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La historia de Abraham

La historia de Abraham está relatada en el libro del Génesis, desde el capítulo 11, versículo 26 al capítulo 25, versículo 18. Según la Biblia, debió de nacer en Ur de Caldea. Se cree que estuvo en la desembocadura del río Éufrates, según algunos autores hacia el siglo XV a. C. Murió en Hebrón y fue enterrado junto con su mujer y el resto de su familia, que se llamaban Sara, Isaac, Jacob, Rebeca y Lía. Según la Biblia, Taré, décima generación descendiente de Noé a través de Sem, engendró a Abraham, Nacor y Harán. Harán engendró a Lot sobrino de Abraham. Harán o Haram falleció en su ciudad natal, Ur Casdim. Abraham se casó con Sarai, la cual era su medio hermana por parte de padre y era estéril. Taré o Teraj, con sus hijos supervivientes y sus familias, marcharon entonces a Canán, pero se asentaron en Jarán actualmente Harrán, en la Siria mesopotámica, donde Terarttrej murió a los doscientos cinco años de edad. Tras la muerte de (Taré) Teraj, según relata el Génesis capítulo 12, cuando Abraham tenía setenta y cinco años de edad, Dios Jehová o Yahvé le ordenó salir de su tierra y que fuera «al país que yo te indicaré», donde Abraham se convertirá en un gran pueblo. De manera que Abraham emigró desde Jarán con Sara y Lot y sus seguidores y rebaños, y viajaron hasta Canán, Canaán en arameo, donde, en el encinar de Siquem, el Señor le dio tierra a él y su posterioridad. Allí Abraham construyó un altar al Señor y siguió viajando hacia el sur hacía el desierto de Neguev..

La historia de Abraham

Coincide hacia esa época la migración de numerosos pueblos tribales desde el sur del Cáucaso hacia la Europa occidental. Según restos arqueológicos, era habitual en esa época el modo de vida nómada, basado en la ganadería trashumante, tal como se describe la de Abraham. También son de esa época algunas tradiciones descritas en el libro del Génesis, capítulo 15, versículo 3, donde se hace referencia asimismo a algunas leyes del código de Hammurabi (Génesis 16:2-6). En esa época, la Biblia relata que se desata una gran hambruna sobre la faz de la tierra (Gen:12:10). Abraham baja desde Neguev a Egipto (Gn 12: 10). Y es aquí donde aparentemente Abraham se da cuenta que su esposa Sara es hermosa ante los ojos de los hombres. Una vez allí los príncipes de Egipto codician a Sara. Abraham le dice a Sara que diga que es su hermana de lo contrario podría ser asesinado (Gen 12: 10-20). Faraón, no se especifica, intenta tomar a Sara pero es maldecido y este ordena a Abraham, Sara y su séquito que se vayan de Egipto. La segunda vez, es con Abimelec. El gobernante en cuestión, Abimelec, se siente atraído por la esposa de Abraham, Sarai/Sarah e intenta casarse con ella. Como en la ocasión anterior, quienes la pretenden son maldecidos y descubiertos por el Señor y el gobernante termina dando a Abraham gran riqueza a cambio de que se retire. Este relato es de tradición yavista, siglo IX a. C., tiene paralelismo en una tercera historia, de Isaac y Rebeca, que se narra en Gn 26. El esquema teológico es el mismo: la astucia del personaje bíblico y la providencia de Yahvé, siempre fiel a su promesa, traen la prosperidad en medio de las dificultades.

En Génesis 14, Melquisedec es rey de Salem y Sumo Sacerdote. En el Libro a los Hebreos escrito al parecer por el apóstol Pablo, se aclara y profundiza, que el nuevo sacerdocio de los creyentes en Cristo dejará de ser el judío (aarónico) y será al estilo simbólico de Melquisedec, quién apareciéndosele a Abraham (HEBREOS 7:1,3) y participando del pan y del vino en aquel encuentro transcendental (Génesis 14:14, este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote de Dios Altísimo, salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien así mismo dio Abraham los diezmos de todo. Melquisedec significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Es de Considerar, pues, cuán grande era éste, Melquisedec, a quien aún Abraham el patriarca dio diezmos del botín. En el relato del libro de Génesis, Lot no aparece en el encuentro con Melquisedec. Con esta ministración, Abraham refuerza su relación con Dios quien le bendice de sobremanera. Algunas personas creen que Melquisedec es una Cristofanía, pero el libro de los Hebreos al parecer hace una especie de analogía entre el pan y el vino que dio Melquisedec a Abraham con el ritual instituido por Jesús de Nazaret en la última cena. A esto se añade que el Cristianismo primitivo era ajeno a las castas sacerdotales hebreas, quienes lo veían como una herejía, por lo tanto, los primeros sacerdotes cristianos no podían derivar de la casta sacerdotal hebrea, así que no tenían linaje, sin padre ni madre como Melquisedec.

