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La Guerra Cristera

Luego de la revolución mexicana, en la constitución de 1917 se concentraron los proyectos ideológicos del país. Ahí se expresó el liderazgo social que pretendía el Estado. La Iglesia católica en México era la única institución social para contrarrestarlo, debido a que contaba con la estructura necesaria y la proyección para lograrlo. Las disposiciones anticlericales se venían estableciendo desde la constitución de 1857; más sin embargo, fue hasta la de 1917, en la que se decretó un laicismo obligatorio, cuando la Iglesia se sintió más afectada, puesto que sus principios se consideraron contrarios a las verdades proclamadas por Jesucristo…

 La Guerra Cristera

Por Martha Patricia Acosta Gallardo

Días después de haber publicado las reformas constitucionales durante las fiestas del Papa Pío IV celebradas en las Cd. De Querétaro, el 5 de febrero de 1917, la Iglesia protestó y dijo no estar de acuerdo con los artículos que le excluían del poder y sobre todo del 130, que la limitaba en cuanto a que era el Estado quien le designaba el número de sacerdotes convenientes para ejercer el culto religioso, y obligarle a excluir a los sacerdotes extranjeros del mismo e inscribirles en la secretaría de gobernación.

 

Las pugnas iniciales se dieron en el terreno de lo sindical, los grupos católicos se enfrentaron a los de la CROM y a los Anarquistas. Los primeros debatían ideológicamente, mientras que los segundos mediante apoyos gubernamentales que otorgaban a trabajadores obreros iban ganando espacios sociales de poder. La secularización del país se fue dando como un proceso, de tal modo que al llegar Plutarco Elías Calles a la presidencia de la República, monopolizó el poder con el pretexto de modernizarlo. Se propuso eliminar a la Iglesia católica y juzgó que era conveniente enfrentarla, y el recurso para acabar con esa influencia del clero a la que le llamó retrógrada, significó según lo señala Soledad Loaeza, una lucha entre la modernidad y la tradición, entre el cambio y las inercias sociales, situación que provocó la guerra cristera.

En 1926 dieron inicio los enfrentamientos de los grupos católicos en contra de las disposiciones emprendidas, sobre todo por lo que provocaba el laicismo en la sociedad. Fue el artículo 130 el detonante principal. Calles señaló que: “la Iglesia era el único adversario político de la revolución mexicana, cuya derrota era la condición para establecer el nuevo régimen político del país”.

En México se compartía el mismo catolicismo, más sin embargo, las clases sociales que se sintieron afectadas por las acciones implementadas, no tenían las mismas oportunidades para profesarlo, razón por lo cual la participación de estas fueron desiguales. De tal manera que mientras grupos campesinos realizaban enfrentamientos armados, para contrarrestar los actos que se ejecutaban buscando lograr los cambios que favorecían la libertad del culto religioso, los grupos de clase alta y media procedían a través de arreglos de tipo cívico, sus demandas eran no sólo la libertad del culto religioso, sino que la educación no estuviera totalmente en manos del estado. Las clases pobres se sintieron inmersas en la desesperación al ver morir a los suyos sin confesión y a sus hijos sin bautismo. Viviendo su movimiento como una cruzada en busca de satisfacer sus necesidades religiosas. Los enfrentamientos nunca fueron igual en las ciudades ni en las zonas rurales, mientras que con unos se negociaba, con los otros se movilizaban las fuerzas del gobierno para contrarrestarlos.

El fracaso de la rebelión cristera y el período de persecución que le siguió marcó el fin temporal del predominio de las corrientes intransigentes que a lo largo de los años previos habían disputado el control de las masas a los regímenes  revolucionarios. Si la guerra cristera simbolizó el fracaso de la rebelión armada frente a la imposición del modelo de la revolución mexicana, significó también el predominio de la corriente conciliadora o pragmática de la Iglesia. Ello implicó, por lo tanto, un cambio de estrategia hacia una menor presencia eclesial en el terreno social y político.

Jean Meyer.

La guerra cristera tomó fuerza de 1927 a 1929 en la región centro occidente del país, abarcando ciudades como Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Zacatecas y Querétaro. Más sin embargo también se comprobó que en regiones del norte del país como Bacum en Sonora, Concepción del Oro en Zacatecas, así como en Parras y Saltillo Coah. Se dieron insurrecciones.

La Factoria Historica

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