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Vercingétorix

Según Estrabón, es probable que naciera en Gergovia, Auvernia, aunque también existe la posibilidad de que el líder galo naciera en Nemoso, ciudad arverna mencionada también por el geógrafo griego, «los arvernos se asientan en el Valle del Líger. Su capital es Nemoso, ubicada en su orilla», y cuya ubicación corresponde de una manera aproximada al emplazamiento de la moderna ciudad de Clermont-Ferrand. Recientes investigaciones arqueológicas revelan que la capital de los arvernos no estaba localizada en Clermont-Ferrand, sino en Corent; además, dichas investigaciones desvelan la existencia de una excepcional urbanización con un desarrollo policéntrico en la zona de Limaña. Los expertos han determinado que en la época de César coexistían el oppidum fortificado de Gergovia y la ciudad desarrollada de Corent…

Vercingétorix

Se desconoce su fecha de nacimiento, aunque se deduce de forma aproximada a partir de un extracto de los Comentarios de César. El general republicano hace referencia al futuro líder galo bajo el nombre de adulescens, término empleado en la Antigua Roma para designar a un hombre menor de treinta años. Determinados historiadores han establecido su fecha de nacimiento c. del año 80 a. C. Vercingétorix era hijo de Celtillos, líder de uno de los principales clanes arvernos. El pueblo arverno era una de las tribus más poderosas, con un territorio que se extendía desde el Languedoc hasta Narbona y hasta las fronteras de Massilia e imperaban sobre los pueblos establecidos hasta el Pirene, el Océano (Océano Atlántico) y el Rin.

Su padre fue asesinado por las familias aristocráticas arvernas, que trataban de restablecer su derecho al trono, abolido cuando los arvernos fueron derrotados por los generales romanos Cneo Domicio Ahenobarbo y Quinto Fabio Máximo Alobrógico (122 a. C.). Tras vencer en Orange a Bituito, rey de los arvernos, los romanos le mantuvieron bajo arresto domiciliario hasta su muerte en Alba Longa (Italia), e impusieron a su pueblo un nuevo régimen. El rechazo a la nueva dinastía pesaba tanto como el temor a quebrantar el tratado firmado con los romanos, fuente de seguridad y prosperidad para este pueblo durante sesenta años. Vercingétorix trató de aprovecharse de la difícil situación que experimentaba la República romana tras la derrota de Craso y la aniquilación de sus legiones por los partos en la Batalla de Carras (53 a. C.), así como del descontento experimentado por una Galia cansada de esta larga guerra. Traicionó el tratado con los romanos al reivindicar sus derechos dinásticos:

El resentimiento por la independencia perdida y la extenuación causada por el dominio romano crecían progresivamente, y cada vez más rápido, porque cada día este dominio se tornó más opresivo.

En el invierno de 53/52 a. C., los comerciantes romanos de Orleans fueron masacrados por los carnutes. Informado de esta noticia, Vercingétorix tomó el liderazgo de los arvernos y se puso a la cabeza del «partido antirromano». Sus apasionados discursos movilizaron contra los romanos a una Galia que les odiaba. A finales de 53 a. C. o principios de 52 a. C., los rebeldes lograron el apoyo de los aliados de los romanos. César escribe que la masacre de Orleans estuvo precedida por una serie de reuniones «en medio de los bosques»; identificado como el Bosque de los carnutes. El romano afirma que aquí se redactaron los términos del tratado a los que estaban sujetos los integrantes de la revuelta, aunque no nombra a ninguno de los galos presentes en esa reunión. C. Goudineau escribe que «se deben leer estas líneas con mucha cautela», ya que el escrito de César describe la conspiración de un modo similar a como lo hace Salustio con Catilina. Independientemente de ello, la rebelión de los carnutes supuso la salida a escena del que se convertiría en el más duro rival de César durante el conflicto. Sus reivindicaciones estaban basadas en una sólida posición política, similar a la que mantuvo su padre y, según César, reunió a sus clientes para que tomaran las armas.

Vercingétorix, hijo de Celtillos, arverno, hombre joven que estaba entre los más poderosos de su país, cuyo padre se había convertido en el mayor príncipe de toda la Galia, y que fue muerto por sus compatriotas porque aspiraba a la realeza, convocó a sus clientes y los amotinó fácilmente.