Melquisedec es visto por algunas versiones del Cristianismo, debido al pan y al vino que dio a Abraham, como una especie de sacerdote profeta que ejecutó por primera vez el mandato del Mesias que llegaría muchos siglos después. Bajo esta tradición, Melquisedec fue el primer sacerdote cristiano, por ello el sacerdocio cristiano recibe por nombre Sacerdocio de Melquisedec. Tras el período pasado en Egipto, Abraham, Sarai y su sobrino Lot, regresaron a Hai en Canán. Allí vivieron durante algún tiempo, incrementándose sus rebaños, hasta que surgió la discordia entre los pastores de Abraham y los de Lot. Abraham entonces propuso a Lot que se separaran, permitiendo a Lot que eligiera en primer lugar. Lot escogió la fértil tierra al este del río Jordán y cerca de Sodoma y Gomorra, mientras que Abraham vivió en Canán, trasladándose al encinar de Mambré, cerca de Hebrón, donde construyó un altar al Señor. Después de esto, una fuerza invasora desde la Mesopotamia septentrional, dirigida por Codorlaomor, rey de Elam, atacó y sometió a las ciudades de la llanura, forzándolas a pagar tributo. Después de doce años, estas ciudades se rebelaron. Al año siguiente, Codorlaomor y sus aliados regresaron, derrotando a las rebeldes y tomando muchos cautivos, entre ellos Lot. Abraham reunió a sus hombres y persiguió a los invasores, derrotándolos cerca de Damasco. A su regreso se encuentra con el rey de Salem, Melquisedec, quien lo bendice. El rey de Sodoma le ofrece a Abraham el diezmo de los bienes recuperados como recompensa, pero Abraham lo rechaza, de manera que el rey de Sodoma no pudiera decir «Yo he enriquecido a Abraham». Durante esta época, Sara, al ser estéril, ofreció a su esclava, Agar a Abraham. Agar concibe pronto. Sarai, celosa, trata a Agar duramente, forzándola a huir. Cuando está en el desierto, el Señor se aparece a Agar (Gn 16:7) y le dice que vuelva, pero prometiéndole que su hijo también será el padre de una «muchedumbre». Su hijo se llamó Ismael, considerado el padre de los ismaelitas, beduinos nómadas. Cuando Abraham tiene noventa y nueve años de edad, el Señor se le aparece de nuevo y confirma su pacto con él: Sarai dará a luz a un hijo que será llamado Isaac y la casa de Abraham deberá, a partir de entonces, circuncidarse. Entonces le dice que no se llamará Abram sino Abraham y, dirigiéndose a Sarai, le dice que ya no se llamará así más, sino que su nombre será Sara. Finalmente, y en cuanto a Ismael, dice que engendrará doce príncipes, que se convertirán en una gran nación. En el capítulo 18 se narra la «aparición en Mambré»: Yavé se aparece a Abraham junto al encinar de Mambré, acompañado por dos ángeles, los tres en forma humana. Acoge a estos huéspedes en su casa y en la comida uno de ellos le reitera que Sara tendrá un hijo de ahí en un año. Se marchan de ahí en dirección a Sodoma, en compañía de Abraham. Éste intercede ante Yavé diciendo que no destruya a toda la ciudad por un puñado de pecadores. Así pide que no la destruya si encuentra primero cincuenta, luego cuarenta y cinco, después cuarenta, treinta, veinte y así hasta diez hombres justos dentro de la ciudad. En cada una de las ocasiones, Yavé le responde que si los encuentra, perdonará a todo el lugar en consideración a ellos.

