generando diferencias entre ellos, hasta privilegios, que fomentaban las envidias, el individualismo y en definitiva la desunión de miles de personas oprimidas y encerradas por un enemigo común…[1]

Enlace directo: El Holocausto

 

La Factoria Historica

 


[1] Churchill, Winston S. La Segunda Guerra Mundial. Barcelona: Planeta, 2004; Artola, Ricardo. La II Guerra Mundial. De Varsovia a Berlín. Madrid: Alianza, 1995; Dear, I.C.B. The Oxford Companion to World War II. Oxford: Oxford University Press, 1995; La guerra que había que ganar. Williamson Murray & Allan R. Millett. Crítica, 2002; Leguineche, Manuel. Los años de la infamia. Crónica de la II Guerra Mundial. Temas de Hoy, 1999; Michel, Henri. La Segunda Guerra Mundial. Akal; World War II. H.P. Willmott, Robin Cross & Charles Messenger, Dorling Kindersly, 2005; Historia de la Segunda Guerra Mundial. Basil H. Liddell Hart, Caralt, 2001; Enciclopedia del arte de la guerra. Antonio Martínez Teixidó & José Romero & José Luis Calvo. Barcelona: Planeta, 2001; The Great Crusade. A New Complete History of the Second World War. H.P. Willmott, Plimlico, 1992; Un mundo en armas. La Segunda Guerra Mundial: una visión de conjunto. Gerhard L. Weinberg, Grijalbo, 1995; The Times Atlas of the Second World War. John Keegan, Times Books, 1989; Hillgruber, Andreas. La Segunda Guerra Mundial. Objetivos de guerra y estrategia de las grandes potencias. Alianza, 1995.

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