Vercingétorix tuvo que enfrentarse a la oligarquía arverna liderada por su tío paterno Gobanitio, probable responsable de la ejecución de su padre y de su expulsión de la capital. Vercingétorix fue expulsado de Gergovia, a lo que respondió iniciando el reclutamiento de tropas por toda la campiña. Después volvió algunos días más tarde, movilizando al pueblo y proclamándose como único comandante supremo. Aclamado rey por los arvernos, envió embajadores a todos los pueblos de la Galia. Según Robin, el vocabulario que emplea César a la hora de escribir sus Comentarios referente a la toma de poder es extremadamente connotado y es muy significativo para su lector romano: las palabras que elige, al tiempo que resultan muy familiares, implican en sus lectores unas determinadas reacciones: aunque se presenta a Vercingétorix como un hombre de considerable poder, en la frase en que se describe el apoyo que le brinda la población rural se emplean palabras a fin de desacreditarle a los ojos de los senadores romanos. César se vale de palabras similares a las que usa para calificar el apoyo a Catilina o Clodio. De ese modo, César rechaza cualquier legitimidad política presente en sus pretensiones, describiéndole como un hombre peligroso. A lo largo de este año, el líder arverno mostrará un auténtico talento militar y político al enfrentarse a uno de los más capaces estrategas romanos. Su estrategia se divide en dos fases como eran la implantación de una resistencia organizada con la capacidad de hostigar sin descanso a los efectivos romanos ubicados en su territorio. Vercingétorix se percató de la dependencia de suministros del ejército enemigo, y a fin de desestabilizarle dirigió una «táctica de tierra quemada» y el establecimiento de relaciones diplomáticas con la mayor parte de las tribus galas con el objetivo de unirlas contra el dominio romano.

En enero de 52 a. C. se enviaron una serie de embajadores a todos los pueblos galos a fin de que se estableciera una alianza nacional basada en la toma de rehenes. Trató de imponerse o neutralizar a los eduos, antaño aliados de los romanos. El cardurco Lucterios viajó a la provincia narbonesa a fin de convencer a los rutenos y a sus aliados para unirse a ellos contra los romanos, de modo que la Galia Narbonense quedaba directamente amenazada. El propio Vercingétorix negoció una alianza con los bituriges, miembros tradicionales de la confederación edua. En este momento la mayor parte de los pueblos del centro y el oeste de la Galia se habían unido contra el procónsul. Temiendo tener que enfrentarse a una insurrección generalizada, César interrumpió su estancia en la Cisalpina y, a finales de enero, se desplazó a Narbona a fin de restablecer la confianza. Con un audaz movimiento tomó la ruta del norte cruzando el puerto de Vivarais; tras atravesar el nevado Macizo Central, ubicado en pleno país arverno, logró alcanzar Agendico (Sens). A su llegada en febrero de aquel mismo año, disponía de seis legiones ociosas y de otras cuatro desplegadas en la fronteras trévera y germana para enfrentarse a los sediciosos. El líder arverno aplicó con éxito su estrategia; evitó la confrontación directa con los romanos, extenuando a las legiones y destruyendo su capacidad de abastecerse mediante el ejercicio de una «táctica de tierra quemada». Advirtiendo que César concentraba sus efectivos, reanudó la ofensiva al enfrentarse a los boyos, tribu aliada de los romanos y miembro de la confederación edua; de ese modo mostraba su determinación a acabar con el único pueblo galo que osaba resistírsele. Aunque sitió el oppidum de Gorgóbina el talento y habilidad estratégica de César permitió a los romanos beneficiarse del apoyo logístico de diversas tribus galas como los boyos, remos y eduos mediante la firma de pactos con aquellos que se mostraban reticentes a unirse a los sediciosos. Tras atravesar las devastadas tierras de Brie, César logró apoderarse de la ciudad de Cénabo; y el general republicano ordenó a sus legionarios incendiar la capital carnuta a fin de vengarse de las masivas ejecuciones que ordenó este pueblo a comienzos de la revuelta. Seguidamente traspasó el territorio de Sologne y asedió Avárico, aunque ordenó a sus soldados que no la destruyeran. César escribe que Vercingétorix abandonó la ciudad a pesar de que los bituriges deseaban preservarla. En base a los debates historiográficos surgidos en torno a esta cuestión, Christian Godineau estima que este asedio formaba parte de la táctica del líder de los sediciosos, quien querría derrotar a las legiones tras exponerlas a una guerra de desgaste en la que deberían enfrentarse a un largo asedio de una fortaleza reputadamente inexpugnable. Ese habría sido el motivo de que destruyeran aquellas que no fueron consideradas demasiado fáciles de conquistar. La estrategia habría resultado de no ser por la habilidad sitiadora de César, quien no vaciló a la hora de ordenar a sus hombres establecer un castrum, campamento militar, en pleno mes de marzo. El ejército republicano logró entrar en la ciudad a la semana del inicio del asedio. A su entrada, se exterminó a la población.