Los dos ángeles fueron a Sodoma, donde los recibe Lot en su casa. Pronto se reúne una multitud alrededor de la casa de Lot, exigiéndole que les entregue a los dos hombres de manera que puedan abusar de ellos. Lot les ofrece a sus hijas, pero los hombres de la ciudad le siguen presionando hasta que los ángeles los hirieron de ceguera. Por la mañana, le dicen a Lot que huya y que no mire hacia atrás mientras las ciudades son destruidas. Sin embargo, su esposa desobedece y queda convertida en una estatua de sal. Después de estos acontecimientos, Abraham, que habita como forastero en Guerar, hace un pacto con el rey Abimelec. Es entonces cuando nace Isaac, de su esposa Sara, estéril hasta avanzada edad, el cual es considerado el único heredero (Cf. Gén. 17,19; 21,10-12), el cual fue padre de Esaú y Jacob (Israel). Un rasgo recurrente de la historia de Abraham son los convenios entre él y Dios, que se reiteran y reafirman varias veces. Cuando a Abraham se le dice que abandone la ciudad de Ur Casdim, el Señor promete «Yo haré de ti un gran pueblo». Después de separarse de Lot, Dios reaparece y promete darle, a él y su descendencia, «Toda la tierra que tú ves» y que multiplicaría su posteridad «como el polvo de la tierra». Después de la batalla en el valle de Sidim, el Señor aparece y confirma la promesa. Más tarde, se profetiza que «tus descendientes morarán como extranjeros en una tierra extraña, en la que serán esclavos y se verán oprimidos durante cuatrocientos años». Abraham hace un sacrificio y acepta el pacto y Yahvé declara: «A tu descendencia doy esta tierra, desde el torrente de Egipto hasta el gran río, el Éufrates; al quineo, al quineceo, al cadmoneo, al jeveo, al fereceo, a los refaim, al amorreo, al cananeo, al guerguesco y al jebuseo». Este pacto se refiere a la descendencia de Abraham a través de su hijo Isaac. El pacto no pasaría, sin embargo, a todos los descendientes de Isaac, sino que de Isaac el pacto se transmitió sucesivamente a Jacob, José y Efraím, de manera que mientras se profetizaba que el Mesías provendría de Judá, hijo de Jacob, esto es el pueblo judío, el derecho de nacimiento de muchas naciones permanecieron con Efraím, hijo de José. Sin embargo, los efraimitas fueron derrotados por los asirios en el año 722 a. C. y dispersados por todo el Imperio Asirio, de manera que su identidad moderna se ha perdido. Muchos grupos han intentado reclamar esta identidad; sin embargo, la mayor parte de estos grupos están en América, Gran Bretaña y Australia, lugares que no se corresponden con las especificadas en el pacto con Abraham. Cuando Abraham tenía noventa y nueve años de edad, el Señor se le aparece de nuevo para confirmar el pacto y le dice que cambie su nombre de Abram por el de Abraham. Ordena a Abraham, además, que circuncide a todos los varones de su casa como señal del convenio.

El personaje de Abraham es conocido por el relato del sacrificio de su hijo Isaac a Dios (Génesis 22:1-19). Algún tiempo después del nacimiento de Isaac, el Señor ordenó a Abraham que le ofreciera a su hijo en sacrificio en la región de Moriah. Según la exégesis, este relato parece justificar o enfatizar el abandono de la práctica cananea de sacrificar al primogénito. Se tiene la creencia de que Isaac era un niño cuando Dios pidió a Abraham que sacrificara a su primogénito. Esto es así, ya que la palabra usada en la Biblia para muchacho es נַעַר (náar) en el Génesis 22:12; que se refiere a un muchacho en la edad de la infancia o adolescencia. El patriarca viajó durante tres días hasta que encontró el túmulo que Dios le mostró. Ordenó al siervo que esperara mientras que él e Isaac subían solos a la montaña, Isaac llevando la leña en la que sería sacrificado. A lo largo del camino, Isaac pregunta una y otra vez a Abraham dónde estaba el animal para el holocausto. Abraham respondía que el Señor proporcionaría uno. Justo cuando Abraham iba a sacrificar a su hijo, se lo impidió un ángel y en ese lugar le dio un carnero que sacrificó en lugar de su hijo. Así se dice, «El monte de Yavé provee». Como recompensa por su obediencia recibió otra promesa de una numerosa descendencia y prosperidad. Después de este acontecimiento, Abraham no volvió a Hebrón, campamento de Sara, sino que en su lugar fue a Beerseba, al campamento de Quetura y es a Beerseba a donde el siervo de Abraham llevó a Rebeca, sobrina segunda de Isaac por parte de padre que se convirtió en su esposa. Sara murió a los ciento veintisiete años de edad y fue enterrada en la caverna de los Patriarcas cerca de Hebrón, que Abraham había comprado a Efrón el jeteo, junto con el campo adyacente. Abraham, recordando por este hecho, probablemente, su propia ancianidad, y la consecuente incertidumbre de su vida, procura asegurar una alianza entre Isaac y una rama femenina de su propia familia. Su siervo, tradicionalmente identificado con Eliezer, fue enviado entonces a Mesopotamia, para encontrar entre la parentela de Abraham a una mujer para su hijo Isaac. Eliezer marchó a realizar el encargo con prudencia, y regresó con Rebeca, hija de Batuel, nieta de Najor, y, en consecuencia, sobrina-nieta de Abraham y sobrina segunda de Isaac. Muchos comentaristas bíblicos creen que Rebeca era aún una niña cuando se casó con Isaac, mientras que Isaac tenía cuarenta años.

