Inicio » Àmbit Geogràfic » La Primera Guerra Mundial: La Paz Armada ( Parte I )

La Primera Guerra Mundial: La Paz Armada ( Parte I )

Era finales del siglo XIX cuando el Reino Unido dominaba el mundo tecnológico, financiero, económico y sobre todo político. Alemania y Estados Unidos le disputaban el predominio industrial y comercial. Durante la segunda mitad del siglo XIX y los inicios del siglo XX se produjo el reparto de África a excepción de Liberia y Etiopía y Asia Meridional, así como el gradual aumento de la presencia europea en China, estado en franca decadencia, se producía una paz tensa a la que todos llamarían…

La Primera Guerra Mundial: La Paz Armada

Parte I

Reino Unido y Francia, las dos principales potencias coloniales, se enfrentaron en 1898 y 1899 en el denominado incidente de Faschoda, en Sudán, nombre con el que se conocieron los episodios que tuvieron lugar en 1898 cuando Francia y Reino Unido decidieron construir sendas líneas de comunicaciones destinadas a conectar sus respectivas colonias africanas de manera ininterrumpida. Francia ansiaba conectar sus colonias por una línea terrestre continua a lo largo de África del Norte, cruzando el Desierto del Sáhara y uniendo el puerto de Yibuti, posesión de Francia a orillas del Océano Índico, con los puertos de Brazaville y Duala, posesiones francesas a orillas del Océano Atlántico. Por su parte, el Reino Unido deseaba realizar el proyecto de Cecil Rhodes, la Carretera Panafricana, y construir una línea continua de posesiones coloniales británicas desde Egipto hasta Sudáfrica, o “De El Cabo hasta El Cairo”, como se comentaba en los círculos británicos más expansionistas. El rápido ascenso del Imperio alemán fue el que hizo que los dos países se unieran a través de la Entente cordiale, que fue la denominación de un tratado de no agresión y regulación de la expansión colonial, ratificado mediante una serie de acuerdos firmados entre el Reino Unido y Francia el 8 de abril de 1904. Alemania, que solamente poseía colonias en Camerún, Namibia, África Oriental, algunas islas del Pacífico, las Islas Salomón, y enclaves comerciales en China, empezó a pretender más a medida que aumentaba su poderío militar y económico posterior a su unificación en 1871. Una desacertada diplomacia por su parte fue aislando al Reich, que sólo podía contar con la alianza incondicional del Imperio austrohúngaro. Por otro lado, Estados Unidos y, en menor medida, el Imperio ruso controlaban vastos territorios, unidos por largas líneas férreas como era el ferrocarril Atlántico-Pacífico y Transiberiano, respectivamente.

Francia deseaba con todas sus fuerzas la revancha de la derrota sufrida frente a Prusia en la Guerra Franco-prusiana que fue un conflicto que tuvo lugar desde julio de 1870 hasta mayo de 1871. El desencadenante principal de dicho conflicto había sido el famoso telegrama de Ems que era el documento que Guillermo I de Alemania envió a Bismarck, considerado el fundador del estado alemán moderno, la noche del 13 de julio de 1870 tras la reunión informal que mantuvo con el embajador francés en Prusia, Vincent Graf Benedetti, acerca de la retirada de la candidatura del príncipe Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, hijo de Carlos Antonio, al trono real de España. La publicación de este telegrama instigó como hemos mencionado la “casus belli” de la guerra Franco-Prusiana, que comenzó el 19 de julio de 1870. Este conflicto bélico resultó en realidad una guerra franco-alemana debido a que se aliaron a Prusia todos los Estados alemanes conforme a los planes de Bismarck. Precisamente, después de esta circunstancial alianza militar se produjo la unión total política de Alemania. Mientras París estaba asediado, los príncipes alemanes habían proclamado el Imperio, el llamado Segundo Reich que durante sus 47 años de existencia surgió como una de las economías industriales más poderosas de la Tierra y una gran potencia europea siendo los estados fronterizos más importantes el Imperio ruso en el este, Francia en el oeste y el Imperio austrohúngaro, un estado europeo nacido en 1867 tras el Compromiso Austrohúngaro que reconocía al Reino de Hungría como una entidad autónoma dentro del Imperio austríaco que a partir de ese momento sería denominado Imperio austrohúngaro, situado en el sur.

