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El juego de Pelota

Llamado este juego pok-ta-pok por los mayas durante la dominación española fue prohibido por el inquisidor Tomás de Torquemada, aunque sin desaparecer nunca del todo. Se jugaba con una pelota maciza de hule, material sacado de la savia de los árboles, que era muy elástica. Por su parte, el pok-ta-pok, maya, o tlachtli, para los Aztecas, aún sigue siendo practicado en México y Guatemala, como una forma del folklore regional. En la cultura azteca los vencedores recibían premios: plumas preciosas, mantas labradas, bragueros y joyas preciosas. En la cultura Maya por su parte existía un capitán por equipo que llevaba plumas de Quetzal, ave del paraíso, como símbolo de jerarquía, era más que un juego, era un ritual…

El juego de Pelota

El juego de pelota fue un juego ritual cuya práctica se extendió a lo largo de los tres mil años de historia precolombina mesoamericana, en todas las culturas de la región, e incluso en sitios oasis americanos como Paquimé y algunos de la cultura Fremont. Aunque las implicaciones rituales del juego de pelota desaparecieron con la conquista española, el ulama y la pelota mixteca eran juegos parecidos que podrían ser una derivación del propio y antiguo juego de pelota. El término ulama viene de la palabra ulli, hule, y maitl, mano. Aunque la mano no se usaba para jugar, sí para la elaboración de la pelota de hule. La materia prima del hule es el látex, que se extrae del Castilla elástica, árbol originario de las tierras bajas tropicales americanas. Es un líquido blanco y pegajoso que se vuelve muy quebradizo al secarse, pero, mezclado con el jugo de una enredadera conocida como dondiego, Ipomoea alba, adquiere elasticidad y maleabilidad. El ulli o caucho que se usaba en las pelotas fue una aportación americana que revolucionó el deporte en Europa..

En Chichén Itzá se encuentra el campo más grande de todo Mesoamérica. Sus medidas son 550 pies de largo. Los campos del juego eran construidos en forma de una “I” mayúscula con dos muros uniformes de 25 pies de alto que formaban los lados. En la entrada o salida si el balón pasaba de las paredes del lado, se consideraba fuera de lugar. Las paredes estaban cubiertas de enjarre, también el suelo. Las paredes tenían dibujos de dioses y demonios mayas. En la parte más alta se encontraban dos aros, uno en cada pared. El padre dominicano Diego Durán quien vivió en la Nueva España entre los años 1545 al 1588 describió los campos de esta manera. La altura de las paredes eran entre ocho y once pies de alto, extendiéndose por el alrededor. Por las costumbres salvajes, plantaban palmas y árboles que soltaban semilla roja, cual madera era suave y ligera, las paredes de alrededor eran decoradas con murales o estatuas de piedra. Los campos de juegos se llenaban de arena cuando jugaban los reyes. En los últimos años han descubierto numerosos campos que, en la mayoría de los casos, duplica y hasta triplica el número de campos conocidos hace 20 años. De hecho, en 1981 se habían registrado 651 campos y a la fecha ya se conocen 1500. Las más importantes se localizan en los estados de Puebla, Morelos, Yucatán, Chiapas, Veracruz, Estado de México, Chihuahua y Durango.

Había una motivación para jugar que la puramente lúdica. Los mayas por ejemplo jugaban porque era una recreación de su historia respecto a la creación del universo. En el Popol Vuh conocido como la Biblia Maya, los dioses gemelos bajan al infierno para jugar el juego de pelota contra los demonios. Ellos bajan porque quieren recoger los huesos de la gente, para crear una nueva raza de humanos. Los gemelos ganan el partido y los demonios les dan los huesos. Según la leyenda así es como los mayas fueron creados. El juego de pelota para los mayas era el símbolo de la vida, muerte y reencarnación, ya que en ocasiones el equipo perdedor entregaba su vida a los dioses, en memoria de la decapitación de Hun Hunapú, padre de Hunahpú e Ixbalanque, según relata el propio  Popol Vuh. En las escenas del juego con frecuencia se representa cuerdas y lazos sosteniendo la cabeza de Hunahpú, el gemelo creador, que identifica, expresa y percibe. A la vez la cuerda sugiere continuidad; la cabeza se convierte en árbol y fecunda con su saliva a la virgen del inframundo. …[1]

La simbología puede ser igualmente distinta en cada caso, no existe un motivo igual. En general El juego de pelota simbolizaba la lucha de contrarios. Las representaciones de plantas, árboles y figuras esqueléticas lo vinculan con la fertilidad, el sostenimiento del cosmos a través del sacrificio, la vida y la muerte. El campo es una herida en la tierra que representa una entrada al inframundo. La mayoría de los campos se encuentran en lugares bajos como Uxmal, Yucatán, o bajo el nivel de otros edificios. Para terminar con la sequía, había que bajar a enfrentarse con el inframundo. Así, la posibilidad de fertilidad dependía de este ritual. Los motivos que acompañan a las representaciones del juego de pelota como serpientes, cocodrilos, sapos, tortugas, caracoles, mariposas, jaguares, ninfeas, lirios acuáticos, y daturas, como el toloache, estaban asociados a las ceremonias del juego.  La sangre se convertía en serpientes o plantas. La mariposa sintetizaba la transformación, porque de larva se convertía en un ser volador. El sapo, la tortuga y el cocodrilo son animales que viven en el agua y en la tierra. El jaguar es un excelente nadador que además complementa su alimentación con tortugas y peces. Las ninfeas se asociaban con el agua, por eso aparece en la boca de Tláloc, dios de la lluvia. La ninfea es una planta alucinógena, por lo que se deduce que utilizaban alteradores de la conciencia para acceder a una realidad diferente. El juego representaba un acceso al inframundo y, al mismo tiempo, la posibilidad del renacimiento. El Ollin, es el símbolo del movimiento, surgía de una armonía dual en la unidad de los opuestos en la cancha. Es el equilibrio que el hombre busca y encuentra en la naturaleza y todas sus manifestaciones. El símbolo Ollin es la manifestación gráfica más clara del mundo prehispánico, equivalente al símbolo chino, ying-yang, que unifica los opuestos, el bien y el mal…

La Factoria Historica


[1] Heyden,Doris (1975). Pre-Columbian Architecture of Mesoamerica. New York: H.N. Abrams; “Crónica de América”; Editorial Plaza&Janes, 1990

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