Vercingétorix, para completar los regimientos, pidió a cada ciudad cierto número de soldados, declarando cuántos y en qué día se debían presentar (…) Con tales disposiciones en breve quedó reemplazado lo perdido en Avárico. Entre tanto, Teutómato, hijo de Olovicón, rey de los nitióbroges, próximos a la moderna ciudad de Agen, cuyo padre mereció de nuestro Senado el nombre de amigo, con un grueso cuerpo de caballería y de mercenarios aquitanos se reunió con Vercingétorix.

Julio César, Comentarios a la guerra de las Galias, VII

Si bien la caída de Avárico supuso un duro revés para Vercingétorix, parte de su estrategia estaba teniendo éxito: las legiones padecían y, lo más importante, los aliados de Roma comenzaban a cambiar de bando. Lo más ominoso para los romanos era que sus aliados más fieles, los eduos, parecían a punto de unirse a los sediciosos. De hecho, Convictolitave alcanzó el poder en detrimento del «partido pro-romano» liderado por Coto. A la familia del primero pertenecía Dúmnorix, el vergobreto al que César había mandado asesinar en 55 a. C. En pocas semanas, los eduos se declararon aliados de Vercingétorix. La defección edua estuvo acompañada por una serie de revueltas protagonizadas por los otrora integrantes de su confederación. César se vio obligado a enviar a Tito Labieno al mando de dos legiones a fin de restablecer el orden en el territorio de los parisios y senones.

Vercingétorix remontó entonces la orilla oriental del Allier; César le persiguió por la orilla opuesta. Fiel a su táctica, el líder arverno se encerró en Gergovia, oppidum ubicado en las inmediaciones de Clermont-Ferrand. César afirma en sus Comentarios que se había cumplido su deseo de «abatir la vanidad gala así como de devolver el coraje a los suyos». Mientras que el comandante establece sus pérdidas en setecientos hombres, ciertos historiadores califican esta batalla como una derrota aplastante que supuso un importante revés para los intereses romanos en la zona. Plutarco afirma que todo iba bien «hasta el momento en que el pueblo eduo entró en guerra. Al unirse a los rebeldes, provocaron una profunda desazón en el ejército de César. Esa es la razón por la que levantó el campamento». Tras la derrota César tomó el camino del noroeste a fin de unirse a las tropas de Tito Labieno, que combatían con dureza a los senones. En este punto, la sedición se había extendido por la mayor parte del territorio galo. Vercingétorix logró revalidar su título como líder de los arvernos y obtuvo la alianza de los eduos. Con el objeto de terminar de consolidar su dominio, ordenó la invasión de las provincias del norte de Italia. No obstante, el ataque supuso un completo fracaso. En Bibracte, se impuso finalmente como líder de los galos sublevados. La mayor parte de las tribus galas se unían por primera vez en su historia. Probablemente quiso derrotar definitivamente a César, creyendo en su superioridad numérica, aunque la mitad de sus tropas potenciales estaban por llegar, que fueron las que constituyeron el contingente de reserva en Alesia. Julio César reagrupó sus tropas formando doce nuevas legiones, es decir, 50.000 soldados; sin embargo había perdido a todos los auxiliares galos. El comandante romano centró su atención en recuperar los territorios que le habían arrebatado los rebeldes; negándose a ceder posiciones, Vercingétorix envió a su caballería a combatir a César, al que se enfrentó a pocos kilómetros de Alesia. Los combates concluyeron con una victoria romana. Vercingétorix decidió reunir las fuerzas de que disponía, aproximadamente 80.000 soldados, en Alesia, el mayor oppidum de los mandubios. Se cursaron peticiones de ayuda a todos los aliados; con sus hombres, las tribus indígenas formaran el «ejército de socorro», formado por c. de 250.000 jinetes e infantes.