En el Palacio de Versalles proclamaron su Imperio, el Segundo Reich,  lo que significó una clara ofensa para los franceses. Una de las consecuencias fue la Tercera República francesa que surgió debido al vacío de poder creado al ser derrotado Napoleón III en la derrota en la Batalla de Sedán durante la Guerra Franco-Prusiana, terminando de esta manera el Segundo Imperio, vencido por Prusia, después de 18 años de existencia, la que provocó la pérdida de Alsacia, que era una región de Francia situada al este del país, en la frontera con Alemania y Suiza, y Lorena que era una región de Francia situada al noreste del país, que pasaron a ser parte del nuevo Reich germánico las que provocaron un gran dolor nacional en Francia. Las generaciones francesas de finales del siglo XIX, sobre todo el Ejército, crecieron con la idea de vengar la afrenta recuperando esos territorios y se puede comprobar ya que en 1914 sólo hubo un 1% de desertores en el ejército francés, en comparación con el 30% de 1870, los lazos entre el pueblo francés y el país era más que evidente. Mientras tanto al este, los países de los Balcanes liberados del Imperio otomano, el enfermo de Europa, fueron objeto de rivalidad entre las grandes potencias. Turquía, que se hundía lentamente, no poseía en Europa, hacia 1914, más que Estambul, la antigua Constantinopla. Todos los jóvenes países nacidos de su descomposición, entre ellos Grecia, Bulgaria, Rumanía, Serbia, Montenegro y Albania, buscaron expandirse a costa de sus vecinos, lo que llevó a dos conflictos entre 1910 y 1913, conocidos como Guerras Balcánicas que fueron ocurridas en el sureste de Europa. Las Guerras supusieron las expulsión definitiva del Imperio otomano de la península de los Balcanes salvo en el extremo oriental de Tracia, el establecimiento de fronteras casi definitivas que perduraron salvo breves intervalos durante las Guerras Mundiales y el nacimiento de Albania como estado independiente. No resolvieron, sin embargo, las disputas territoriales entre los países balcánicos, manteniendo Bulgaria sus deseos de alcanzar las fronteras del Tratado de San Stefano y siendo los territorios de Macedonia, Tracia y Dobruja objeto de competencia…