Abraham vivió bastante tiempo después de estos acontecimientos. Tras la muerte de Sara, tomó otra esposa, una concubina llamada Quetura de la que tuvo seis hijos, Zamrán, Jocsán, Medán, Madián, Jesboc y Sue. Abraham murió a los ciento setenta y cinco años de edad. La leyenda judía dice que iba a vivir ciento ochenta años, pero que Dios a propósito acabó con su vida porque sintió que Abraham no necesitaba pasar por el dolor de ver los perversos hechos de su nieto Esaú. Fue enterrado por sus hijos Isaac de unos setenta y seis años de edad e Ismael de unos ochenta y nueve años, en la caverna de los Patriarcas también conocida como la caverna de Macpela, que es donde había depositado los restos de su amada Sara…[1]

Enlace directo: El judaísmo

Ver también: Abraham y Moisés. La Historia de Yahvé, el judaísmo

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[1]BAROUKH, Elie y LEMBERG, David. Enciclopedia práctica del judaísmo. Colección “Nueva Luz”. Teià: Ediciones Robinbook, 09/1995. ISBN 84-7927-141-8 e ISBN 978-84-7927-141-1; DE LANGE, N. R. M. Judaísmo. Barcelona: Riopiedras Ediciones, 05/1996. ISBN 84-7213-132-7 e ISBN 978-84-7213-132-3. También en Madrid: Akal Cambridge, 20/11/2003. ISBN 978-84-8323-122-7, y 19/12/2006. ISBN 978-84-460-2598-6; GALBIATI, Enrico … [et al.]. Exilio, retorno y judaísmo. Colección “La Biblia: Historia de un pueblo”. Boadilla del Monte: Ediciones SM, 08/1985. ISBN 84-348-1683-0 e ISBN 978-84-348-1683-1; LAENEN, J. H. La mística judía. Una introducción. Traducción de Xabier Pikaza. Colección: Estructuras y Procesos. Religión. Madrid: Editorial Trotta, 2006. ISBN 978-84-8164-744-0; MAIER, Johann y SCHÄFER, Peter. Diccionario de judaísmo. Estella: Editorial Verbo Divino, 02/1996. ISBN 84-8169-058-9 e ISBN 978-84-8169-058-3; MATE, Reyes y FORSTER, Ricardo. Colaboradores José Antonio Zamora, Esther Cohen, Joaquín Lomba Fuentes, Esther Shabot Askenazi, Angelina Muñiz-Huberman, Daniel Lvovich, Ernesto Bohoslavsky, Gonzalo Álvarez Chillida, Adrián Julio Jmelnizky, Mauricio Pilatowsky. El judaísmo en Iberoamérica. Colección: Enciclopedia Iberoamericana de Religiones 6. Madrid: Editorial Trotta, 2007. ISBN 978-84-8164-909-3; MATZLIAH MELAMED, Meir. El judaísmo. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 08/1981. ISBN 84-00-04914-4 e ISBN 978-84-00-04914-0; SCHOPEN, Edmund. Historia del judaísmo en Oriente y Occidente. Alcoy: Editorial Marfil, S.A., 01/1970. ISBN 84-268-0146-3 e ISBN 978-84-268-0146-3; TREBOLLE BARRERA, Julio. El judaísmo moderno. Boadilla del Monte: Ediciones SM. ISBN 84-348-5216-0 e ISBN 978-84-348-5216-7. (Tercer volumen de la obra Diálogo interreligioso, ISBN 84-348-5226-8 e ISBN 978-84-348-5226-6).


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