Mientras tanto, César desplegó a sus legiones en campamentos ubicados en torno a la fortaleza, y, a fin de poder sitiar el oppidum, ordenó la construcción de una enorme muralla doble que circunvalaba Alesia. La enorme estructura, que seguía el modelo que había empleado Publio Cornelio Escipión Emiliano en Numancia, suponía el bloqueo total de los sitiados; estos no podían salir en busca de alimentos, ni recibir el apoyo del ejército de socorro. Vercingétorix perdió la batalla tras cuarenta días de implacable asedio; sus tropas se estaban muriendo de hambre. Los refuerzos llegaron finalmente, y, liderados por los jefes mandubios y lemovices, lanzaron una serie de ataques sobre las sólidas defensas romanas. Aunque la situación de los romanos era desesperada no rompieron el sitio en ningún momento. El líder galo aceptó su derrota y solicitó parlamentar con César, al que ofreció su vida a cambio de los 53.000 supervivientes de Alesia. Desarmados, los sitiados salieron de la ciudad y fueron capturados por las legiones. La derrota en Alesia se basó en la superioridad logística y armamentística de los romanos, a la falta de entendimiento entre los diversos líderes galos, poco acostumbrados a luchar juntos, y sobre todo, a la demora del ejército de socorro. El resto de tribus continuarían resistiendo un poco más. Lucterio, el líder de los efectivos de refuerzo en Alesia, combatió a los romanos hasta que estos le cercaron en Uxeloduno (51 a. C.), otro inexpugnable oppidum. Cuando les derrotó, César amputó las manos a los supervivientes del asedio a fin de sembrar el terror entre el resto de pueblos galos. Julio César tomó a Vercingétorix como el trofeo de su larga campaña en la Galia que exhibiría en el triunfo que tenía pensado celebrar. Probablemente se le mantuvo prisionero en una celda de Tulliano, donde fue estrangulado en agosto de 46 a. C., año en que César celebró su triunfo sobre la Galia…[1]

La Factoria Historica


[1]Christian Amalvi, De l’art et la manière d’accommoder les héros de l’histoire de France: De Vercingétorix à la Révolution, Albin Michel, 1989, ISBN 978-2-226-03511-0; Georges Bordonove, Vercingétorix, avec lui commence véritablement l’histoire de la France, Pygmalion, 1997, ISBN 978-2-85704-514-4; Roger Caratini, Les grandes impostures de l’histoire de France, de Vercingétorix à Napoléon, Michel Lafon, 2004 ISBN 978-2-7499-0181-7; Suzanne Citron, Vercingétorix et l’idéologie française, éd. Imago, 1989; F. Corréard Vercingétorix ou la chute de l’indépendance gauloise, Hachette, 1888.; Alain Duval et al., Vercingétorix et Alésia, RMN, 1994, ISBN 978-2-7118-2789-3; Roger Facon, Jean-Marie Parent, Vercingétorix et les mystères gaulois, Robert Laffont, 1983, ISBN 978-2-221-01149-2; (en alemán) Rudolf Fellmann, Christian Goudineau, Vincent Guichard, Michel Redde, Henry Soulhoul, Caesar und Vercingetorix, Philipp von Zabern, 2000, ISBN 978-3-8053-2629-2; Ch. de Gailly de Taurines, Vercingétorix, Larousse, 1933; M. Gorce, Vercingétorix, chef des Gaulois, Payot, 1935; M. Gorce, Vercingétorix devant Gergovie, Le Minaret, 1942; Christian Goudineau, Le Dossier Vercingétorix, coedición Actes Sud/Errance, 2001, ISBN 978-2-742-73116-4; Cécile Guignard-Vanuxem, Vercingétorix, le défi des druides, Chaos, 1980 ISBN 978-2-909754-74-1; Cécile Guignard-Vanuxem, Vercingétorix, Cheminements, 2001, ISBN 978-2-914474-23-8; Jacques Harmand, Vercingétorix, Fayard, 1984 ISBN 2-213-01368-3; Camille Jullian, Vercingétorix, 1901 y reedición con P.-M. Duval, 1977, ISBN 978-2-235-00329-2; Héron de Villefosse, Vercingétorix, Gründ, 1955, ASIN B0000DTP9W; Venceslas Kruta, Vercingétorix, Flammarion, 2003, ISBN 978-2-08-012623-8; André Le Bey, L’Initiation de Vercingétorix, Albin Michel, 1926 ASIN B0000DL7Y5; Anne de Leseleuc, Vercingétorix ou l’épopée des rois gaulois, L’archipel, 2001, ISBN 978-2-84187-250-3; Anne de Leseleuc, Vercingétorix, le dernier roi gaulois, Livres en gros caractères, 2001, ISBN 978-2-7444-0543-3; Serge Lewuillon, 52 avant JC, Vercingétorix à Alésia, ed. Complexe, 1999, ISBN 978-2-87027-712-1; Jean Markale, Vercingétorix, Hachette, 1982, ISBN 978-2-01-008692-9; Paul-Marius Martin, Vercingétorix : le politique, le stratège, Perrin, 2000, 260 páginas, ISBN 978-2-262-01691-7; Pierre Miquel, Histoire de France: de Vercingétorix à De Gaulle, Marabout, 1996, ISBN 978-2-501-00894-5; F. Monnier, Vercingétorix et l’indépendance, Didier, 1875; Philippe Pétain, De Vercingétorix à Pétain, 1942 ASIN B0000DUWJ2;  Jean-Jacques Rochard, Vercingétorix le Gaulois, La Table ronde, 1967, ISBN 978-2-7103-1724

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