Pero no adelantemos acontecimientos ya que tiempo antes, en aquellos años entre 1910 y  1913 impulsados por esta situación caótica, los dos enemigos seculares del Imperio Otomano, estado multiétnico y multiconfesional gobernado por los osmanlíes  que habían regido el Imperio turco otomano desde 1281 hasta 1923, comenzando con Osmán I,  continuaron su política tradicional de avanzar hacia Estambul y los Estrechos. El Imperio Austrohúngaro por otro lado deseaba proseguir su expansión en el valle del Danubio hasta el mar Negro, sometiendo a los pueblos eslavos. El Imperio Ruso, denominación que se le da a Rusia entre 1721 y 1917, que estaba ligado histórica y culturalmente a los eslavos de los Balcanes, de confesión ortodoxa, que ya les había brindado su apoyo en el pasado, se contaba con ellos también entonces como aliados naturales en su política de acceder a puertos de aguas calientes. Como resultado de estas tensiones, se crearon vastos sistemas de alianzas a partir de 1882 como fueron  por un lado La Triple Entente que fue una coalición conformada por la alianza franco-rusa de 1871, la Entente Cordiale franco-británica de 1903 y el acuerdo anglo-ruso de 1907. La nueva potencia mundial, Alemania, gobernada por Guillermo II, en 1890 consiguió que tres potencias que tenían importantes diferencias entre sí, Francia, Reino Unido y el Imperio ruso, se aproximaran y terminaran por coaligarse como la Aliada Mayor Nacionalista para hacer frente a la Triple Alianza del Imperio alemán, Imperio austrohúngaro e Italia. En 1907, no nos hallamos aún ante una alianza en sentido estricto, ya que los británicos, en especial, trataron de mantenerse libres de obligaciones, sin embargo, las sucesivas crisis que fueron jalonando el camino hacia la I Guerra mundial fueron haciendo cada vez más sólida la Entente y las obligaciones fueron difíciles de esquivar ya que la crisis definitiva del verano de 1914 demostró el funcionamiento de la alianza y su influencia al terminar implicando en el conflicto a las tres potencias signatarias. Y por otro lado la existencia de La Triple Alianza que era el nombre que recibió la coalición inicialmente integrada por el Imperio Alemán y el Imperio austrohúngaro por iniciativa de Otto von Bismarck, a la que posteriormente se uniría Italia, aunque también se invitó al Imperio ruso a formar parte de ella provocaba que las alianzas tuvieran que actuar sin división alguna ya que tenían un objetivo y un enemigo común en su entender, eran las alianzas una política bélica basadas en el miedo, un auge de la violencia…

Cuando Rusia unió fuerzas con el Reino Unido y Francia para formar la Triple Entente, Alemania y Austria-Hungría buscaron al Reino de Italia como reemplazo en 1887, por lo que los integrantes de esta coalición pasaron a ser conocidos como los “imperios centrales”, en alusión a su situación geopolítica en Europa. Tras optar inicialmente por Austria-Hungría, y ante la imposibilidad de mantener a la vez una alianza con Viena y San Petersburgo, enfrentados en los Balcanes, Bismarck encontró en el Reino de Italia el esperado aliado contra Francia. A todo este período que hemos ido detallando se le conoce como Paz armada, ya que Europa estaba destinando a cuantiosas cantidades de recursos en armamentos, los países se posicionaban política y militarmente, pero sin embargo, no había guerra, aunque se sabía que ésta, en el fondo, era inminente…[1]

Enlace directo: La Primera Guerra Mundial: Los detonantes de la gran guerra (Parte II)

La Factoria Historica


[1] “Francia aún no está preparada para el combate; Inglaterra vive atormentada por dificultades interiores y coloniales. Rusia teme mucho la guerra, porque tiene miedo de una revolución interior. Vamos a esperar que nuestros adversarios estén dispuestos o debemos aprovecharnos del momento favorable para provocar la decisión He aquí la difícil cuestión que se trata de resolver. El ejército austríaco es todavía fiel y útil; Italia está todavía fuertemente comprometida con la Triple Alianza e incluso si prefiere aún, por el momento, el mantenimiento de la paz, para curar las heridas de la última guerra, sabe sin embargo muy bien, que si Alemania es derrotada, ella será entregada sin remedio a la violencia de Francia y de Inglaterra y perderá su posición independiente en el Mediterráneo; se mantendrían, pues, hoy por hoy fielmente a nuestro lado. Podemos, igualmente, contar llegado el caso, con Turquía y Rumania. Tenemos así todas las de gana podríamos dirigir los mandos de la política europea, mediante una ofensiva decidida, y podríamos asegurar nuestro porvenir. Esto no quiere decir que debamos provocar la guerra, pero allí donde se produzca un conflicto de intereses (…) no deberíamos retroceder, sino hacerlo depender de la guerra y comenzar ésta por una ofensiva resuelta; poco importa el pretexto, pues no es de esto de lo que se trata, sino de todo nuestro porvenir, que está en juego. Artículo publicado en Die Post, diario pangermanista, el 24 de febrero de 1914.”

 

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

IDIOMA

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 4.715 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: